El espíritu imperial británico

Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
A vuelo de pájaro. Los británicos han convertido a Malvinas en una fortaleza blindada.

La presencia de submarinos nucleares en los que el Reino Unido considera sus “territorios de ultramar” no es algo nuevo. El espíritu imperial británico sigue presente en pleno siglo XXI, estén en el poder los tradicionalistas tories, los demócratas liberales o los laboristas.
España ha tenido también varias fricciones con el Reino Unido a raíz de la presencia de submarinos nucleares británicos en el Peñón de Gibraltar, el estratégico enclave ubicado en el extremo sur del Mar Mediterráneo, en el estrecho que separa las costas españolas de las marroquíes, territorio en disputa desde el siglo XIX. Reino Unido ocupa el pequeño pero valioso territorio, cuenta con un gobernador y en su base naval no sólo atracan y se reparan submarinos nucleares británicos sino también de EE.UU.
A pesar de que tanto Reino Unido como España pertenecen a la Otan y por lo tanto comparten maniobras y acciones militares, el conflicto de Gibraltar sigue irresuelto después de décadas de negociaciones bilaterales y en el marco de Naciones Unidas.
Mientras que para los británicos de a pie es impensable la devolución a España de Gibraltar –lugar de veraneo a dos horas de Londres–, una reciente encuesta del Daily Telegraph reconocía que el 57% de la población no mostraba ningún interés por las Malvinas y que no les importaría que fueran devueltas a Argentina.
Pero su gobierno y sus empresas petroleras y pesqueras no piensan lo mismo y por ello han descubierto después de siglos “el derecho de autodeterminación” de sus habitantes y se han preocupado cada vez más por su “seguridad”.
El Reino Unido ha ido dotando a las Malvinas de cada vez más medios militares.
Las British Forces South Atlantic Islands, con bases en Mount Pleasant, cerca de Puerto Stanley, comprenden tanto fuerzas del Ejército Británico (RBA), de la Real Fuerza Aérea (RAF), como de la Armada Real (RN), todos ellos dirigidos por el comandante de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur (Cbfsai).
Como detalla el propio sitio web oficial de las Fuerzas Armadas británicas en Las Malvinas (http://web.archive.org/web/20060611135125/http://www.army.mod.uk/equipment/index.htm), el ejército, con cerca de 500 efectivos, cuenta con sofisticado armamento individual, piezas de artillería pesada, carros de combate, lanchas de asalto y de desembarco, seis tipos de helicópteros, medios para la guerra química y bacteriológica y unidades de vigilancia electrónica.
La base de la RAF, por su parte, puede albergar aviones Lockheed Tristar; Eurofighter Typhoon, (reabastecimiento aéreo para los cazas); C130 Hércules (abastecimiento y transportes de cargas) y helicópteros del 78º Escuadrón Aéreo.
En cuanto a la Royal Navy, cuenta con la presencia constante de fragatas o destructores que se relevan cada seis meses, los más habituales de los cuales son los destructores 42HMS Edinburgh y HMS Southampton y los buques de vigilancia HMS Dumbarton Castle y HMS Clyde. La Royal Navy tiene igualmente submarinos de ataque, como el HMS Swiftsure y el HMS Trafalgar, con capacidad para transportar misiles crucero BGM-109 Tomahawk de un alcance de 1.500 millas. Existen igualmente en las islas una Unidad Conjunta de Comunicaciones (UJC) y una Fuerza Conjunta de Reacción Rápida de prevención, planificación y acción de las tres armas.

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Otras notas

  • La Argentina ha manifestado preocupación por la posible presencia de armas nucleares del Reino Unido en el Atlántico Sur como consecuencia de información proveniente de Londres que indica que submarinos británicos habrían sido desplazados, de manera permanente o temporaria, a las aguas circundantes a las Islas Malvinas. Es de esperar que no sea el caso.

  • La actitud militarista del Reino Unido pone en jaque el esfuerzo y la flexibilidad de España por una solución diplomática sobre el Peñón de Gibraltar. Dos ejemplos recientes reflejan las intenciones de Londres. Uno ha sido la pretensión de avanzar sobre las aguas circundantes al Peñón en violación al Tratado de Ultrecht que reconoce la soberanía de España sobre las tres millas náuticas que rodean a la colonia. Otro, los ejercicios militares desarrollados en Gibraltar por el Reino Unido con seis aviones tornado F-3. Ambos casos marcan un perfil.

  • A mediados de marzo, el contraalmirante Sir John Forster Woodward , responsable de la Fuerza de Tareas británica que hace 30 años derrotó a los argentinos, disparó una salva de munición gruesa contra el gobierno de David Cameron: Sir Woodward –que es conocido como Sandy– declaró al diario Sunday Telegraph que “debido a los recortes en el presupuesto de defensa, Gran Bretaña no podría recuperar hoy las islas Malvinas”.

  • Lejos de ser una efeméride del pasado, el conflicto sobre Malvinas tiene una dramática actualidad porque el Reino Unido repite aún hoy su modelo de expansión neocolonial. En principio, Inglaterra redobló en los últimos años su negativa a negociar la soberanía territorial sobre las Islas después de que técnicos británicos confirmarán en 60 mil millones de barriles de petróleo las reservas de crudo existentes en dichos archipiélagos. De esa manera, Londres entendió y entiende que el conflicto ganado en el año 1982 derivó en una plaza importante para consolidar su seguridad energética.

  • Desde 1833 y después de desalojar por la fuerza a la población argentina residente en Malvinas, el gobierno de Inglaterra comenzó a enviar ciudadanos británicos en su reemplazo, llegando a constituir en 1901 una población de 2.043 habitantes, cifra que un año más tarde alcanzaba los 2.295 habitantes y que, paradójicamente, en 1962 descendió a 2.172 habitantes británicos, siendo en la actualidad de 3.140, según datos recientes.
    Si tomamos, por ejemplo, la evolución demográfica de la Argentina, encontramos que en 1901 la población era de cinco millones de habitantes, que en 1962 ascendió a

  • La vieja potencia colonialista británica que siglos atrás dominaba vastos territorios de los cinco continentes, se niega a morir. No es ni la sombra de lo que fue en el siglo XVIII, en el XIX e incluso hasta mediados del siglo XX, pero sus herederos del siglo XXI se resisten a perder los últimos bastiones.