El genocida Videla y el demócrata Balza

Año 5. Edición número 196. Domingo 19 de febrero de 2012

El diálogo que quien escribe estas líneas tuvo con Ricardo Angoso permite poner en evidencia las ideas retrógradas del autor de una –supuesta– entrevista con el genocida ex general Jorge Videla publicada en Cambio 16. Lo de supuesta no es un dato menor, porque Angoso violó las normas que el periodismo impone a la hora de tramitar un encuentro profesional con un condenado. Angoso reiteró en la entrevista que no pudo ingresar un grabador para dejar registro de su diálogo “porque las autoridades no le permitieron su ingreso”. La realidad es que el periodista de Cambio 16 pudo entrar a la U34, donde está alojado Videla, con un ardid infantil que evidencia sus vínculos estrechos con represores. En efecto, se registró para visitar “como amigo” a Jorge Olivera, otro ex militar, preso en esa cárcel por delitos de lesa humanidad. El periodista evitó aclarar sus intenciones a las autoridades y el 18 de enero estuvo cuatro horas dentro del penal en un lugar donde los presos y sus visitantes comparten un espacio común. Allí Angoso habló con Videla y, según dice, “tomó apuntes”, cosa que es dudosa porque de haberlo hecho durante tanto tiempo hubiera dado evidencias de que no era “un amigo” sino un entrevistador. Aun suponiendo que la memoria de Angoso sea mayor que la de Funes, el personaje de Borges, no cabe dudas de que las supuestas respuestas de Videla fueron escritas, en el mejor de los casos, por Angoso en su calidad de escritor fantasma después de salir de la visita de “amigo” a Olivera. El mismo Angoso reconoce al autor de estas líneas que “envió el texto a Videla para que lo corrigiera”. Algo completamente inescrupuloso porque le da la posibilidad al entrevistado de maquillar o tergiversar el diálogo real con su entrevistador, si éste realmente existió. Sin perjuicio de estas cuestiones, no cabe duda de que el genocida Videla hizo propio el arrogante y amenazante texto publicado por Angoso. Un texto en el que el verbo desaparecer aparece muchas veces. No para dar cuenta de lo que hizo con miles de personas la dictadura sino para asegurar, por ejemplo, que “las instituciones han desaparecido”, en referencia a esta etapa que vive la Argentina. Tal vez alguien todavía tenga miedo de las palabras de este criminal pero, por suerte, el temor que infunden los genocidas ya no asusta a, casi, nadie.
Escuchar y leer al general Martín Balza, un hombre que prestó servicio activo en el Ejército durante décadas, que cumplió su deber en Malvinas durante el conflicto con Gran Bretaña y que acaba de publicar Mi historia Argentina da el oxígeno suficiente como para confirmar no sólo que las instituciones de la democracia están sanas sino que hay personas que son un ejemplo para las nuevas generaciones. No sólo para quienes ingresan a las Fuerzas Armadas sino para quienes creen que la ética personal y el compromiso con la democracia pueden y deben ir juntos. Es decir, forma y contenido son solidarios. No es casual que Videla recurra a laberintos de mentiras para hacer conocer sus pensamientos y que Balza las escriba y las diga sin vueltas. No es casual que los juicios por delitos de lesa humanidad avancen y demuestren la cobardía de quienes torturaron y asesinaron sin que los condenados reconozcan la verdad ante los jueces y los familiares de las víctimas. Tampoco es casual que quien fuera un combatiente arrojado en Malvinas sea hoy un defensor a ultranza de la estrategia diplomática pacífica para recuperar la soberanía en las islas. Los argentinos no podemos olvidar que los dictadores usurpan el poder para defender los intereses de los grupos más privilegiados y los intereses más antinacionales. Por eso, debemos construir una democracia donde se vaya a fondo en la democratización y nacionalización de los recursos económicos. Que Videla sea mentiroso, cobarde y asesino va a tono con su concepción despótica y elitista. Que Balza sea honesto, austero y valiente tiene que ver con su profunda convicción democrática.

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Otras notas

  • Cómo obtuvo la entrevista con el genocida Jorge Rafael Videla?
    –No ha sido fácil, demoré casi ocho meses. Tenía interés en saber qué pasaba con los mil militares detenidos en la Argentina, cómo se les seguía juzgando y seguían estos procesos, entonces, a través de un contacto que tenía hice una visita a alguien que estaba en Campo de Mayo y después, cuando conseguí ir allí, se me facilitó la posibilidad de entrevistar al general Videla, y entonces, bueno, tomé unas notas porque no llevaba grabadora.

  • En la jerga tumbera, mezcla de carcelaria y tanguera, quedar escrachado era quedar fotografiado. Se usaba no sólo para el típico retrato de frente y perfil que abría un prontuario policial, sino también cuando algún reportero gráfico indiscreto dejaba a alguien en evidencia en un lugar donde no debía ser visto, sea un burdel o una manifestación política. Como tantos términos lunfardos, la palabra escrache es el fruto de un largo viaje que atravesaba el Atlántico. Salía desde las incertidumbres de los barcos salidos de Génova hasta los sueños, hilvanados en conventillos de La Boca o Balvanera.

  • Me llama la atención –dijo Estela de Carlotto a este dominical– que Videla quiera hablar ahora con los periodistas, pero más me extraña que ellos tengan interés en entrevistar a un asesino, a un genocida. ¿Qué interés nos puede brindar un deshumanizado personaje que se jacta de los crímenes que hizo y que asegura que volvería a hacer?”.

  • El jueves, mientras Boca jugaba con la U en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, algunos recordaban que ese estadio se llama Víctor Jara por la saña con que el dictador Augusto Pinochet había tratado al poeta y militante. Antes de asesinarlo, los torturadores le reventaron las manos con las que su guitarra desplegaba los sueños de justicia. Pinochet logró burlar a la muerte: terminó sus días con completa impunidad.

  • • JUICIO A 16 REPRESORES
    Circuito ABO: Audiencia final y festival callejero

  • Tuvieron que pasar 24 años desde aquel juicio a los comandantes en la primavera democrática, para que Jorge Rafael Videla volviera a sentarse en el banquillo de los acusados en un juicio donde se investigan delitos de lesa humanidad. Pasaron 24 años desde aquella histórica condena. El más sanguinario de todos los dictadores de los doscientos años de vida argentina, junto con otros 30 imputados, comenzó a escuchar este viernes la acusación en la causa por el asesinato de 31 personas entre abril y octubre de 1976.