El misterioso hombre de la foto

Año 5. Edición número 199. Domingo 11 de marzo de 2012
La Plata.

La fiscalía que investiga el crimen de tres mujeres y una niña en la ciudad de La Plata, ocurrido a fines de noviembre último, busca identificar a un hombre que aparece en varias fotos junto a las víctimas. El 27 de noviembre último, fueron halladas asesinadas a golpes y cuchilladas Susana De Bártole, su hija Bárbara Santos; su nieta Micaela Galle y su amiga Marisol Pereyra. El que aparece en la foto trataría de un hombre vinculado a Susana de Bártole, una de las víctimas, asesinada junto a su hija, su nieta de 11 años y una amiga en su casa de las calles 28 entre 41 y 42, el 27 de noviembre último.
Según explicó una fuente judicial, la fiscalía a cargo de Álvaro Garganta ya ha identificado a varias personas que aparecen en fotos de álbumes familiares hallados en las viviendas “pero aún no se pudo establecer la identidad de este hombre, de alrededor de 65 años, canoso, que aparece sonriente en varias fotos”. “Por este motivo se pidió a los diarios locales que difundan la foto, aclarándose que no se tiene una sospecha específica sobre este hombre sino que, al igual que se hizo con otras personas, se lo debe identificar y citar para ver si puede aportar algún dato valioso”, detalló la fuente.
Hasta el momento el único detenido por la causa fue el novio de Santos, el karateca Osvaldo Martínez, liberado en enero último por falta de pruebas. Con el fin de esclarecer este cuádruple crimen, el Ministerio de Seguridad bonaerense resolvió ofrecer una recompensa de 300.000 pesos a quien aporte datos para hallar al asesino.

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Otras notas

  • Hace medio siglo, el crimen de la adolescente Norma Penjerek, encontrada sin vida en un baldío el 15 de julio de 1962, sacudió al espíritu público. Ella había desaparecido nueve semanas antes en alguna calle del barrio de Flores. Sobre el asunto se consideraron hasta las hipótesis más descabelladas. El caso ocupó por meses las portadas de los diarios. Pero quedó impune por el empeño de los investigadores en involucrar al comerciante Pedro Veccio, cuyo perfil fiestero facilitaba la intención. El tipo nada tuvo que ver. Aun así, el juez lo conservó en la cárcel hasta abril de 1965.

  • La masacre de Hudson, entre otros factores, fue fruto de una doble traición. En otros tiempos, los diarios le habrían sacado jugo a esa línea de relato: un convicto prófugo que le sopla la mujer a otro preso y, luego, la mata –junto al padre, un hermanastro y su hija– sin más motivo que el de usurpar su hogar para mudarse con otra novia, una chica embarazada. Sin embargo, los diarios eligieron un camino diferente, uno más obvio aunque no menos punzante.

  • El abogado Fernando Burlando fue el portador de la noticia: “El resultado de los tres ADN es negativo”. Se refería a los del remisero Marcelo Tagliaferro y las ex parejas de las mujeres malogradas en el cuádruple asesinato de La Plata. Es que sus patrones genéticos no coinciden con las muestras halladas en el lugar del hecho. Pero éstas tampoco son las de Osvaldo Martínez, el único detenido del caso, tal como días antes había confirmado nada menos que el fiscal Álvaro Garganta.

  • Esa foto que recorrió el mundo condensa un complejo juego de sentidos. Icono inconfundible de quienes alcanzaron la hazaña imposible, momento único en que logro y frustración se funden en una sola imagen. Una vez perpetrado el crimen y conocida la inverosímil fábula con la que se pretendió justificar lo injustificable, esa imagen, del 15 de agosto, deviene en otra, en la del 22 de agosto, la de una masacre. “...Se los ve expectantes. Entre la vida y la muerte –dice Osvaldo Bayer–.

  • Lucas Ezequiel Martínez era catequista, pero nunca aprendió el quinto mandamiento: hace dos años mató a su ex novia de 18 puñaladas. La relación había terminado hacía dos años y ella tenía una nueva pareja. Martínez, igual, seguía obsesionado. Noelia Delic tenía 24 años, era hija única, estudiaba Literatura en la Universidad Católica Argentina y daba clases de Lengua en el Loreto, el colegio de Villa Domínico en el que había estudiado toda su vida, desde el jardín hasta la secundaria. Cuando a los pocos días lo detuvieron, el joven confesó el crimen.

  • El hombre gordo se va del palco, de la escena. Se va de todo (él no es nada, ni siquiera su imagen, aunque esa imagen de la que no sabe nada, aun sintiéndola en sus tripas mientras se va del palco, sea un símbolo: un significante vacío lleno de mierda). Se va de todo menos de la foto, una foto que el hombre gordo de anteojos negros ignora, que no sabe que lo ha capturado en su gris de blanco y negro, en su todo gris que no puede más, en su huida. Porque, no cabe duda, lo que captura la foto es una huida.