“El periodismo alimenta un ansia egomaníaca”

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Año 3. Edición número 156. Domingo 15 de mayo de 2011
“El periodismo se va convirtiendo en un oficio para gente que tiene otras fuentes de dinero y lo practica por diversión.”
Entrevista a Sonia Budassi, autora de un libro de relatos que da cuenta de la profesión

¿De qué hablamos cuando decimos “la redacción”? ¿Sabías que alguien escribe las notas anónimas en los diarios? ¿Qué es un buen periodista? ¿Se puede llorar en los baños por miedo a perder el trabajo? ¿Tenés baño en tu trabajo? ¿“Esclavita” es un apodo simpático para la nueva o expone una nueva forma de ver el Trabajo?”, escribe Lucas Funes Oliveira en la contratapa de Periodismo (17grises Editora) el nuevo libro de ficción de Sonia Budassi. Escritora y periodista oriunda de Bahía Blanca, Budassi también es editora del sello independiente de narrativa Tamarisco. Su primer libro publicado fue uno de cuentos, Los domingos son para dormir, después llegaron los libros de crónicas de no ficción, Mujeres de Dios y Apache. En busca de Carlos Tévez. Periodismo empieza con el relato de una chica que llega a la ciudad para estudiar Comunicación y consigue una pasantía para trabajar en Telenoche junto a Mónica y César. Desolación. “El periodismo, como la literatura, alimenta un ansia egomaníaca, de divismo, de buscar fama, de practicar la autocelebración. Tenemos que estar atentos a esto todo el tiempo que entregamos una nota, una reseña, una entrevista: es riesgoso”, dice Budassi.
–¿Periodismo fue inspirado en una pasantía real?
–Es ficción, pero hay muchas cosas, obviamente no todas, que sí sucedieron durante mi pasantía en Telenoche. La regla era la desidia sostenida en la repetición de fórmulas que funcionan, y un cinismo y una subestimación de lo que ellos llamaban “la gente” aterradores. A mí me sirvió para saber que la producción de televisión no tenía nada que ver conmigo ni con lo que me interesaba. En aquel momento tenía muy idealizada la profesión, al punto de creer que, en la práctica, todo era inmaculado. Yo estaba más vinculada a los libros, y mi realidad pasaba por ahí. A pesar de que sabía que quería escribir sobre literatura, fue un shock muy fuerte porque creía que en esos espacios se podía contribuir a la construcción de la responsabilidad cívica, a comprender más al otro, y todas esas cosas que se pueden hacer desde los relatos mediáticos, sobre todo en este caso, en que el programa tenía un alcance masivo. Ahora se que todo es más complejo. Conocí a muchos buenos periodistas, y vi que la práctica del periodismo está atravesada por tensiones e intereses, por pasiones y preocupaciones éticas, por miserias y hallazgos.
–¿Qué mirada tenés respecto del sistema de pasantías?
–Son positivas en muchos casos, porque aunque te hagan hacer café, uno puede aprender cosas. Pero como en general la tarea del pasante no está objetivada, lo productivo de la experiencia está supeditado a que te toquen compañeros y jefes generosos, que les guste lo que hacen, que sean buenos en lo que hacen… si eso no pasa, bueno, puede llegar a ser desde aburrido hasta horripilante. Desde una perspectiva temporal, cuando se devaluan los salarios de los periodistas después de los años ’90, las empresas gustan de extender pasantías, o más bien, de pagar como si fueran pasantías a periodistas ya formados y que han hecho su experiencia. Hay pasantías perpetuas, se desvirtúa la expresión, y ya no responde al espíritu original que es el de tener primeras experiencias profesionales. Ante el miedo de quedarse sin trabajo, de no poder progresar en “lo que nos gusta” –una idea muy burguesa, como el periodismo– muchos lo toleran porque no les queda otra. También sucede que finalmente, sólo pueden soportar esos regímenes quienes tienen un ingreso económico por fuera del trabajo. El periodismo, de a poco, se va convirtiendo en un oficio para gente que tiene otras fuentes de dinero y lo practica por pura diversión. También muchos compran ese discurso de las empresas del tipo: “Tenés el privilegio de firmar –palabra clave– y de escribir acá”, la famosa retribución simbólica que alimenta el ego, las ansias de figuración, aunque no se pueda llegar a fin de mes.
–¿Qué le pasa a tu personaje?
–Está atrapado entre el cinismo y la propia burocracia. No sólo la burocracia del medio sino la personal, la de repetir las mismas prácticas, la automatización que le permite finalmente escribir en cualquier revista o sección. Lo que se dice un “personaje quemado”. Esa “autoburocratización” también es palpable en mucha gente, aunque sea especialista en un tema y trabaje, por decir, desde siempre en la sección economía. No sólo tiene que ver con lo inevitable, tener una serie de métodos de trabajo internalizados como sugiere la teoría de las rutinas productivas, sino con una falta de motivación que, en el caso del cuento, también es consecuencia de una política empresarial.
–¿En este sentido, la cadena de explotación en los medios se irriga con un doble discurso?
–La dinámica de recursos humanos de los medios muchas veces amplifican la doble moral porque el trabajo de comunicar tiene presupuestos éticos persé, y la profesión, una tradición anclada en valores que aún se siguen pregonando, y en muchos casos, practicando, anclados en lemas potentes como libertad de expresión, derecho a la información, etc. Digamos que el periodismo está unido a los valores democráticos. Entonces, se hace más evidente cuando quien tiene un discurso bien pensante desde su medio no lo sostiene en el trato diario, en las políticas editoriales que impone a sus periodistas, ni cuando instrumentaliza el trabajo de informar con objetivos personales. Un caso hiperbólico de doble discurso es el de Jorge Fontevecchia. Sólo por poner un caso, en el último conflicto gremial, él, que habría juicios de discriminación por la pauta oficial y decía que era un ataque a la libertad de expresión, operaba con sus periodistas de manera siniestra. Los trabajadores había decidido quitar las firmas de sus notas a modo de protesta, y él quiso obligar a los editores a colocar sus propias firmas en notas que habían escrito otros.

