La disputa por la conducción de la CGT sigue subiendo de temperatura y cada vez aparece más lejana la posibilidad de mantener la unidad dentro del mundo sindical bajo una sola central obrera. Los encuentros producidos durante esta corta semana que pasó sirvieron no sólo para medir fuerzas de uno y cada lado, sino también para descubrir cuáles son las estrategias de cada sector para dirimir la interna. Si bien de acá al 12 de julio –fecha establecida para el Congreso que elegirá nuevas autoridades– pueden producirse muchos cambios, lo que muestra el actual panorama sindical es que como corolario de esta pelea ningún sector saldrá más fortalecido, haya o no fractura.
El oficialismo sigue decidido a cumplir con los pasos estatutarios que finalizan en el Congreso del 12 de julio para renovar el mandato de Hugo Moyano. En esa dirección, el miércoles pasado celebró una asamblea del Comité Central Confederal (CCC) que estableció los puntos a tratar en aquel encuentro. En la reunión en el Salón Felipe Vallese de la sede de Azopardo, quedó definido cuáles son los gremios que acompañan al camionero y cuáles han decidido abandonarlo. A los leales de siempre –Judiciales de Piumatto, Canillitas de Plaini y Dragado y Balizamiento de Schmid–, se agregaron la Uatre de Gerónimo Momo Venegas, los municipales de Amadeo Genta y la Unión Ferroviaria de Guillermo Dangela. El cónclave también sirvió para evidenciar quiénes han abandonado a la actual conducción: no participaron el taxista Omar Viviani, el marítimo Omar Suárez –ambos, además, integraban la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte– Roberto Fernández de UTA y Horacio Ghilini de los docentes privados. Obviamente tampoco concurrieron todos los sectores que abiertamente se oponen a la continuidad de Moyano, con el objetivo de quitarle legitimidad al cónclave. De todos modos, las autoridades del CCC celebraron haber logrado el quórum para sesionar y en su discurso final, Moyano denunció “presiones tremendas” de parte de funcionarios nacionales hacia los dirigentes sindicales para que no participaran.
Uno de los puntos más controversiales tratados en la sede de Azopardo fue la incorporación de 40 nuevos sindicatos a la CGT que estarían facultados para participar del acto eleccionario del 12 de julio. Teniendo en cuenta que cada sindicato aporta por lo menos 2 delegados congresales, Moyano contaría con casi un centenar de nuevos votos para su reelección. La incorporación o no de estos gremios es la cuestión –desde el punto de vista legal– por donde hoy se canaliza la interna gremial. El sector antimoyanista sostiene que para la elección del 12 de julio se tiene que utilizar el padrón aprobado en el último congreso de 2008 y que estos nuevos sindicatos recién tendrán posibilidad de participar en las elecciones de 2016. “Hay muchos compañeros que dicen que tenemos que ir a las elecciones con el padrón del 2008. Si es así, no estamos registrando el notable crecimiento de innumerables organizaciones en el universo gremial que se dieron en estos últimos años a partir de la creación de cuatro millones de puestos de trabajo. Lo que estamos haciendo es incorporar a todos estos compañeros a la hora del debate dentro de la CGT”, argumentó Juan Carlos Schmid, en la conferencia de prensa posterior a la reunión del CCC.
De todos modos, los diferentes sectores que integran la oposición a Moyano no se ponen de acuerdo en el mecanismo a utilizar para obturar esta instancia. El sector de los gordos y el barrionuevismo presentaron el martes pasado en el Ministerio de Trabajo una impugnación a la reunión del Consejo Directivo de la CGT del 24 de abril, aduciendo que dicho cónclave se llevó a cabo sin el quórum mínimo necesario para sesionar. El resto de los espacios que completan el antimoyanismo comparten la invalidez de aquella reunión pero no acompañaron a los gordos y a Barrionuevo en la impugnación ante la cartera laboral. En realidad, quieren evitar que el ministerio que dirige Carlos Tomada tenga que inmiscuirse directamente en la interna de la CGT.
Lo que viene. La posibilidad de mantener la unidad sindical a partir del 12 de julio es una instancia que hoy parece imposible. Sin embargo, pronosticar que inexorablemente se va hacia un horizonte de fractura puede aún ser aventurado. Como se encargan de afirmar de uno y otro bandos: todavía puede correr mucha agua debajo del puente. Desde el bando moyanista celebran que sus contrincantes no logren establecer una estrategia común. “No se los ve tan cohesionados como nosotros, por lo tanto, no habría que descartar que alguno intente volver”, le confió uno de los laderos de Moyano a este diario. Consciente de que ya no cuentan con el poder de otrora, el moyanismo apuesta a que sus oponentes no logren acordar un candidato de consenso y, por lo tanto, no puedan conformar una CGT paralela. El metalúrgico Antonio Caló, el único que desde el sector antimoyanista expresó públicamente su deseo de conducir la CGT, no termina de convencer a los gordos y el barrionuevismo. Por lo tanto, la estrategia post-12 de julio del moyanismo es mantener la dirección de la CGT –a expensas de no contar con muchos de los gremios más tradicionales– pero sin tener otra central obrera constituida enfrente que le dispute el poder. Desde ese escenario, aspiran a hacerse fuerte a través de la liga de sindicatos vinculados con el transporte –la denominada Catt– y desde ahí presionar al Gobierno con la capacidad de fuego que les da la posibilidad de paralizar la actividad que tiene que ver con la traslado de pasajeros y de mercancías. En ese sentido, están avanzadas las negociaciones con los metrodelegados del subte para incorporarlos a la Catt.
El antimoyanismo ya tiene decidido no concurrir al Congreso del 12 de julio. “Estamos analizando convocar a un congreso propio para demostrar que contamos con la mayoría de los delegados congresales”, le señaló a Miradas al Sur uno de los secretarios generales del grupo de los independientes. La tarea pendiente es justamente limar las diferencias para convalidar un secretario general que represente a todas las expresiones.
Mucho queda por definir aún en el futuro de la CGT. Lo que es seguro es que nada será igual luego del 12 de julio.

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