Hay universidades, Fuerzas Armadas y municipios que fabrican medicamentos”, dice el sanitarista José Carlos Escudero, entrevistado el miércoles pasado en el programa Hoy más que nunca, de Radio Nacional. “Con una pequeña inversión adicional, el Estado podría fabricar muchísimos más remedios a un precio más bajo que la industria comercial y –aunque no me crea– con mejores controles farmacológicos.”
Escudero es miembro del consejo académico de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la UBA. Recibido en esa universidad, se convirtió en referente en cuestiones de sanidad pública. Desde 1987 es un educador de excepción desde su cátedra de la Universidad de Luján. Antes, estuvo exiliado en Suecia y trabajó en la Organización Mundial de la Salud en Ginebra. Junto con colegas de gran relevancia profesional –Mario Rovere, Donato Spaccavento, Daniel Capponi, Guillermo Reyna y otros– la semana pasada firmó una solicitada titulada “Salud para Todos o Salud para Pocos”.
En ese documento, los sanitaristas reivindican para el país un Sistema Integrado de Salud, donde el Estado regule y sea el garante “de una salud universal, gratuita, integradora, capaz de redireccionar inversiones, modificar intervenciones y disminuir inequidades, desintegraciones e ineficiencias.”
–¿El pensamiento de los sanitaristas o las políticas públicas pueden estar mediatizados por los lobbies de los laboratorios? ¿Ése es un riesgo a la hora de elegir a los directivos de las obras sociales o a los funcionarios públicos?
–Es una pregunta muy relevante. El sector salud es donde los capitalistas obtienen más beneficios de toda la economía. Si usted es capitalista gana más plata invirtiendo en salud que en energía, o incluso en armamentos. Si usted es capitalista y controla medios de comunicación, puede hacer terrorismo epidemiológico, puede moldear la subjetividad de la gente diciendo que se viene una plaga o una peste y que compren lo que ellos venden. Esto hace mucho daño a la salud colectiva, que debería moverse por el concepto de que hay que atender a la población según sus necesidades, de manera gratuita a través de las rentas generales del Estado. Ése es el legado histórico de Ramón Carrillo y de Floreal Ferrara. Claro que si lo hace se tiene que pelear con una enorme cantidad de lobbies.
–¿Los sanitaristas de la solicitada tienen acceso a ser escuchados por las comisiones de Salud del Congreso?
–Las Comisiones de Salud, tanto en Diputados como en Senadores, son una forma de bicicletear proyectos. Hay que hablar con ellas pero también hay que movilizar a la sociedad civil para que tenga claro que la buena salud es la desmercantilizada. Sólo por el hecho de defender el derecho de ciudadanía, que debe ser regulado y practicado por el Estado. Defendiendo estas líneas estratégicas, se le puede torcer la mano a lobbies fuertes, como se demostró con la Ley de Medios. Con la Ley de Matrimonio Igualitario se demostró que la sociedad civil está muy por delante de la sociedad política.
–En las páginas deportivas de todos los diarios del miércoles pasado, hay fotos del plantel de Boca Juniors aplicándose la vacuna antigripal. En alguna de las notas opina la jefa de marketing de un laboratorio. ¿Eso está bien? ¿Ayuda que se vea a Riquelme poniéndose una vacuna?
–Con esa pregunta, usted abre una caja de Pandora. Si entra en internet puede pasarse 24 horas leyendo sobre vacuna antigripal. Lo que queda clarito en este momento es que la gran alarma sobre la gripe porcina del otro año fue una cosa totalmente exagerada. Ahora está quedando clarito que el papel de la OMS ha sido muy deslucido, porque muchos de sus asesores técnicos tenían vínculos económicos con los vendedores de vacunas y de antivirales para luchar contra la gripe. Eso revela cómo está tejida la trama de intereses económicos entre expertos y organismos internacionales. En la Argentina, cuando vino la gripe porcina y la gran alarma mediática, aparecieron 1.000 millones de pesos de la noche a la mañana para combatirla. No está mal, pero habría que gastarlos como prioridad en dar atención gratuita a los niños de la Argentina, porque tenemos 18 muertes infantiles evitables todos los días. Esas muertes no aparecen en los medios.
–¿Tenemos que saber la diferencia entre un genérico y un producto de laboratorio, una farmacia y otra? ¿Qué me dice de los mal llamados “visitadores médicos”, que en realidad son visitadores de médicos?
–Una pequeñísima anécdota. En Estados Unidos, que tiene el peor sistema de salud del planeta –porque es caro, ineficiente y corrupto–, está aumentando mucho la gente que trabaja en Salud. Son “visitadores médicos”. Estados Unidos se está latinoamericanizando en el peor sentido. Toda esa gente trabaja en los seguros privados de salud para ver si uno tiene derecho a recibir prestaciones o no en función de un mecanismo basado en el lucro. Lo primero que tenemos que saber es que en el planeta la buena salud es la gratuita, dada por el Estado como derecho de ciudadanía a la que todos tienen acceso. Hay un enorme mensaje mediático que hace que la gente compre lo que ve de la industria a través de los medios, que no es la mejor opción.
–La vacuna antigripal, ¿me la doy o no me la doy?
–En Europa, en general, se dejó de dar. Yo no soy infectólogo pero tendría muchas dudas… Toda vacuna tiene alguna contraindicación. La venta mediática de vacunas es la nueva forma de ganar plata por el capitalismo. Lo mismo se aplica a la vacuna contra el cáncer de cuello de útero. Se vacuna a la gente pero se le deja de hacer Papanicolau, que es universal y gratuito para toda la población y para todas las patologías femeninas de cuello de útero, no sólo de cáncer de cuello. El capitalismo quiere vender mercancías, la mercancía-vacuna le da mucha más plata que la no mercancía-Atención Primaria de Salud Preventiva, dada por el Estado y por un funcionario público que, además, cobra poca plata.
–¿En qué consiste el plan Remediar? ¿Quiénes trabajan? ¿Gente que realmente cuida el dinero del Estado o trabaja diciendo “bueno, vamos a ver de qué manera el laboratorio tal puede vendernos algo”?
–La buena noticia es que ha colocado los elementos al alcance de la población. Hay varias malas noticias. Primero, el programa Remediar son préstamos internacionales, es deuda externa que hay que pagar. Enfatiza el medicamento genérico, lo cual es irrelevante, no tiene importancia, debería enfatizar el medicamento esencial, que es el que sirve farmacológicamente. Remediar fue una buena solución ante la crisis de 2002, pero ahora debería reemplazarse por la fabricación estatal de medicamentos. Hay universidades, Fuerzas Armadas y municipios que fabrican medicamentos.Con una pequeña inversión adicional el Estado podría fabricar muchísimos más remedios a un precio más bajo que la industria comercial y –aunque no me crea– con mejores controles farmacológicos.
