La historia de Francia registra una frase histórica de Chateaubriand, que cuando vio pasar a Talleyrand y Fouché, que juntos iban a entrevistar a Luis XVIII después de la caída de Napoleón, exclamó: “¡Ahí va el vicio del brazo del crimen!”. Ahora la tragedia se repite en España, en tono de comedia; para mantener el paralelo, consideraremos la ignorancia como un vicio y la pérdida de soberanía y el saqueo de un país como un crimen.
Los protagonistas son personajes sobresalientes del régimen español. Esperanza Aguirre Gil de Biedma, Condesa de Murillo y Grande de España, fue ministra, presidenta del Senado y desde 2003 es presidenta de la Comunidad de Madrid. A su vez, Luis de Guindos es el Ministro de Economía, fue Secretario de Estado en el gobierno de Aznar y miembro del Consejo Asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y su representante en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Una política y un banquero.
¿Qué ocurrió? La situación de España es conocida y ya nos referimos a ella (Miradas al Sur, 15-07-2012). Pero este episodio sirve para dilucidar las visiones de sus gobernantes: ¿los países europeos se están hundiendo cada vez más en su crisis por ignorancia, o porque, en medio de la crisis, prefieren que se derrumbe la economía global del país si se salva el sistema financiero? Los protagonistas de la crisis europea tienen dosis de ambas; pero siempre prevalece alguna. En el caso de Aguirre, la ignorancia, y para De Guindos, la pertenencia al sector financiero. Veamos.
La ignorancia. La presidenta de la Comunidad de Madrid sostuvo que “la situación es difícil, muy dura”, y que “si no queremos convertirnos en Argentina, con corralito y con inflación del 20% o el 40% hay que rebajar el gasto público”. “Se tienen que acabar los subsidios y las subvenciones, y las mamandurrias (ventajas, prebendas) en general”. Completó su pensamiento, “no hay que subir impuestos” porque “es contraproducente”, y deben bajarse los gastos, “algo tan sencillo que hacemos todas las amas de casa: no gastar más de lo que ingresamos” (El País, 23-07-2012). Estas frases revelan, primero una gran ignorancia acerca del funcionamiento de la economía global en un país, y segundo el desconocimiento acerca de la naturaleza de su actual crisis, que es de insolvencia y no de iliquidez.
En cuanto a la referencia a la Argentina, parece desconocer que el “corralito” a evitar fue la consecuencia de un ajuste económico análogo al que aplica el gobierno español (además, mezcla erróneamente “corralito”" con inflación). Tampoco sabe la señora Aguirre que la política que nos sacó de la crisis fue la opuesta, basada en el ejercicio de la soberanía nacional, la devaluación, la quita del 66% de la deuda y la ejecución de políticas contracíclicas.
En el caso español, el corte drástico del gasto público agravará la recesión, disminuirá la recaudación fiscal e instalará una espiral deflacionaria. De allí que cometa un vicio, que es la “falsedad, yerro o engaño en lo que se escribe o se propone” (Diccionario de la Real Academia).
El crimen. Se considera como crimen a toda violación grave de la ley moral o civil. A nuestro juicio, una de las múltiples formas de cometerlos es declinar la soberanía nacional, salvar a los bancos con un enorme préstamo que deberá pagar el Estado español, privatizar empresas y liquidar al Estado de Bienestar. De modo que la metáfora de Chateaubriand es aplicable.
Los principios básicos que fundamentan las políticas de ajuste son varios. Sostienen, con error: primero, que la crisis es de iliquidez, no de insolvencia; segundo, que debe aplicarse un fuerte proceso de ajuste, en especial al gasto público; tercero, que la prioridad es rehabilitar a los bancos; cuarto, que el ajuste debe ser dirigido por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional); quinto, que conviene infundir el principio moral y religioso de la redención por el sufrimiento.
¿Iliquidez o insolvencia? El ministro De Guindos dijo: “España es un país solvente, pero lo que necesita es tiempo y financiación” (El País, 23-07-2012). Creemos que no es así. Si la crisis fuera de iliquidez, se hubiera tratado de una escasez temporaria de fondos, provocada por un contratiempo inusual, que se subsanaría al poco tiempo, con la vuelta a la normalidad.
