El viejo amigo Jimmy Carter
La breve visita de Jimmy Carter a Cuba ha sembrado expectativas dentro y fuera de la isla. Después de seis horas reunido con Raúl Castro, el encuentro con su “viejo amigo” Fidel, entrevista con miembros de las iglesias católica y judía, más una agenda top secret, se pueden tamizar señales de algunos cambios en las relaciones entre históricos enemigos.
Las sonrisas iluminaron los rostros del gobierno de la isla al oír en boca del ex mandatario demócrata, el pedido de levantamiento del bloqueo comercial que Washington impuso en 1962. Las críticas a “los líderes del congreso de origen cubano” por actuar de modo negativo “al tratar de castigar al régimen cuando en realidad están castigando al pueblo” y el pedido de libertad para los cinco agentes cubanos presos en cárceles norteamericanas, marcan un antes y un después en la historia de enfrentamientos que datan de la Guerra Fría. También tuvo tiempo para ver a su compatriota Alain Gross, recientemente condenado a 15 años de prisión por los tribunales cubanos bajo el cargo de espionaje, al que consideró poco peligroso para la seguridad cubana y pidió su liberación.
Cierto desaire se llevaron los grupos opositores que, por separado, descargaron sus cuitas entre las paredes del Hotel Santa Isabel ante un silencioso interlocutor. Menor suerte aún tuvieron los más rancios disidentes como Marta Beatriz Roque y Vladimiro Roca, entre otros, que no fueron recibidos ni mencionados. “Nos multiplican por cero, primero fue España, después la Unión Europea y ahora Estados Unidos”, se lamentaban ante la prensa extranjera.
Carter fue recibido por el jefe de Estado cubano con afabilidad en el Palacio de la Revolución, ahí mismo el estadounidense le confió casi en susurros que ésta era su tercera visita a Cuba. Él ya había estado en la década del ’50, cuando joven y de farra con amigos, se quedaron despiertos 36 horas porque no tenían plata para un hotel. Una confesión entre viejos compinches.
