Parece que todavía falta para que pase una semana en la que no haya una contradicción o una desprolijidad en la AFA en referencia al seleccionado. Estos últimos días, la goleada ante España quedó sepultada rápidamente en la agenda informativa de los diarios, canales y programas de radios especializados. 48 horas después, el doctor Carlos Bilardo, un fabricante de tormentas, salió a apagar el entusiasmo del Checho Sergio Batista, quien prácticamente se imagina como DT de la Selección en la Copa América 2011 y en el Mundial de Brasil 2014.
“El próximo técnico tendrá contrato sólo hasta la Copa América”, dijo el doctor el miércoles. Es decir sería un contrato de sólo ocho meses ya que el torneo sudamericano se jugará en la Argentina del 3 al 24 de julio. Esta situación sería inédita para el fútbol argentino desde 1974 hasta acá. El viernes, Julio Grondona salió al cruce: “El contrato va a ser como el de todos los entrenadores, como siempre”, le aseguró a la agencia DyN. Además, agregó: “Cuando se nomina a un técnico para juveniles uno lo pone pensando en que en algún momento puede hacerse cargo de la Mayor. Si las cosas van bien, ¿por qué se va a cambiar?”. Este “desentendido”, uno más de una saga inolvidable, abona a la teoría de que entre Bilardo y Grondona no abunda la fluidez en el trato.
Power. La causa por la cual el ex secretario de Deportes de la Provincia de Buenos Aires permanece en el cargo a pesar de todas las situaciones que padeció, es atendible. Es una persona a la cual le encanta la acumulación del poder y está en el lugar del cual se siente merecedor: “Director de Selecciones Nacionales”.
Lo que no está claro es por qué Grondona no le pide la renuncia. Independientemente de que Bilardo fue el responsable del alquiler del predio en el que Argentina entrenó en Pretoria –aparentemente también solicitado por muchas selecciones–, son imperceptibles acciones que vayan en línea con el mejoramiento (entendido esto desde cualquier aspecto y lugar) del seleccionado argentino. La que más se acercaría a una razón lógica, es que Don Julio lo quiera tener atado para no sumarse rivales en su sucesión en la AFA.
Cerca de Bilardo, afirman que lo que busca el doctor es el control absoluto, a través de sus dos candidatos, Alejandro Sabella y el Cholo Diego Simeone. Lo cierto es que para Bilardo sigue siendo muy amargo escuchar frases que surgen permanentemente de la boca de Batista, que también brotaron de la de Maradona: “Hay que respetar la pelota, atacar, respetar el estilo del fútbol argentino”. Este tipo de afirmaciones le saben a traición.
Problemas. Las derrapadas de Bilardo vienen en seguidilla. Sus manejos, sus amagues, sus formas no le suman absolutamente nada al seleccionado. Hasta aquellos periodistas que oficiaban de defensores full time, evitan opinar de la actualidad del doctor. Durante mucho tiempo, tuvieron la oportunidad de agigantar el mito, debido a que Bilardo no dirigía y estaba vinculado a otras actividades como la política, la radio y la TV. Es más, su figura, que decididamente ya estaba difusa como entrenador, estaba más vinculada a los medios. Sin ir más lejos, el dueto que formó con Héctor Veira en 2006 para Fox Sports, desde Alemania, una suerte de Abott & Costello mundialista, fue un verdadero acierto.
Batista, que lo conoce al dedillo, no abre hasta el momento juicios sobre el papel que juega el Narigón. Sabe que emitir cualquier opinión generaría más confusión en un ámbito donde justamente manda el desconcierto. Además, si bien Bilardo no está de su lado, tampoco lo quiere sumar como enemigo público porque sabe que eso sería tener una araña pollito en su bañadera. No obstante, no deja de molestarle que en algunas cuestiones tome decisiones. Por ejemplo, que la Selección concentre cuatro días antes para el partido con España.
Lo cierto es que Batista arranca con algunas ventajas muy claras. Primero, tiene el apoyo de los jugadores, fundamentalmente de Lionel Messi, a su vez mimado de Grondona. Segundo, tiene la venia del jefe, Don Julio. Tercero, ganó los dos partidos que jugó, el primero contra Irlanda, y el segundo contra el campeón del mundo. Es verdad que el equipo de Vicente del Bosque se pareció más a un contingente de europeos ávido de turismo sexual que al finalista contra Holanda, pero no deja de ser el campeón. Además, en contra de lo que se pensaba, nadie el martes pasado le pasó factura por ser el sucesor de Maradona, un apellido que parece haber quedado en el piadoso y respetuoso olvido, como técnico de la Selección.
La realidad indica que no parece haber signos de que el técnico cambie. El tribunal de notables dispuesto por Grondona para decidir quién se quedaría con el buzo de DT es la esperanza de Bilardo. Allí él propondrá tres nombres, entre los que estarán Sabella, Simeone y, probablemente, Miguel Angel Russo. Al ser consultado el pasado miércoles por Fox Sports Radio del Plata acerca de qué pasaría si no nombran a ninguno de los tres que propondrá, dijo: “Y si eligen a otro, qué te parece, me tengo que ir yo. Qué querés que le haga”. Pero al final de la nota, cuando le repreguntaron si entonces efectivamente renunciaría, respondió: “¿La renuncia? Ni mono”.
Generación. Pero quizá la contradicción más grande esté por otro lado. Fue Bilardo el que pidió muchas veces por la presencia de los campeones del ’86 en el predio de Ezeiza. El hecho de que Maradona y Batista hayan sido los últimos entrenadores del seleccionado, en algún punto debería llenarlo de orgullo. La historia se estaría encaminando de acuerdo con lo que que pregonó durante mucho tiempo. Lo que resulta extraño es cómo sus actitudes permanentes no hicieron otra cosa que dinamitar la presencia del capitán de aquel equipo, primero. Y la presencia de su número 5 después. La información del seleccionado es muy dinámica. Hay que esperar solamente unos días o quizás horas para que Bilardo, Grondona, Batista, Maradona, Ruggeri, Enrique, etcétera, den un giro más a esta historia donde las traiciones mandan. Todos ellos participaron de la máxima gesta del fútbol argentino, el Mundial 86. Y fueron, en estos dos últimos meses, los responsables de un desaguisado que no registra antecedentes desde 1974 a estos días. Una pena.
