Entrevista a Marisa Graham. Abogada, especialista en derecho de familia

Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
El acortamiento de los plazos judiciales, la obligación de escuchar al niño durante el proceso adoptivo y su derecho a conocer su origen biológico son los cambios estratégicos que la experta destaca del anteproyecto de reforma del Código Civil.

Qué cambios introduce el anteproyecto respecto a la adopción?
–La reforma es muy importante desde todos los puntos de vista, no sólo acerca de la adopción. Tal como dijeron el titular de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti y la Presidenta Cristina Fernández, el nuevo Código va a resolver problemas de la vida cotidiana de la gente. En el caso de la adopción es un cambio muy profundo del paradigma legal. Es una adecuación del Código Civil a la Convención sobre los Derechos del Niño y a la Ley 26.061, que es la norma que adecua la legislación argentina a ese tratado internacional. Concretamente, uno de los primeros cambios que introduce la reforma es que establece un procedimiento mucho más ágil. Los tiempos en el derecho de familia son lentos y en la adopción también, pero no por el juicio de adopción, tal como se supone habitualmente, sino en las etapas previas al juicio. La reforma regula lo preliminar, que era el momento más largo del proceso de adopción. Ahora se establece el proceso de situación de adoptabilidad, que hoy por hoy no existe en el Código Civil. Esa declaración de adoptabilidad será primero dictaminada por los equipos técnicos de los servicios de protección de derechos, que son los que alojan a los niños que están solos. Los servicios de protección del Estado le van a decir al juez que un niño está solo, no hay familia, o esa familia existe pero no hay posibilidades de que se encargue de la crianza y que puedan cumplir los roles de cuidado, abrigo, amor. La reforma establece un plazo de 30 días para que se resuelva la situación de adoptabilidad.
–Y hoy, ¿cómo es?
–Hoy el juez se toma todo el tiempo que quiere. En el caso de los chicos que no son huérfanos, el organismo de protección es el que decide separar transitoriamente al niño de su familia, se toma una medida excepcional. Se busca a la familia biológica y se trabaja con ella para ver si hay chance de que pueda ser albergado por su familia de origen. Para eso hay un plazo de 180 días prorrogable por otro plazo de idéntica extensión. Esos son los niños que están con medidas de excepción, que son pocos en la Argentina, es el uno por mil de la cantidad de chicos según el censo nacional de 2010. La mayoría de este grupo no son niños para ser dados en adopción porque de alguna manera tiene algún vínculo con su familia biológica. Pero hay un porcentaje que sí lo está, pero no se define rápidamente su situación jurídica, afectiva, vincular y de soledad. El paso del tiempo juega en contra del niño ya que va creciendo y más del 95 por ciento de quienes quieren adoptar anhelan bebés. Lo cierto es que la decisión de dar en adopción a un niño debe ser rápida porque el riesgo que corre es que finalmente, si no ha podido volver con su familia biológica, con los años después tampoco sea deseado por ningún postulante. Lo dijo la Presidenta: los tiempos de los niños no son los tiempos de los adultos y mucho menos de las instituciones.

