Entrevista. José Pepe Mateos. Fotógrafo
El 26 de Junio de 2002, José Pepe Mateos fue a cubrir para Clarín la marcha piquetera convocada para cortar el Puente Pueyrredón. Antes de salir con su equipo fotográfico, estuvo a punto de calzarse un par de zapatos, pero lo cambió por unas zapatillas. Supo que iba a tener que correr. Horas más tarde, la violenta represión por parte de la Bonaerense terminó con la vida de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Sus fotos (ver pág. 15) fueron incorporadas a la causa y acallaron las versiones que inculpaban de los asesinatos a las propias organizaciones piqueteras.
–¿Cuál es la historia detrás de esa emblemática foto?
–La historia de la foto es lo que pasaba en ese momento. Era Duhalde contra todos: cacerolas, piqueteros, ahorristas. Toda la semana anterior había habido reuniones entre el ministro del Interior, Aníbal Fernández y grupos piqueteros, que pedían planes y políticas sociales más amplias. El planteo de Duhalde era que no quería dejarse ganar más la calle; ese era el pedido de todo el arco político. El tema era no permitir que se cortara el puente. Y las organizaciones piqueteras no podían aceptarlo. Si bien había tensión, no se esperaba que la represión tenga un carácter tan violento. Aunque la del 19 y 20 de diciembre fue tremenda, se esperaban gases, palos, pero nada más. De alguna manera el clima de tensión estaba y todos podíamos presentir que no iba a ser fácil. Pero nadie fue pensando que podía terminar en muerte.
–¿Cómo fue el momento en que hiciste la toma?
–Lo tengo presente porque, por una cuestión u otra, lo tuve que rearmar muchas veces. He ido varias veces después a la estación, y me acuerdo bien de la sucesión de los hechos. Cómo veo el cuerpo tirado de Maxi, cómo llega Darío, que lo mira, y después los policías le tiran. Recuerdo los disparos, el sonido. Y todo lo que sigue después, la persecución. Sucedieron muchas cosas. De alguna manera, sabía el material que tenía porque estaba totalmente consciente de que habían muerto los dos, y que la policía había entrado a la estación. Pero en ese momento, estaba aturdido, muy conmocionado.Volví al diario a las dos de la tarde con unas 200 fotos.
–¿Cómo viviste le repercusión que tuvieron en lo inmediato?
–Yo con Clarín tengo montones de problemas. Pero me parece una banalidad absoluta decir que ocultó el material sin mirar los diarios del 27. El título “La crisis se cobró dos nuevas muertes” es infeliz, impreciso, uno de los peores títulos de la historia. Pero en la tapa está claramente la policía adentro de la estación; y en el interior del diario, le dedica 12 páginas al tema. Podemos coincidir o disentir, pero no decir que postergó la información. En el velatorio de Darío, cuando a uno de sus compañeros le preguntaron qué pasó, lo contó usando como pie las fotos publicadas en el diario, que relataban lo que había sucedido realmente. El día 28, lo que hace Clarín es ordenar todo el material y darle una lógica. Porque la confusión informativa de ese día fue tremenda. En la web, a las cinco de la tarde sale publicada la foto. El día 27, creo que el único que responsabiliza a la Bonaerense fue Página/12. En ese sentido sí se puede reprochar algo, pero no decir que no publicó material.
–¿Creés que la fotografía por sí sola dice mucho más de la realidad de lo que puede llegar a decir un artículo periodístico?
–Totalmente. Primero, por el efecto que tiene, el golpe visual de algo puesto ahí. Además, porque la foto tiene un carácter simbólico muy fuerte. Aunque puede ser engañosa también porque cada uno puede ver e interpretar algo distinto, el peso de la fotografía es muy grande. A veces, el artículo lleva una elaboración que es mucho más larga.
–Personalmente, ¿cómo se sienten estos 10 años?
–A mí me pega porque fue muy importante. Desde lo profesional tuvo una incidencia muy grande: sirvió para anular todo tipo de especulación política. Que el gobierno tuviera que decidir adelantar lo votación… es casi inédito que suceda algo así después de una foto. Por otro lado, desde lo humano: el enorme significado que tienen Maximiliano y Darío como militantes. Creo que con el tiempo uno valora más el significado de sus vidas y de las circunstancias en las que mueren. Darío y Maxi son referentes de pibes que en la adversidad social en la que vivimos tratan de encontrar una dignidad no sólo individualmente, sino con la militancia y el trabajo social. Crean sentido de dignidad para ellos y para el grupo social en el que trabajan. Sus muertes a manos de gente que representa algo tan innoble, oscuro, siniestro –y me refiero tanto los ejecutores concretos, como a los de detrás– me parece de una tristeza inmensa.

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