“Es una elección decisiva para América latina”

Año 5. Edición número 226. Domingo 16 de septiembre de 2012
Entrevista. Atilio Boron Politólogo.

Estamos en presencia de un gobierno que tiene una enorme capacidad de intervención en los asuntos internacionales porque maneja recursos petroleros excepcionales. Chávez ha sabido traducir esas reservas, las mayores del mundo, en acciones concretas a favor de la integración regional. Que un país de estas características juegue en una dirección determinada no es un dato insignificante”, subraya el politólogo y sociólogo Atilio Boron. Su visión sobre la importancia que tendrá el resultado de las presidenciales que se desarrollarán en Venezuela el próximo 7 de octubre es concluyente: “Es una elección decisiva, no sólo para Venezuela, sino también para América latina”, dice Boron.
–¿Qué implicaría un triunfo de Henrique Capriles, el candidato de la oposición?
–Capriles dijo que si gana se acaba la política petrolera que ha mantenido Chávez. Una política que permitió a muchos países de Centroamérica y del Caribe acceder a recursos energéticos a precios que están muy por debajo del internacional. Capriles es un invento de Estados Unidos. Si gana, hará lo que Obama y Hillary Clinton le digan. No tiene ninguna autonomía. Una victoria de Capriles le permitiría al Departamento de Estado cuestionar severamente la integración regional. No es lo mismo una Unasur con Chávez que sin él. De cualquier forma entiendo que la victoria de Chávez no será tan holgada como algunos vaticinan. Hay que pensar en hipótesis más sofisticadas, no tanto en una casi imposible victoria de Capriles…
–¿Cuál sería esa hipótesis?
–Si Chávez gana deberíamos pensar en una tentativa que podría inspirarse en el modelo Bengazi. Me refiero a la región de Libia, donde Estados Unidos alentó una secesión y desde donde operó para derrocar a Kadhafi. Pienso en el Estado venezolano de Zulia, el más poblado del país. Tradicionalmente, amparó aspiraciones secesionistas. No sería extraño que la oposición, alentada por Estados Unidos, intentara una movida similar para desestabilizar a Chávez…
–Eso implicaría cuestionar el resultado de las urnas.
–Es parte del manual de la CIA. El sistema electoral venezolano es a prueba de fraudes. Lo dijo el Centro Carter. Jennifer McCoy, directora del Programa para las Américas, afirmó que el sistema es mejor, más seguro y más verificable que el utilizado en Estados Unidos. Seguramente, las aguas se encresparán mucho más.
–¿Por qué estima que la relación Wshington-Caracas será más compleja?
–Porque la victoria de Chávez complica a Estados Unidos. La situación es cada vez más delicada en Medio Oriente y en Asia central, donde están sus principales intereses petroleros fuera de México y Canadá. Recuperar el control irrestricto de Venezuela es un imperativo para Washington. El objetivo es apoderarse del petróleo venezolano. A Estados Unidos le quedan reservas para unos quince años y la conversión de su matriz energética puede tardar tres décadas.
–¿Cómo analiza la relación de la Argentina con Venezuela?
–Para la Argentina es muy importante. Nos hemos convertido en un país importador de combustibles. Y eso se refleja en la balanza comercial. ¿Quién nos iba a vender en el marco de un convenio que nos permite pagar en pesos? Pero no sólo nuestro país saca provecho de la relación. Venezuela necesita productos del sector agroalimentario y, lo que no es menos importante, bienes industriales que la Argentina produce. Para nosotros, las elecciones del 7 de octubre y el triunfo de Chávez es un asunto absolutamente fundamental.
–¿Qué se juega en esta elección en el plano de la política interna venezolana?
–Chávez dio vuelta una página de la historia del país. Algo similar a lo que ocurrió en el nuestro después del 17 de octubre con Perón. Para entender el chavismo es imprescindible comprender que Chávez le otorgó rango de ciudadanía a los sectores postergados de la sociedad venezolana. Los incorporó a los mecanismos de decisión. Son sectores que estaban al margen de los beneficios de la renta petrolera. Chávez lo hizo participar. El reparto de esa renta cambió radicalmente con Chávez, y eso fue valorado por el pueblo venezolano; de allí, los muy altos índices de aprobación social que ha conseguido...
–Lo que no quiere decir que esos índices se traduzcan en forma automática en votos…
–No, claro. En Venezuela no hay, todavía, una conciencia cívica plenamente desarrollada. Es la herencia del proceso político e institucional que arrancó tras la disolución de la Gran Colombia, allá por 1830. Ese proceso no formó ciudadanos. Esa brecha entre la aprobación social y su traducción en votos se vio con claridad en el referéndum constitucional de 2007.
–¿Hay un chavismo? ¿Chávez tiene sucesor?
–Quien lo suceda no será igual. Hay dirigentes que pueden tomar la posta; pero estamos hablando de líderes excepcionales. Raúl Castro es un digno sucesor de Fidel; pero no es Fidel. Aunque la generación que tome la posta siga los lineamientos de la revolución bolivariana, será otra cosa. El factor personal es muy importante en la política. No es fácil. Estos procesos siempre tienen ese talón de Aquiles. Hay que tenerlo en cuenta e ir preparando el recambio.

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