Entrevista. Rafael Calviño. Fotógrafo
Además de ser mi trabajo, yo lo seguía a Aldo Rico porque era un personaje que detestaba”, cuenta Rafael Calviño. Corría diciembre del ’87 y para conseguir la fotografía del líder carapintada en libertad condicional, Calviño comienza una persecución automovilística que culmina con una amenaza y una foto inolvidable que recorre el mundo y queda como un símbolo de época.
–¿Cómo recordás esa fotografía?
–Rico estaba preso en una escuela de suboficiales. Yo trabajaba en NA (Noticias Argentinas) y la idea era sacarle una foto cuando saliera en libertad. Llegamos y el lugar tenía el perímetro enrejado. Me había precavido de avisarle esta situación al redactor que me acompañaba y al chofer, para que estuviesen listos para seguirlo. El auto estaba lejos y al momento de la salida no lo conseguí, no había lentes tan poderosos. Entonces seguimos su auto, que iba acompañado de una caravana de simpatizantes carapintadas, creo que era por el camino del Buen Ayre. Me acuerdo que me senté en el asiento de atrás; en esa época no se usaba zoom, sino lente fijo. Decidí poner un lente normal, pensando que podíamos acercarnos, y así fue: su auto lo manejaba un chofer, y Rico iba sonriente. Pero los autos iban en zigzag, cercándonos el camino. En ese entonces la fotografía era analógica, así que no sabía el material que tenía. Suponía que se podía ver algo de lo que había sacado, pero decidimos seguir un poco más. No pasaron más de cinco minutos después de esa foto, que baja de la autopista y otro auto, pequeño, se nos cruza casi hasta tocarnos. Arriba iban dos, y el que estaba en el asiento del acompañante nos apunta. Nos apunta y yo saco la foto a través del parabrisas. En realidad, en el momento traté de bajarme, pero venía un auto de una televisión de una cadena americana, nos chocó, y quedamos paralizados. Y ahí los perdimos. Todo cargado de muchísima adrenalina. Las decisiones técnicas no eran automáticas. La medición de la luz, el foco, se tomaban a priori. Y te podía salir bien o mal.
–¿Y fuiste directo a revelarla?
–Nos fuimos directamente a la agencia. Yo estaba muy nervioso y había que revelar; me acuerdo que un compañero se ofreció a hacerlo. Pero preferí ser yo el que arruinara o no el rollo. Había un solo fotograma. Y aunque las agencias tienen una distribución restringida, NA decidió dar la foto incluso a diarios internacionales. Al año siguiente, esa foto ganó el premio Rey de España.
–¿Creés que una foto puede decir más que un artículo periodístico?
–Es distinto en cada caso. Son fotos de prensa, vistas como tal, y hay una cultura en el hacer de los periódicos y de los lectores. En el contexto adquieren valor. Al momento de disparar actúa la casualidad, pero también cuando uno dispara está toda la cultura fotográfica puesta en ese instante. Uno llega a componer de determinada manera, a tomar decisiones. En esta foto se ve el parabrisas, se ve el volante, hay toda una cosa expresiva que ayuda al impacto. Pero no hubiera modificado la historia si estaba esta foto o no. Las fotos pasan a trabajar en la construcción de la memoria histórica. Algunas tienen impacto en el momento y otras a posteriori, quedando como símbolos de época.

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