• FRAGMENTOS. LOS QUE SE FUERON ANTES QUE YO
Periodismo
Autor: Sonia Budassi
Editorial: 17grises Editora

>>Me avisan al interno. Como pasa en las novelas, el que me llama no es el involucrado sino un tercero. Lo pienso y no sé qué hace la diferencia, qué piensan los que dicen “prefiero enterarme por vos”. ¿Por qué eso es tan importante? ¿Sólo tiene que ver con un efecto traición?
>>Escribí para la web, para el diario, para la revista femenina, para la de autos, para la decoración, hice una rotación como correctora, estuve un tiempo en el freezer, después de nuevo a corrección y después a la revista masculina. Por esa época publicaban cosas como “Cómo pegarle a una mujer sin dejarle marcas” o “Cómo llevar a una menor a la cama sin caer preso”. Mientras mis ex compañeros del master en periodismo ascendían como editores a base de escribir operaciones a favor o en contra del gobierno y casi siempre sobre el flagelo de la inseguridad, otros de mis compañeros, más o menos formados, se comprometían igualmente con causas nobles, denunciando ocupaciones de gente pobre o analizando, en la sección central del diario, porqué los argentinos prefieren la cola y no las tetas. No digo que no sea un tema ganchero, entiendo que a muchos les preocupa la cuestión, pero el tópico puesto en el marco de “Periodismo en serio” me causaba gracia. Después están los otros.
>>Participar del proceso de creación de un medio puede llegar a ser una experiencia fascinante. Yo pensé que iba a estar lleno de desafíos profesionales. Pero los desafíos, al final, siempre son personales.
>>El mejor trato con los jefes es, como dice Joaquín, cínicamente cordial.

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