El poder como propiedad colectiva

Año 4. Edición número 164. Domingo 10 de julio de 2011
Venezuela y la democracia participativa

En la Venezuela de 1999, durante la primera presidencia de Chávez y por primera vez en la historia, el pueblo caribeño elegía su nueva Constitución.
Ese nuevo marco jurídico básico es el que le permitió al proceso bolivariano tornarse en revolucionario, en tanto avanza por sobre la simple democracia formal establecida. En ese quiebre constitucional, por voluntad política mayoritaria se refunda la República. La democracia venezolana se transforma en participativa y protagónica y con ello la nueva vida.
Por eso, cuando Hugo Chávez asume aquel 2 de febrero de 1999 juró sobre la vieja constitución formal, pasmando los oídos conservadores del mundo cuando dice “juro, delante de mi pueblo, que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos”.
La contundente victoria de Hugo Chávez despejaba en su primer año de gobierno el camino hacia la convocatoria constituyente, tal como le pedía el 90% del pueblo venezolano, en respuesta a la iniciativa que, como candidato presidencial, les había presentado en su campaña electoral.

El desquicio. La nueva Constitución bolivariana (vigente) se sometía, entonces, a referéndum, con sus 56 artículos (por lo menos) dedicados –directa e indirectamente– a la participación popular. Así fue aprobada en diciembre de 1999 con el 71,78% del voto popular. Esa base jurídica sirvió para desquiciar (aún) el predominio de los sectores venezolanos del privilegio nacional y trasnacional y tornar sin prisa pero sin pausa, progresivamente hacia una nueva hegemonía que los bolivarianos llaman “Poder Popular” y con ello: una nueva institucionalidad democrática.
El ciudadano venezolano, el soberano –al decir caribeño–, de tal modo, desde entonces, puede tomar decisiones vinculantes constitucionalmente en lo político, en lo social y en lo económico, todo lo cual es de obligatorio cumplimiento para la población y representa las condiciones jurídico-legales para la constitución de un gobierno popular superpuesto al formal. En el artículo 70, por citar un ejemplo, entre otros, se consagran espacios para la participación en lo político tales como referendo popular, consulta popular, revocatoria de mandato, iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, cabildo abierto, asamblea de los ciudadanos y ciudadanas, etc.

El diagnóstico. Así es que en Venezuela, no más que entre 2000 y junio 2011, se han realizado casi 30 consultas populares, donde fueron elegidos y sometidos a referendo, por ejemplo, los cargos del mismo Chávez Presidente de la República, sin ir más lejos.
En el 2002 se puso de manifiesto la certeza, durante el 11, 12 y 13 de abril, cuando el pueblo salió a la calle para decir que Chávez no había renunciado. El “bravo pueblo” sabía que lo habían secuestrado los del privilegio en riesgo. Ante el arrebato y la usurpación, decididos, los venezolanos de a pie salieron a exigir su rescate; a pesar del bloqueo y la manipulación mediática, cogieron las calles, bajaron de los cerros hasta que les devuelvan a “Su Chávez”.
Este hecho colectivo y popular, que pudiera resultar una anécdota, es justamente lo que marca una diferencia muy grande, especialmente hoy, que ante la enfermedad de Chávez, voces agoreras se preguntan muy progres: ¿quién hereda a Chávez?
Vea, si ésa fuese su inquietud, sólo compare la realidad recién enunciada (2002 golpe a Chávez) con la memoria del Caracazo (1989, cuando todavía no gobernaba Chávez).
La profunda diferencia entre ambos episodios populares e históricos es que en el Caracazo, la explosión popular se manifestó legítima pero sin que deje un saldo organizativo –regía, entonces, la democracia formal–. En cambio, el 11, 12 y 13 de abril, la respuesta popular que recupera a “Su Chávez” es posible porque la gente estaba muy clara en lo que quería, lo cual se contenía en su participación y su protagonismo determinantes que las organizaba. Así fue por el rescate de su presidente, por eso de paso no saqueó ni hizo ninguna otra cosa, sino que insurgió por lo único que exigía: el rescate de su presidente Chávez. Y así sucedió.
Por eso, ahora, ante la enfermedad de Chávez, la mayoría de los mensajes del mismo pueblo político manifiesta: “Aquí, el que manda es Chávez”.
Porque en esa única afirmación les cabe, como en ninguna otra, el “nosotros”.
Vea, y esto no es un mero asunto lingüístico (aunque Chávez ya resulte un significante), sino, un asunto popular venezolano de profunda convicción política, ya que en la “Venezuela de Chávez” constitucionalmente, el poder es propiedad colectiva.

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