El Pentágono se muda a Panamá

Año 3. Edición número 145. Domingo 27 de febrero de 2011
Los marines norteamericanos gozarán en Panamá, al igual que en otros países, de inmunidad jurídica.
Debido a la mala relación con la región, el Comando Sur relocaliza bases en Centroamérica

Los marines norteamericanos con destino en América latina se están mudando de hogar. Ante las últimas malas noticias recibidas en la región por el Comando Sur de los Estados Unidos, como el fallo constitucional de la Corte Colombiana contra las nueve bases militares que pretendían instalar en el país o la reciente requisa en Ezeiza de las autoridades argentinas al avión de carga Boeing Globemaster III, el Pentágono norteamericano decidió relocalizar sus tropas del área sur y hospedarlas en Centroamérica, más precisamente en Panamá. En conversación con Miradas al Sur, dos especialistas en la materia como Telma Luzzani –actual conductora de Visión Siete Internacional y autora de un libro pronto a salir sobre la militarización de la política exterior de los Estados Unidos hacia el Cono Sur– y Adriana Rossi –columnista de la edición local de Le Monde Diplomatique y experta en Seguridad Hemisférica de la Universidad Nacional de Rosario– advierten que el desplazamiento militar de Estados Unidos no es casual y que, en última instancia, Washington busca horadar “un proceso de integración regional que le es hostil y disminuir la creciente influencia comercial de actores extrarregionales como China en su antiguo patio trasero”.
En principio, el multimillonario y conservador presidente panameño Ricardo Martinelli abrió la boca más de la cuenta cuando visitó Estados Unidos para asistir al último Super Bowl y la noticia, siempre desmentida por las autoridades panameñas, se terminó filtrando en la prensa local. “Nuestro gobierno firmó un acuerdo con la Secretaria de Estado gringa, Hillary Clinton, para establecer dos bases militares navales en el Pacífico panameño: una en Bahía Piña y la otra en Punta Coca”, replicó y denunció en su portal web el organismo de derechos humanos local Frenadeso. Además, Adriana Rossi especifica que el nuevo desembarco norteamericano en Panamá estará monitoreado desde el aire por sus temibles aviones espías drones, las mismas naves que emplea en Irak: “En las planillas del presupuesto 2011 del Comando Sur figura la construcción y ampliación de bases militares navales recostadas sobre el litoral pacífico panameño. Además, los marines prevén pilotear drones –aviones no tripulados para patrullaje– en el cielo de Panamá. Los denominados Hunter son producidos por una dependencia de una firma israelí y son iguales a los que utiliza el Ejército de Estados Unidos en las guerras de Medio Oriente”.
Aunque ahí no terminan las nuevas maniobras del Comando Sur en Panamá. Según John Lindsay-Poland, director de la ONG pacifista Fellowship of Reconciliation, “Estados Unidos está violando encubiertamente el espíritu de los tratados Torrijos-Carter, al continuar sus actividades militares a través de contratistas privados en Panamá”. Según análisis de documentos obtenidos y filtrados por su organización, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha firmado 715 contratos ligados con Panamá desde 1999, cuando por convenio bilateral se retiró la presencia militar estadounidense del istmo (los documentos están disponibles en www.usaspending.gov). Además, para 2011, según Lindsay-Poland, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército Estadounidense también está planeando construir instalaciones en Isla Grande, Puerto Obaldía y El Porvenir. Increíblemente, el director de ese organismo norteamericano ha admitido públicamente que cada uno de sus soldados –incluyendo los ingenieros, presumiblemente– tiene la misión de “recolectar información y/o proveer inteligencia”.
Por otro lado, otro hecho que ratifica la voluntad del Pentágono en redestinar recursos castrenses desde Sudamérica hacia su primera periferia es la reciente visita del halcón William Brownfield –ex embajador en Colombia, actual secretario adjunto para la Oficina de Asuntos Narcóticos Internacionales y Aplicación de la Ley del Gobierno de Estados Unidos– hacia Centroamérica, calificada por muchos analistas como la puesta en marcha de “un nuevo Plan Colombia”. Después de tocar los aeropuertos de Guatemala, El Salvador y Honduras, Browfield prometió ayudas millonarias para combatir en el istmo lo que denominó “la ruta del narcotráfico”. Y si el presidente norteamericano en la presentación del presupuesto estadounidense para 2011 anunció que el dinero destinado al Plan Colombia se reducirá en un 15 por ciento, Browfield revirtió la fórmula para el Plan Centroamérica y prometió que Washington “aportará 200 millones de dólares para reforzar la lucha contra las drogas y la criminalidad en la región”.
¿Por qué es tan importante para los halcones radarizar dicha área y hacer pie en la región? “Cuando Estados Unidos pierde el control del Canal de Panamá en 1999, automáticamente reabre bases militares en Manta (Ecuador), en El Salvador y en puntos tropicales como la isla de Curazao, además de inaugurar el Plan Colombia; todo esto demuestra el interés y la necesidad de Washington por controlar su primera periferia, porque para los estrategas del Pentágono, Centroamérica es considerado colonialmente como su mar inferior”, contesta Luzzani. “La clave es la cercanía con Colombia, aliado clave en el sur del continente para Washington y que conforma, con los países centroamericanos, el corredor de seguridad absolutamente necesario para la infraestructura de libre comercio impuesta en estos países, que es lo que realmente se quiere garantizar la Casa Blanca con esta operación”, complementa Rossi.

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