El fantasma de Stroessner planea sobre Paraguay

Año 5. Edición número 216. Domingo 8 de julio de 2012

Cuando apenas si ha pasado una quincena del golpe de Estado parlamentario contra Fernando Lugo, en Paraguay lo que domina entre la gente de a pie es un sentimiento de desconcierto, en paralelo a la orgía celebratoria a que se han dado los sepultureros de los cambios iniciados cuatro años atrás. “Volvió la Triple Alianza” (de Argentina, Brasil y Uruguay), “los mismos que provocaron el genocidio paraguayo entre 1865 y 1870”, el Mercosur es enemigo de Paraguay y está en manos de bolivarianos, chavistas, zurdos, rojos, bolches, estalinistas, marxistas, fidelistas, violentos, asesinos, izquierda caviar, entreguistas, vendepatrias, se puede leer en medios cercanos al gobierno de Federico Franco.
El lenguaje propio de la época de la dictadura de Alfredo Stroessner ha vuelto a adueñarse de la prensa paraguaya. Desde los primeros pasos dados por el nuevo presidente y su equipo, hay evidencias notables del accionar de los factores de poder que provocaron el golpe, empezando por el copamiento acelerado de cargos en la administración estatal, la apertura a los capitales trasnacionales y las facilidades de intervención que ya se están ofreciendo a Estados Unidos. Algunos diputados han comenzado incluso a hablar de la “necesidad” de instalar una base militar estadounidense en el país. Tal el caso de legisladores de la Unace, el partido del ex general golpista Lino Oviedo, que hasta propuso una ubicación para la base: en el Chaco, en la frontera con Bolivia, a relativamente poca distancia de los territorios de Argentina, Brasil y Venezuela.
A medida que van pasando los días van quedando en claro quiénes son los beneficiados por el golpe: las trasnacionales del agronegocio, por un lado, y algunos políticos, muchos de ellos ligados a ellas, por el otro.
Entre los políticos que han salido ganando con la caída de Lugo figura en primer lugar el colorado Horacio Cartes. Cartes es uno de los más fuertes empresarios del país, y en Estados Unidos fue investigado tiempo atrás por encabezar una cadena delictiva en la región, vinculada entre otras cosas al narcotráfico, según consta en comunicaciones internas del Departamento de Estado (una de ellas de noviembre de 2011) reveladas por WikiLeaks. Cartes es terrateniente, sojero, como su correligionario Blas Riquelme, dueño de más de 70 mil hectáreas en la zona de Curuguaty. Fue en los predios fiscales que Riquelme se apropió sin que se sepa muy bien cómo durante el régimen militar (no tiene títulos), y que fueron ocupados en junio por campesinos sin tierra, que se produjo la matanza de 11 ocupantes y seis policías a fines del mes pasado que dio pie al “golpe parlamentario” contra Lugo. Cartes y Riquelme acusaron a Lugo de “fomentar la lucha de clases” por haber apoyado en su momento a los sin tierra, y no estuvieron lejos de respaldar a otro terrateniente que hace algunos años propuso a sus pares de la Asociación Rural crear grupos paramilitares de defensa ante las ocupaciones de tierra y la acción de una extraña guerrilla.
Cartes parece haber sido blanqueado en Estados Unidos. Hace poco anduvo por allí, montando empresas y reuniéndose con influyentes banqueros y políticos. También buscando apoyos financieros para aplastar la competencia interna en su partido en vistas de las elecciones de 2013.
Es en el tema del ingreso irrestricto de capitales extranjeros donde con más nitidez se ha expresado el nuevo gobierno. Todos los integrantes del gabinete han dado su respaldo al desembarco de la megaempresa de aluminio Río Tinto Alcam, cuyo representante en Paraguay es el abogado Diego Zabala, actual viceministro de Industria. Río Tinto había tenido ciertas dificultades para operar bajo el gobierno de Lugo. Las movilizaciones de resistencia al régimen de Franco han sido débiles: los trabajadores de la televisión pública y campesinos protagonizaron las más importantes. Pero las fuerzas progresistas están dispersas. No hubo acumulación política en estos cuatro años, y las conducciones de las distintas formaciones de la atomizada izquierda están impugnadas por sus bases, lo que agrava la impotencia de no saber qué hacer ni con quién caminar al lado.

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