En cambio, los casos de insolvencia se producen por la incapacidad para pagar deudas debido a una situación permanente de carencia de medios; por ejemplo, tanto en caso de un país como de un individuo, cuando se vive en base a préstamos que no pueden cubrirse con la actividad productiva, y esa situación no tiene perspectivas de modificarse. Está claro que la crisis europea actual es de insolvencia: muchas familias tomaron préstamos en medio de la burbuja inmobiliaria que son absolutamente imposibles de pagar, y los bancos se los concedieron porque sabían que si algo salía mal, después vendría el salvataje. Como los salvatajes los paga el Estado, su deuda creció rápidamente y su propia solvencia quedó comprometida.
Sin embargo, siguen tratando una crisis de insolvencia como si fuera de iliquidez, con ajustes fiscales y salariales que supuestamente darán lugar al retorno del financiamiento privado. Reeditan la malhadada búsqueda del “déficit cero”, sin entender que los ajustes fiscal y salarial en medio de una depresión económica no hacen más que agravarla, sin obtener a la postre ni el crecimiento ni el equilibrio fiscal ni la confianza. Una situación de insolvencia se soluciona con una reestructuración, una quita de la deuda y un crecimiento económico a un ritmo superior la tasa de interés. Claro que para lograr eso, no sólo España, toda la Zona Euro debería cambiar su política.
El ajuste y los bancos. La política de España fue definida por el ministro De Guindos: la firma del eurocrédito para los bancos va a permitir “iniciar un proceso de ajuste acelerado de nuestros desequilibrios y para eso necesitamos limpiar y recapitalizar nuestros bancos”. Sólo para eso es el préstamo de 100.000 millones de dólares. El Comisario Europeo de Asuntos Económicos ha declarado que “cada euro que se destina a una deuda que crece es un euro que no se puede destinar a gasto productivo”; esos fondos pasarán a contar como deuda y aumentarán el pasivo del Estado (El País, 11-06-2012). Además, el rescate a la banca “está ineludiblemente ligado a duras condiciones macroeconómicas para reducir su déficit público y a la puesta en marcha de reformas estructurales” (El País, 20-07-2012).
En definitiva, la soberanía económica de España está subordinada a la troika, que ejecuta los mandatos del sistema financiero. Este acatamiento fue reconocido por el propio Primer Ministro español en el Congreso de Diputados el 11 de julio de 2012. En el plano político, el sistema financiero internacional pone en la dirección del país o de la economía a algunos de sus antiguos empleados (casos de Italia, Grecia y España; además del Banco Central Europeo, que está dirigido por un ex Banco Mundial y Goldman Sachs). Tanto, que el vicepresidente español de la Comisión Europea ha manifestad su esperanza de que “la troika no se crea que viene a un país bananero” (El País, 11-06-2012).
Para los bancos, el objetivo vale las pérdidas. Una evaluación clásica en estrategia define que en toda acción bélica, la magnitud del objetivo debe valer más que las pérdidas. En la actual crisis financiera europea, el objetivo consiste en salvar a los bancos; y los países gobernados por delegados del sector financiero, han resuelto que ese objetivo vale las inevitables pérdidas que habrá en la política, la economía y la sociedad: declinación de la soberanía, recesión, desocupación, caída del producto, baja de salarios, endeudamiento, desaparición del Estado de Bienestar, el negocio de las privatizaciones y demás calamidades conexas.
Sorprende además la ceguera en la caracterización de la crisis y las medidas adoptadas, cuando existen ejemplos históricos probados acerca de la validez de caminos alternativos, como el de Argentina después del 2003. Claro, se trata de otras decisiones, de otras construcciones políticas y sociales. De otra economía, que privilegia la Soberanía y el empleo. Quizá Chateaubriand diría para el caso español que ve pasar a la ignorancia del brazo de la complicidad.

Tiempo argentino

