Pedir perdón y de rodillas, fue lo único que les faltó exigirle a parte de sus correligionarios, cobistas, y aliados de la Coalición Cívica. El atroz y condenable episodio que protagonizó Ricardo Alfonsín y que le costó ser tildado casi de traidor, fue aparecer el jueves pasado junto a la Presidenta en la inauguración de una fábrica de bloques de cemento en Chascomus, terruño de los Alfonsín. Allí se mostró junto a los ministros de Interior, Florencio Randazzo; de Planificación, Julio De Vido, entre otros. Pero la presencia de Alfonsín obedecía a una razón ineludible: la entrega de una placa en homenaje a su padre, el ex presidente Raúl Alfonsín.
“Yo casi no estuve con la Presidenta. Estuvimos recibiéndola cuando bajaba del helicóptero. Ella estuvo en una punta y yo en otra. No hablé más”, declaró Alfonsín hijo, a manera de disculpa.
Elisa Carrió, despechada, declaró: “Yo lo quiero mucho a Ricardo, pero así no se puede. Ya no quiero que tengan vacaciones los diputados porque hacen macanas”. Y haciendo uso de su habitual agresividad verbal expresó luego: “Yo no le acepto ninguna invitación ni al Guasón, ni a su esposa”.
La respuesta de Alfonsín, a través de Facebook, no se hizo esperar: “El diálogo y la cortesía son mi espacio para hacer política. En ese ambiente confronto y acuerdo, y es el que le hace falta al país. Y así lo seguiré pensando aunque sea respecto de quienes discrepo y hacen de las crispaciones un método. Aprenderán en beneficio de todos”.
También el operador y espada del cobismo, e intendente de Junín, Mario Meoni, cargó contra Alfonsin: “Está siendo funcional a la estrategia del Gobierno de dividir la oposición. No me sorprende esta foto, porque no es nuevo que él tiene contacto diario con Randazzo, y hasta el propio kirchnerismo ha expresado sus preferencias por Alfonsín en la interna del radicalismo”.
El episodio de Chascomus y las críticas a Alfonsín no son un dato menor, ni parte del anecdotario de la política doméstica. Permiten poner al desnudo las verdaderas creencias y contradicciones proclamadas por la dirigencia opositora, basada en la teoría endilgada por ellos al kirchnerismo: la de un poder demoníaco con el que no se puede ni salir en la foto. Es entonces que resulta claro comprender el mensaje disciplinador en el embate contra Alfonsín. La advertencia frente a un atisbo de alejarse del papel fundamentalista opositor que busca impedir una relación civilizada dentro del marco democrático, desenmascara y deja al descubierto la estrategia de oficialismo demoníaco.
No me apuren, no me corran. Suele repetir Alfonsín cuando le exigen definiciones sobre posibles alianzas o candidaturas. Su vertiginosa irrupción dentro de la UCR tras la muerte de su padre, acrecentada luego por el triunfo del mes pasado en las internas de la provincia de Buenos Aires, descolocó y golpeó fuerte el hasta entonces inevitable encolumnamiento de la UCR detrás de la candidatura de Julio Cobos.
Para los propios radicales, y también para los que lo quieren de candidato, la figura de Alfonsín, por ahora, les resulta escurridiza. Poco tiempo dispuso para armar dentro de su partido su propia estructura. Alfonsín tiene claro que no puede quedar pegado a ningún sector que lo ubique en el lugar de la oposición fundamentalista. Sabe que todavía dispone de tiempo y no deja que lo apuren. Esto desconcierta a muchos radicales históricos que no terminan de comprender su estrategia dentro del radicalismo, y su posible acercamiento a la Coalición Cívica (CC) de la imprevisible Carrió, quien no desaprovechó el crecimiento de Alfonsín y semanas atrás largó su frase ¿de plomo?: “Con Ricardito estamos cada vez más cerca”. Su irrupción fue un salvavidas por partida doble para la CC. No sólo enfrentaban el serio problema de disponer de un candidato presidenciable, sino que Alfonsín les aseguraba un acuerdo con la UCR que hubiera resultado imposible a partir del enfrentamiento de Carrió con Cobos.
Alfonsín ha heredado de su padre un parecido físico y gestual extraordinario. Puede que hasta use los trajes del ex presidente, tal como salió publicado en alguna viñeta periodística. Pero seguramente tiene presente que su padre, aunque no comulgara con el kirchnerismo, vivía la política con pasión y con un amplio sentido democrático, y que jamás se hubiera negado a la discusión, aunque fuera a los gritos, como a veces solía hacerlo.
