Cuando Mauricio Macri decidió redoblar la apuesta y pedir su juicio político quedó expuesto a dos de sus peores temores: la política y sus propios diputados. “He analizado todas las situaciones y creo que, en el marco constitucional e institucional que tenemos, es lo que da mayor transparencia. Por eso, confiando plenamente en mis legisladores, les he pedido abrir el juicio político sobre los delitos que se me acusan”, dijo el jefe de Gobierno. Fue hace cinco días y se lo veía demacrado. No era para menos, sus palabras estaban preñadas de temor por dos razones: el hijo de Franco no tolera discusiones que superen la media hora, desconfía de buena parte de sus colaboradores y sabe que los 24 diputados que tiene están peleados entre sí. Quizá por eso todavía está tan preocupado. La apuesta del pedido de juicio político para que “se sepa toda la verdad” encierra una de las debilidades más íntimas del macrismo: la indiferencia que siempre le dedicó Mauricio a la Legislatura y a sus diputados.
En ese contexto empezó a funcionar la contraofensiva del PRO para retomar la iniciativa perdida. El caos comenzó hace diez días cuando los jueces Jorge Ballestero, Eduardo Freiler y Eduardo Farah de la Sala I de la Cámara Federal confirmaron, por voto unánime, el procesamiento de Macri como “partícipe necesario” de una asociación ilícita dedicada espiar dentro del gobierno porteño. En ese momento y con el jefe de Gobierno en el Caribe, el primer golpe fue desesperado. Horacio Rodríguez Larreta juntó a todo el gabinete y a sus principales representantes en la Legislatura y el Congreso. Gabriela Michetti, visiblemente nerviosa, dijo que el fallo “era un mamarracho” y el diputado Federico Pinedo apuntó al ex presidente Néstor Kirchner, luego de reconocer que todavía no había leído todo el fallo que pocos minutos antes había defenestrado.
A los gritos. Esa puesta en escena terminó a los gritos en la intimidad de las oficinas del primer piso de Bolívar. Es que los dirigentes del PRO cometieron dos errores que compusieron la coreografía de una ola de rumores que hoy ponen en duda la unidad de los diputados que tienen la orden de defender a su jefe a cualquier costo. El primero ocurrió con Cristian Ritondo, presidente del bloque PRO. Nadie lo invitó a la conferencia de prensa para defender a Macri en ausencia. Al día siguiente, dijo que tenía problemas con su familia, que debía cumplir con sus hijos y partió raudo hacia Disneylandia. El otro desacierto dejó en evidencia que al interior del imaginario político del macrismo, la Legislatura no está a pocos metros del gobierno porteño, sino a kilómetros. A diferencia de Ritondo, Oscar Moscariello sí fue invitado, pero terminó relegado a un tercer plano en la primera conferencia de prensa de autodefensa a pesar de ser el hombre que sucedería a Macri en caso de destitución o suspensión.
Moscariello pocas veces habla con la prensa y sostiene una fidelidad imperturbable hacia Macri, pero luego del desaire su molestia habría protagonizado los gritos que se escucharon en el viejo palacio municipal. Faltaba menos de un día para la sesión especial convocada para analizar la situación del jefe de Gobierno y los ánimos estaban muy caldeados entre los 24 diputados macristas. En tiempos de crisis las ausencias son más dolorosas y ésa fue la sensación de los diputados más importantes del bloque PRO ante el viaje de Cristian Ritondo. Según el reglamento, antes de toda sesión debe haber una reunión de labor parlamentaria que define el temario que votarán los diputados. Habitualmente van los presidentes de los 13 bloques que existen dentro del cuerpo. Pero ese martes, con el sabor amargo del procesamiento y la preocupación por la sesión especial, el macrismo volvió a mostrar sus fracturas en público. El lugar que siempre ocupaba Cristian Ritondo fue reemplazado por los michettistas Martín Borrelli y Helio Rebot, quienes ingresaron a la reunión escoltados por el radical PRO Martín Ocampo, por Fernando De Andreis, mano derecha del secretario general Marcos Peña, y por Oscar Moscariello, presidente de la casa.
Para los testigos de la escena, se trató de un “verdadero papelón” que evidenció las fracturas internas de los diputados PRO y la bronca del bloque por la ausencia de Ritondo, que luego de esa sesión tuvo que desmentir versiones de alejamiento, aunque al cierre de esta edición todavía vacaciona en Miami mientras sus compañeros, algunos con poca experiencia en la negociación, se desgañitan para abrir puentes de negociación con todas las fuerzas políticas de la Legislatura.
Todo tiene su precio. El martes pasado, a pesar del mal trago y del papelón de reemplazar el lugar de Ritondo con cinco diputados, el macrismo impidió la aprobación de todas las iniciativas. Al día siguiente, la noticia del freno a una comisión investigadora dañó en la tapa de los diarios el discurso previo sobre la presunta inocencia del jefe de Gobierno. Amargado, de mal humor y estresado, Macri llamó a los principales integrantes de su desvencijado bloque para anunciarles su decisión de someterse al juicio político. Curiosamente el macrismo demoró en digerir la medida, especialmente porque el jefe del PRO no se lo consultó a nadie y se lanzó al vacío. Cree tener una red que lo sostendrá, pero su entramado tiene roturas cada vez mayores. El viernes, dos diputados del PRO confirmaron que la diputada María Eugenia Rodríguez Araya, de licencia por maternidad, ya no pertenece al bloque. Pero lo dicen con alivio, ya que temían una sangría seguida por Jorge Garayalde, Marta Varela y Diana Martínez Barrios.
Los tres salieron a desmentir la movida, pero nadie descarta nuevos alejamientos. Mientras tanto Ritondo sigue de vacaciones en Miami. El mismo destino que eligió el ex diputado Juan Manuel Olmos para llevar a su familia. El hombre, presidente del Partido Justicialista porteño, tiene una muy buena relación con Ritondo, quizás el más ninguneado por el macrismo hasta que le hizo falta. Aunque parece que ya es tarde, alrededor de Mauricio sugieren que “todo tiene su precio”. Se disponen ahora a jugar a “todo o nada”, a quebrar cualquier voluntad, al precio que sea.
