El salvajismo en escena
El video de las torturas en una comisaría de General Güemes, en Salta, empezó a circular con fuerza en las redes sociales entre el miércoles y el jueves. Había dos versiones: una de un minuto y un poco más, y otra de casi tres minutos. La cámara que registraba todo no estaba escondida: actuaba, con cierta timidez, desde una distancia en la que se podía tener una vista panorámica de las torturas que recibían ambos detenidos. La estética con las que fue filmado tenía más que ver con el vouyerismo del porno casero –alguien que espía una escena y la graba en tono jocoso– que con una denuncia contra las torturas que recibían los presos.
La secuencia termina con una subjetiva: el improvisado camarógrafo toma uno de los baldes con los que estaban mojando a los detenidos y lo mueve hasta una pileta. ¿Lo pone allí para volver a llenarlo? ¿Está colaborando con los torturadores? El misterio se resolvió el viernes, cuando se conoció la identidad del autor: Roberto Augusto Barrionuevo, un suboficial de 23 años. Pocas horas antes, por una denuncia del gobierno salteño –que se enteró del hecho por la difusión del video en internet– habían sido detenidos cinco policías de la de División Drogas Peligrosas. Sus identidades son: oficial Matías Eduardo Cruz, sargento Marcos Gabriel Gordillo, Héctor Raúl Ramírez, Leonardo Esteban Serrano y Alberto Antonio Ontiveros. Algunos de ellos ya tenían denuncias por golpear a detenidos.
El video fue filmado, se cree, entre junio y julio de 2011, en pleno invierno. Una de las víctimas tenía 17 años. El otro, apenas un poco más. Ambos trabajaban de limpiavidrios y no era la primera vez que eran golpeados por la policía. “El policía Gordillo le pegaba siempre. Una vez Miguel Angel quiso ahorcarse”, dijo Beatriz Palacios, la madre de uno de los detenidos, al diario El Tribuno. “Gordillo”, agregó, “es quien se ve en el video colocándole una bolsa en la cabeza. Desde hace mucho que lo venían golpeando. Lo llevaban al río Mojotoro, le pegaban y lo amenazaban para que no dijera nada”.
Torturar a los detenidos para que confiesen crímenes es una tradición bastante común en la provincia de Salta. En la Cámara de Diputados local recopilaron 400 denuncias por apremios , de las cuales sólo se resolvieron cuatro.
La madrugada del 2 de mayo de 2010, recordó el viernes el portal Cosecha Roja, Evangelina Pisco salió de un boliche bailable en Tartagal y desapareció. La policía salteña deslizó la teoría de un “pacto satánico” y que, más allá de que el cuerpo no apareciera, la hipótesis más seria era que la habían descuartizado sus amigos y primos. Los medios compraron esa versión de forma acrítica. Antes de encontrar el cuerpo, la policía consiguió la confesión de las supuestas asesinas: tres jóvenes wichis que se declararon culpables. Días después, de anunciar que el caso estaba resuelto, apareció el cuerpo. La chica había caído por accidente en un acueducto de la empresa Aguas del Norte.
Antecedentes. No es la primera vez que un policía argentino filma videos de esta especie. En el 2009, mientras las familias de Johnatan Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco los buscaban en hospitales, morgues y comisarías, comenzó a circular un video, que mucho después, sirvió para demostrar cómo lo había asesinado la policía. La imagen, igual que en Salta, fue registrada por un teléfono celular de un policía.
Los dos adolescentes estaban arriba de una camioneta. El del asiento de atrás, de 25 años, era Ezequiel Blanco. Le habían dado dos disparos en el entrecejo. A Kiki se lo ve todavía vivo, con una bala en el cuello. La cámara lo muestra intentando respirar. El que filma lo insulta:
–A ver putito, hacé arrancar la camioneta, la concha de tu madre– dice mientra busca primeros planos.
Pocos segundos más tarde, la misma voz agrega:
–Che, llamemos una ambulancia, por las dudas.
El video tenía como objetivo el goce de los que filmaban: un grupo de policías que acababa de matar a alguien y se guardaba un registro, como los turistas de vacaciones que coleccionan imágenes de cada lugar que visitan. Tanto es así que salió a la luz no como denuncia, sino como un intento de amedrentar a los familiares: cada vez que se subía a Youtube –por unas pocas horas, porque enseguida era censurado– las imágenes iban acompañadas de insultos que festejaban la muerte de los dos jóvenes. De hecho, sus autores se preocuparon de que la cinta le llegue a la familia de los chicos por distintas vías. Igual que en el caso de Salta, no imaginaban que el registro se podía usar como documento judicial en su contra.
Algo parecido le pasó a la soldado norteamericana Lynndie England, una pionera en registrar torturas en tono de burla. Sus fotos vejando a los presos irakies en la prisión de Abu Ghraib dieron la vuelta al mundo. Habían sido hechas con ella posando para esas fotos que luego se cuelgan en los perfiles de Facebook. Una forma de decir “yo estuve aquí”, que le valieron una condena a tres años de cárcel.
La contracara del exhibicionismo es el morbo del espectador. El registro hecho por los victimarios suele tener mucho más raiting que cualquier denuncia de las víctimas. Como en las vacaciones en lugares exóticos, la imagen es la única prueba de la existencia del hecho. Si lo vimos, es verdad.
Casi al mismo tiempo en el que aparecía el video de Salta en Chile salió a la luz otra filmación: el estado en el que quedó Valeska Salazar, de 16 años, luego de ser apuñalada y golpeada por ser lesbiana. “Me pegaron entre nueve”, contó la propia joven a la televisión local. “Me pegaron dos puñaladas en la espalda, me rajaron aquí en la cabeza, y me pegaron con unas mochilas con piedras en la cara, patadas, con palos.” “Ese grupo hace ingreso a mi casa, sacan a mi hija Valeska para fuera, a puñetazos y patadas, a la novia también, y la tiran y la arrastran hasta la calle”, contó la madre de la chica. Después de atacarla en la casa, los agresores la siguieron hasta el hospital, donde volvieron a golpearla. Por la agresión están detenidos varios familiares de la novia de Valeska, de entre 19 y 56 años de edad. Se los acusa de homicidio frustrado.
En el video se ve a la chica en el suelo, con el rostro bañado en sangre y un charco rojo a su alrededor. De no haber existido ese video, ¿estaríamos hablando del caso?.

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