Las redes sociales son un espacio de recreación, amplificación, interpretación y discusión de los mensajes que emiten los medios masivos tradicionales. La utopía del determinismo tecnológico que esperaba un reemplazo de los medios tradicionales por las nuevas redes digitales hasta ahora no se ha dado. Al contrario: las redes sociales complementan, y en muchos casos potencian, el consumo de los medios tradicionales porque los temas de debate predominantes en las redes sociales surgen muchas veces de los medios tradicionales. Lo que sucede es que no se trata de una traslación mecánica del mensaje del medio masivo, sino de una reelaboración crítica y por lo tanto, de una versión diferente en que ese mensaje circula.
En la relación entre las redes sociales y la política, el oficialismo ha sido mucho más activo, articulado y eficaz en su uso que la oposición. El Gobierno y la militancia kirchnerista cuenta con un despliegue más diverso de recursos tanto a través de los blogs (la “peronósfera”), redes sociales y presencia tanto de carácter proselitista como a través de una destacada participación de dirigentes, periodistas, funcionarios y militantes en la discusión con el sistema de medios tradicional, con lo que realiza un aprovechamiento mucho más integral de las potencialidades que brindan las tecnologías digitales a la acción política y a las labores de propaganda que le son consustanciales.
Si bien las redes sociales complementan la militancia política a través de nuevos soportes, no la reemplazan. De hecho, las organizaciones más eficaces en el uso de redes sociales suelen tener una articulación más elaborada también en el espacio no-virtual. Quiero decir que no veo disociación entre “militancia digital o virtual” y militancia “analógica”. Lo que veo en las redes sociales, por parte de algunos grupos políticos, es una reflexión sobre cómo optimizar el uso de plataformas que son cada vez más masivas, aunque allí los usuarios están más diseminados.
