El ocaso tan temido

En público, el jefe de Gobierno y los principales funcionarios y diputados del PRO dicen que gran parte de lo que les sucede es culpa del Gobierno Nacional. (TELAM)
En el PRO ya asumen que se acaba el sueño presidencial del jefe de gobierno porteño.

La peor preocupación que tuvo Mauricio Macri al comienzo de su mandato ha vuelto a revivir, dos años después, con una fuerza inesperada. En diciembre de 2007, pocos días antes de tomar las riendas del tercer presupuesto más importante de la Argentina, los principales funcionarios del PRO coincidían en que la educación y el sector docente -dados los actores y temas involucrados- serían los dos frentes de acción más duros durante el primer año de gestión. Así fue en el invierno de 2008, recordado como el reinicio de un conflicto educativo condicionado por la falta de calefacción y por las pésimas condiciones de infraestructura de la mayoría de los establecimientos porteños.
Hace dos semanas ese dato había quedado en el olvido: el gobierno de Macri no tenía otra preocupación que enfrentar y reducir el desgaste que sufre su imagen por el escándalo de las escuchas ilegales. Pero la emergencia de una imprevista protesta estudiantil, anclada en ineficiencias de gestión y reducción de partidas para la educación pública, devolvió al macrismo a la realidad y dejó en evidencia la serie de fallas y errores que podrían minar el caudal electoral que sostiene al PRO en la Ciudad, su distrito insignia, sino el único.
Aunque diga lo contrario y Macri pretenda encarar una disputa cuerpo a cuerpo, la serie de errores de gobierno, especialmente relacionados con la creación de la Policía Metropolitana, lo arrancaron del sueño presidencial. Un deseo que comenzó a hacerse añicos a fines de mayo, cuando el fallo unánime de los tres jueces que integran la Sala I de la Cámara Federal confirmó su procesamiento como partícipe necesario de una asociación ilícita dedicada al espionaje.
A pesar de la gravedad del caso, el macrismo siempre minimizó su impacto público porque “a la gente, las escuchas le importan un carajo”, según el célebre sincericidio del asesor de imagen PRO, Jaime Durán Barba. Los presuntos estrategas del macrismo interpretan que los vecinos sólo están interesados en seguridad, tránsito, asfalto, basura, salud y educación. Quizás no se equivoquen, pero lo cierto es que la gestión ha comenzado a mostrar graves fallas en los temas más sensibles para el exigente electorado capitalino.

Fallas en la gestión. Para muchos macristas, en su mayoría funcionarios, hubo una señal que demostró que su jefe no es una mera víctima, sino el responsable político de los fallos que podrían costarle el cargo en las próximas elecciones. Fue a partir del derrumbe que provocó tres muertos y once heridos en el barrio de Villa Urquiza. Desde entonces, los cuadros macristas más autocríticos asumen que el rumbo amargo de su gobierno no se debe al escándalo de las escuchas ilegales sino al agotamiento de un modelo de gestión que, a poco de cumplir los tres años, desnudó incumplimientos y postergaciones de aquellas “soluciones concretas” que el propio Mauricio había prometido como expresión de una “nueva política” que llegaba a la Ciudad para terminar con “la ineficiencia de lo público”.
En público, los principales funcionarios y diputados del PRO dicen que gran parte de lo que les sucede es culpa del Gobierno Nacional. En privado, asumen que los errores propios son demasiados. Lo dicen resignados: el PRO, aunque parezca un partido político, todavía es una alianza de fuerzas aunadas en el liderazgo de Macri, pero que se desconfían entre sí.
Desde la confirmación del procesamiento, ese espacio político enfrenta una crisis que exige una verticalidad que el PRO no posee. La prueba está en el desconcierto que atraviesa a algunos diputados macristas en torno de la Comisión Especial que comenzó a funcionar este viernes para investigar la responsabilidad política de Macri en el caso de las escuchas ilegales. Además de resistir, los cinco legisladores que defenderán a su jefe dentro del cuerpo de 17 miembros, saben que no pueden entregar al ex jefe de la Metropolitana Jorge Fino Palacios, el otrora poderoso comisario de la Federal, que lleva diez meses preso en Marcos Paz. Hace algunas semanas, varios diputados se preguntaron por qué no podrían profundizar en la responsabilidad de Palacios para demostrar la inocencia de su jefe. La respuesta de Bolívar 1 fue negativa.
Hoy, los defensores legislativos de Macri tienen que defender a un jefe policial preso y acusado de espionaje ilegal por una relación personal que el propio Macri se empecinó en sostener, a pesar de todas las recomendaciones que le llegaron de parte de los mismos diputados que en las próximas semanas tendrán que enfrentar una dura embestida opositora.
El malestar supera los límites de la Comisión Investigadora y llega a los 24 diputados que integran el bloque presidido por el ex viceministro del Interior de Eduardo Duhalde, Cristian Ritondo. La mayoría no oculta su desorientación por las señales confusas y la poca información que proviene desde Bolívar 1 sobre los temas más espinosos de la investigación, entre ellos, la relación de Macri con Palacios, o la fecha desde que iniciaron su relación. En la Legislatura nadie cree, y mucho menos los diputados macristas, que ambos se conocieron en Boca en 2006, sino durante el secuestro del empresario en 1991. Ahora, los macristas están obligados a decir que el vínculo con El Fino data desde hace poco, pero el argumento no convence ni a propios ni a extraños.
Fallas en la defensa. Del otro lado de la Avenida de Mayo, en la sede del Ejecutivo porteño, también reina la desconfianza. Quizás por eso los funcionarios PRO que siguen la causa desde cerca, creen que los diputados macristas que ocupan los cinco puestos en la Comisión Investigadora no están a la altura de las circunstancias. Un funcionario, que monitorea la marcha de la defensa judicial, confió que los legisladores del PRO están más preocupados por mostrarse ante la prensa que por tener argumentos sólidos para articular una buena defensa.
Saben que ya es tarde para organizar una defensa mejor. Con lo cual ahora, en vez de un frente, el macrismo tiene más de tres conflictos abiertos que evolucionan en forma simultánea. Entre ellos, el conflicto docente, el mismo que tanto preocupaba a Macri desde antes de asumir y que habría originado la primera experiencia de espionaje dentro de la cartera de Educación porteña, en aquel momento conducida por Mariano Narodowski.
Para la oposición, ése fue el germen inicial de una estructura que cada día desconcierta más a buena parte de los más fieles referentes del macrismo. Entre ellos, al ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, el principal impulsor de un acercamiento con el peronismo disidente y con Eduardo Duhalde, el primero en anticipar que Mauricio Macri no puede ser candidato a presidente, una realidad que todo el PRO ya habría asumido, al menos en privado. Mientras preparan la mejor manera para reconocerlo en público, el círculo íntimo de Macri ya prepara el lanzamiento de su reelección, algo muy parecido a desensillar hasta que aclare. Si es que aclara.

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  • Cuando asumió como jefe de Gobierno, jamás lo imaginó y ahora, que lleva dos años y medio de gestión, Mauricio Macri todavía no puede creerlo, pero es cierto. Su fuerza, el PRO, se está resquebrajando en sectores casi irreconciliables. Dentro de la Legislatura, la prolongada desatención del Ejecutivo porteño con sus propios legisladores ha empezado a dar sus frutos, especialmente para la oposición, que suma fortaleza gracias a los errores políticos del macrismo, la fuerza que empezó el año con 26 diputados en su bloque y que ha comenzado a desgranarse.

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