El Papa entre mariachis y rumbas

Año 5. Edición número 201. Domingo 25 de marzo de 2012
Acoso y fuga. El vaticano es el blanco de acusaciones sobre lavado de dinero. (AP)
Benedicto XVI en América latina. México y Cuba son los destinos de este viaje, signados por situaciones políticas y sociales diametralmente distintas.

El Sumo Pontífice ha comenzado su segunda visita a América latina y la primera a países de habla hispana en la región (el anterior fue en el 2007 a Brasil para asistir a la V° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano). México y Cuba son los destinos de este viaje papal, signados por situaciones políticas y sociales diametralmente distintas pero que en el interés del Vaticano tienen la misma preeminencia.
La sociedad mexicana está atravesada por una campaña electoral para elegir nuevo presidente, pero en la que los candidatos sólo atinan a diferenciarse de acuerdo a su cercanía o posicionamiento con poderes externos como Estados Unidos y la Iglesia Católica. Además, los ríos de sangre que recorren el país por la lucha emprendida por el gobierno de Felipe Calderón contra el narcotráfico tienen a los mexicanos sumidos en el terror creciente. Un malhumor que ni siquiera los mariachis que lo recibieron en el aeropuerto de León cantándole Cielito lindo, podrán disimular.
Por si fuera poco, al Papa lo precedieron réplicas del sismo que sacudió el suelo azteca 72 horas antes y le puso un tono más dramático a su presencia. Casi un escenario bíblico al que podría echar mano la curia local para espantar los cuestionamientos sobre el accionar de varios de sus jerarcas acusados de pedofilia y que Roma ocultó durante mucho tiempo. Hasta que estalló el escándalo del padre Marcial Maciel, de quien no sólo se conocieron sus abusos sexuales a seminaristas sino también cómo la orden Legionarios de Cristo, fundada por él, se convirtió en un verdadero imperio económico, amén de la doble vida que Maciel mantuvo en vida con hijos y su adicción a la dopamina.
Si bien México es el segundo país del mundo con mayor cantidad de católicos, éste caso de perversión sexual y la baja labor pastoral, sufre una disminución de feligreses que contradice al último informe dado por la Santa Sede en el que se anunció un crecimiento de adherentes al catolicismo a escala mundial. En 1970, el 96% de los mexicanos se reconocía como católico, hoy esta cifra mermó hasta el 83%.
Si la estancia del jefe de la Iglesia Católica buscó en México frenar la sangría de fieles y despejar las sospechas de abusadores sobre sus sacerdotes, aún cuando evitara recibir a las víctimas de esos abusos, su escala en Cuba servirá para respaldar la creciente mejoría en las relaciones con la dirigencia de la revolución. Algo que comenzó a surgir en 1991 cuando el Partido Comunista eliminó la precondición de ateo para ingresar en sus filas, luego de que en las primeras décadas del proceso revolucionario el accionar de los curas franquistas en la isla desató una fuerte respuesta del Estado que eliminó los feriados navideños y prohibió las procesiones. Hoy, tras largos años de negociaciones en silencio y bajo la sombra de la cautela mutua, la cúpula eclesiástica cubana se ha convertido en un interlocutor entre sectores de la disidencia interna y el gobierno. La participación del Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino, en las negociaciones directas con Raúl Castro para la liberación y posterior envío a Madrid de más de 70 presos considerados políticos, marcó el punto más alto de esta nueva etapa de concordancia, desde la llegada de Juan Pablo II en 1998. En un país donde gran parte de la población practica cultos sincréticos de raíz africana, pero que asistirá masivamente a las misas que celebrará el Santo Padre en las Plazas de la Revolución de Santiago y La Habana. Unos por curiosidad, otros por un fervor creyente, pero difícilmente se sumen a cualquier acto de provocación política que pueda surgir más allá de alguna que otra pancarta o expresión aislada.
Las declaraciones últimas de Benedicto XVI a la agencia Reuters antes de arribar a Santiago de Cuba, sobre que “hoy es evidente que la ideología marxista en la forma en que fue concebida ya no corresponde a la realidad”, tal vez puedan enturbiar el humor de la dirigencia comunista pero sabrán disimularlo en pos del rédito que la gira del Vicario de Cristo significa. Más si se tiene en cuenta que en los días previos los distintos grupos disidentes protagonizaron algunas actividades para llamar la atención internacional e incluso hubo un intento de ocupación en un templo habanero, abortado por los mismos párrocos que pidieron su desalojo a la policía, algo que sirve para aislar todavía más a la pequeña oposición doméstica y da mayor protagonismo a la Iglesia sobre la que Washington tendría menos influencia.
A su regreso, el Santo Padre deberá enfrentar el infierno en la tierra desatado por lo que se ha dado a conocer como “Vaticanleaks”, una serie de documentos secretos revelados desde el seno mismo del Vaticano y que pone luz sobre corrupciones varias, asesinatos y complots bajo el sillón de San Pedro. Para más dolores de cabeza, el Departamento de Estado ubicó al Vaticano en el lugar 67 de los Estados con “jurisdicción preocupante” respecto al lavado de dinero.
Mientras Joseph Ratzinger se traslada sobre una plataforma con ruedas por los pasillos de la Basílica y medita de qué modo detener esta marea de denuncias que deja a El nombre de la rosa como novela costumbrista, una furiosa lucha por su sucesión se ha desatado en los sótanos de Dios.

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