El discreto encanto del neutralismo

Año 5. Edición número 209. Domingo 20 de mayo de 2012

La actividad de la delegación argentina presidida por Cristina Fernández de Kirchner en Angola fue la rúbrica que actualiza la formación y el desarrollo del Estado nacional en los antiguos países colonizados.
Como se sabe, la formación del Estado Nación en Europa fue la respuesta que dio el capitalismo a su vertiginoso crecimiento industrial durante los siglos 18 y 19.
En América, en cambio, fue la necesidad de juntar fuerzas políticas y económicas en función de las necesidades de las colonias liberadas del yugo colonialista. Y esta fue la diferencia y la constante durante dos siglos de vida.
En este marco histórico la Argentina consolida la relación Sur-Sur desde la integración latinoamericana. Así, los nuevos paradigmas alumbran un nuevo mundo rescatando su primer origen libertario.
En tanto, la contraofensiva de cartón pintado lanzada por las fuerzas más reaccionarias busca horadar la credibilidad de Cristina en los sectores medios.
Que “hay caída del consumo”, que “hay fuga de dólares”, que la mar en coche. Todo vale para erosionar la confianza y seguir dividiendo para reinar. Es una vieja treta del parasitismo neoliberal. No es casual que en un puñado de días concurran a este propósito desestabilizador las fuerzas de choque de los patrones rurales frente a la Legislatura bonaerense, el abandono de Mauricio Macri a su obligación de gobernar y el ataque patético del Grupo Clarín queriendo preguntar por qué no pueden mojar desde hace nueve años como poder corporativo que son. Es fuerte la contraofensiva mediática, con un poder de daño que busca impactar en el imaginario del sentido común de la sociedad.
En Angola, la Presidenta y su comitiva estaban más cerca de La Matanza y de Caballito que lo que estaba Macri desde la Recoleta.
Una imagen fiel de la relación de fuerzas en la política argentina fue que pese a la balacera del viejo poder desalmado, el Gobierno salió a abrir rutas de intercambio comercial con el continente africano y dejó el bastón de mando a otra mujer del proyecto: la senadora Beatriz Rojkes. El mundo nuevo se hace con mujeres bailando y gobernando al mismo tiempo.
Los tambores esta vez no llaman a la guerra sino a la alegría.
El mundo viejo sigue en caída libre y las fuerzas locales de la reacción anhelan desesperadamente que la Argentina sea parte del colapso universal para no quedar afuera de ese mundo y así cobrarle al maldito kirchnerismo todas las cuentas pendientes. Ese poder colonial, colonizado y colonizante sólo crece en la desgracia de los pueblos. Por eso buscará astillar, corroer y desplazar la confianza pública en el modelo inclusivo. Para esos tipos, “lo que mata es la esperanza”.
La estrategia elegida es jugar por líneas interiores del proyecto de cambio. Zarandean el tablero de la paciencia colectiva con Macri y con Biolcati, pero saben que su poder de fuego sólo resultará exitoso si recuperan para sus filas a algún barón político o sindical del peronismo y logran que la clase media, o un sector de la misma, empiece a trastabillar con su clásico neutralismo, con el “no te metas” y con la teoría de los dos demonios, versión “Clarín versus el gobierno”.
La actitud compasiva que expresan algunos analistas políticos para con aquellos que se declaran “neutrales” en la batalla entre el proyecto de país inclusivo que lidera Cristina y el país exclusivo de Magnetto y la cría de los genocidas, es una actitud clasista y paternalista. Con todo respeto.
Históricamente, las clases medias acostumbraron a perdonarse todas las agachadas. Hoy por ti, mañana por mí. Esa pequeña burguesía es autoindulgente consigo misma, aunque vaya al analista con su mochila culposa. Se arroga la facultad de comprenderlo todo, de “dejar hacer, dejar pasar” y que está siempre “todo bien”.
En una actitud distinta, los morochos y las morochas, aunque sean castañas, rubias o pelirrojas, que se cargan la historia al hombro y salen tempranito a campo traviesa a bancar el proyecto nacional, popular y democrático, dan la vida si es preciso cuando la patria los convoca. Y hoy sienten que la patria los convoca.
Ellos no son neutrales en ninguna patriada. Por eso no cultivan el fino arte de elogiar al que se cree superior con sólo enunciar que “no estoy ni con uno ni con otro”.
Otra cosa distinta es el respeto democrático que nos debemos todos. Convencidos, dudosos o neutrales. Pero ser tolerantes y respetuosos, virtudes de una sociedad democrática, no debería llevarnos a negar el valor de la jubilada que se trenza en un debate con otra jubilada por defender al Gobierno que más derechos les reparó. Ni tampoco igualar alegremente al pibe descomprometido con aquel otro que se juega con su temprana militancia, con sus convicciones, con el alma, con el cuerpo y con su propia mística.
No son todos iguales. El sujeto neutral se especializa en abrir grietas para que todo dé igual. Jugarse o no jugarse, es igual.
En esta instancia de la historia los pueblos aumentan su caudal transformador; no lo debilitan, lo fortalecen. Este caudal está en la génesis de los movimientos populares.
Y es así porque no se juega la suerte individual de las personas, solamente; ni la suerte de un partido. Se juega la suerte de un país. Y allí no hay tutía.
A veces, por ser tan generosos y dadivosos con los que nunca se juegan, se termina por ser injustos y se debilita la moral de los que sí creen y se la juegan.
A diferencia de otras etapas, el kirchnerismo como movimiento político, no depende de las corporaciones de ningún signo; ni empresariales, ni sindicales, ni mediáticas, ni eclesiásticas. Por lo tanto, todos somos llamados a ser pedagogos de esta causa. Acertando o errando. Pero jugándonos. Algunos dirigentes podrán no compartirlo y enojarse con el gobierno, amigándose con los pavos reales del Grupo Clarín; les guste o no, los trabajadores se identifican con Cristina y con sus políticas de inclusión social.
Esos trabajadores y los jóvenes son los sujetos principales de un kirchnerismo que reescribe la historia de un líder, un pueblo y una causa colectiva.

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