Marisa Graham está entusiasmada con el anteproyecto de Reforma. Y no es para menos. Ella, junto a decenas de juristas, viene bregando desde hace décadas en ámbitos académicos, estatales y jurídicos para que se incorporen muchos de los postulados legales que la Presidenta anunció. Graham actualmente es directora de Proteccion de Derechos de la Secretaría de Niñez y Adolescencia de la Nación, un organismo que se encarga de amparar y proteger legalmente a los chicos del país que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Es profesora universitaria de Derecho en la UBA y goza de un amplio reconocimiento por su trayectoria. Después de años de militancia vinculada a la protección legal de los niños, ve que sus planteos se convierten en una realidad. Por eso el entusiasmo.
–¿Qué otros cambios propone la reforma del Código?
–Garantiza que los progenitores, sean parte en el juicio de adopción. Se reconoce su derecho al debido proceso. Tienen la posibilidad de decir: “Este niño es mi hijo y quiero hacerme cargo de él”, o bien pueden manifestar su conformidad para que ese niño sea entregado en adopción. Otro cambio fundamental es la adaptación de la ley para evitar adopciones “irregulares”, que posiblemente esconden una transacción del niño, onerosa o gratuita. Ahora hay un artículo que expresamente prohíbe la guarda de hecho. Mediante ella, se entrega el niño por una cifra de dinero o por nada. Además, a la mamá biológica solo le llegan dos bolsas de supermercado, o algunos ladrillos para ampliar su casita, los que se quedan con la torta son los del medio que pueden ser abogados, médicos, remiseros etc. También hay otro desafío que plantea la reforma: tratar hasta las últimas consecuencias de no separar a los grupos de hermanos. La mayoría de las personas que piensan en adopción no lo hacen imaginando en adoptar cinco hermanitos.
–¿Y ahí el proyecto qué dice?
–Dice que en principio no habrá que separar a los hermanos, pero también permite la posibilidad de que un grupo de hermanos pueda ser adoptado por dos adoptantes diferentes siempre y cuando garanticen que se conservará el vínculo fraterno entre los chicos.
Otra cosa muy importante es que se ha amplificado la posibilidad de ser adoptantes. Podrán serlo personas solteras, parejas que conviven y matrimonios igualitarios. Baja la edad necesaria para ser adoptante de 30 a 25 años. Ahora, hay un abanico más amplio y para el juez se hace más sencillo pensar cuál es el mejor adulto para un niño y no al revés, cuál es el mejor niño para una familia. Es mirarlo desde el lugar de los chicos. Toda la reforma del Código representa un cambio cultural sobre qué es la maternidad, cuál es el ideario de maternidad que existe en la sociedad. Cambia ese ideario, la posibilidad de pensar que ya no es “La familia”, sino que son las familias, distintas familias. Se derrumba la idea de la familia mononuclear y consagrada. La norma tiene un impacto simbólico brutal. La posibilidad de que, por ejemplo, pueda divorciarse por la petición de uno solo de los cónyuges, y yo no tenga que decir ni hablar ante el juez de mi intimidad diciendo “mi marido se fue con la secretaria” o “ ya no lo amo”. Hay una etapa de sufrimiento que se acota. Es una profunda reforma que involucra los vínculos primarios del ser humano, mi relación con mi mamá, con mi papá, mi relación con mi hija, con mi hijo, el círculo más cercano del sujeto, los vínculos más fuertes, más permanentes.
–Otro punto que se incorpora es el derecho del niño a ser oído...
–Exacto. Hoy los niños, y adolescentes son incapaces según el Código Civil. Es más, todo el tiempo el Código habla de que “el menor no puede”, de que es un incapaz. Esta reforma ya no habla de menor, habla de personas menores de edad, menor vuelve a ser un adjetivo y no un sustantivo. La reforma rompe con un régimen legal rígido y pasa a uno más flexible, que les permite a los chicos tomar determinadas decisiones sobre su propio cuerpo, incluso a edades más tempranas, sin autorización de los padres. A determinada edad, el niño no sólo debe ser oído obligatoriamente por el juez, sino que además tiene que prestar su conformidad. El derecho del niño a ser oído está marcado de tal manera que si no se cumple con ese derecho a ser oído es nula la adopción.
–Es evidente que el Código Civil venía bastante atrasado respecto de estos temas
–Lo dijo la Presidenta: es un Código del siglo XIX. Yo participé en 1987 junto a un gran sector de la academia y muchos juristas del proyecto para derogar el divorcio contencioso o culposo, y dejar sólo lo que se llama el divorcio remedio. No pudimos hacerlo, no se lograron los consensos en el Congreso para que eso sucediera. Esa era una deuda. No había la madurez suficiente en la sociedad. Esto no tiene que ver con una posición progresista frente a la familia sino que se trata de ver los números. La mayoría de los argentinos cuando se tiene que divorciar lo hace invocando los artículos más rápidos y menos gravosos que encuentra. Lo que hace la reforma es escuchar al justiciable. Si el justiciable utiliza esta vía es porque no quiere sufrir. Por eso la celeridad de los plazos en el divorcio. Esa misma lógica se lleva en todo lo relacionado con los chicos. En el tema de la adopción a mí me parece que se da un salto gigante porque se agiliza el trámite sin perder de vista que el sujeto que tiene que ser preservado es el niño.
–Si lo que hace la reforma del Código Civil es plasmar en su articulado buena parte de los tratados internacionales que ya tienen jerarquía constitucional y que pueden ser esgrimidos en un juicio, ¿qué necesidad hay de semejante reforma?
–Cuando la Argentina ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño muchos constitucionalistas pensaban que al ser un tratado internacional de derechos humanos operativo sólo haría falta una ley que la reglamentara. Eso no sucedió. Incluso hubo fallos de la Corte que ratificaban la jerarquía de los tratados. Sin embargo, no se usaba e hizo falta una ley nacional como la 26.061 que tomó como base ese tratado de protección de los derechos del niño. Recién allí se empezó a utilizar y los jueces comenzaron a operativizar y a aplicar las normas de protección, la 26.061. A la gran masa de juicios que llegan a los Tribunales de Familia se le aplica el Código Civil. Como dice la Presidenta, los procesos superestructurales de codificación, no son ajenos a la política y a la economía, y a las circunstancias que la rodean. La Convención sobre los Derechos del Niño fue ratificada el mismo año que se firmó el Consenso de Washington, ahí aparecen ciertas alarmas. ¿Cómo aplicar la convención en un mundo que imponía políticas neoliberales donde millones de niños quedaban afuera del sistema? Era una contradicción absoluta. Una cosa es pensar en la convención en sus primeros diez años de aplicación, y otra cosa es pensar en la convención en el siglo XXI viendo los procesos de maduración e inclusión social que se vienen dando en los últimos años.

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