Le pregunto si era de la Juventud Peronista, y responde: “Yo fui joven. Quería tener amigos y novia, gracias a la militancia conocí gente entrañable”. Hijo de un padre radical y una madre sobreprotectora, a los 16 años empezó a militar en la Juventud Peronista.
En Cómplices del silencio, el actor tuvo que ponerse en la piel de Pablo Pere, un funcionario de la dictadura. “Traté de darle un perfil contradictorio, que es el que siento que alguna gente tuvo. Este personaje terrible, no por nada, es parte de una familia en donde su sobrino, sin ser militante, era muy sensible a lo que pasaba en el país, ubicándolo así en el ojo de la tormenta.”
–¿Cómo trabajaste el personaje?
–Pude disociarme sin conflicto. Nuestra generación tiene muy grabada en la retina, en los olores, en las pieles lo que sentíamos cuando veíamos a esos personajes por la calle. Así que la construcción fue ésa, la de extraer esos recuerdos que todavía tengo encima.
–¿Creés que el hacer películas con perspectiva de derechos humanos ayuda para tomar conciencia?
–Ojalá. De todas maneras me parece que si hoy en día hay gente que no es capaz de ver y de sensibilizarse con estas temáticas, no lo va a hacer nunca, hagamos películas al respecto o no. Hay muchos argentinos que todavía prefieren no ver lo que pasó. Sigue habiendo gente que por ejemplo elige no asumir lo que pasó y ahí se escuchan cosas como "No fueron 30 mil", "No hubo chicos apropiados", etc. Hay editoriales de algunos periodistas que escribieron en esa época que ayudaron a construir ese discurso desde la ceguera, y hoy los seguimos leyendos en los grandes diarios. Los vemos en la televisión.
–¿Qué recuerdos tenés del Mundial ’78?
–Cuando la militancia se empezó a formalizar y había grados, superiores, capitanes, nos parecíamos mucho a un ejército, y yo nunca fui muy bélico que digamos. Me fui de la militancia antes del golpe, pero fui perseguido, pasé por calabozo. El Mundial ’78 fue una cosa bastante psicótica. Éramos concientes de lo que pasaba en el país pero a la vez queríamos que Argentina ganase, entonces había que hacer un trabajo muy fuerte con uno mismo para no sentirse un traidor o no ponerse una venda en los ojos. Fue un tránsito bastante psicótico. No corría el aire puro.
–¿Y hoy? ¿Pleno Mundial 2010?
–Hoy sí corre aire y se abren puertas. La otra vez miraba a Diego abrazando a Estela y me emocionaba. Pensemos que nosotros todavía tenemos muy presente la imagen de Videla levantando nuestra copa. Hoy es diferente, por ejemplo, la ley de medios es una puerta que se abre, y no hay que alarmarse por esos que desean cerrar puertas.
–¿Desde los medios de comunicación?
–Por supuesto. Esto de querer mantener en la oscuridad a la Argentina, esto de querer meter miedo con cada nueva ley que sale, con cada nueva propuesta, legítima, pero es lo único que está quedando en esta época, y además, ¿sabés qué? Es lo último. No hay tiempo lógico natural que los pueda mantener, se están cayendo solos.

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