“Estoy en los antípodas ideológicos de Mirtha Legrand”

Año 3. Edición número 144. Domingo 20 de febrero de 2011
(NICOLAS ANGUITA)
El actor repasa sus experiencias veraniegas con La cátedra del macho y habla de sus convicciones políticas, de Néstor Kirchner, y la necesidad de llegar con la cultura a los sectores populares

La temporada veraniega empieza a transitar la ruta del final. Pero, antes de preparar las valijas, el público aprovecha los últimos días de sol y descanso. En las playas del sur de Mar del Plata, pasando Punta Mogotes, se formó un espacio de excelentes paradores, donde la privacidad y el buen gusto son las claves de marketing esenciales para atraer más gente. En uno de esos lugares, junto a sus hijos, el actor todoterreno Coco Sily descansa a pleno y distendido. En una charla abierta y franca, dejó sus puntos de vista sobre La cátedra del macho, obra que lleva a cabo; opinó de la polémica con Mirtha Legrand; analizó el fenómeno de Fort y Tinelli; expresó sus puntos de vista sobre la gestión K, dejando algunos reparos con ciertos personajes del Gobierno, y habló sobre la muerte de Néstor Kirchner, entre otras cosas.
–En los últimos tiempos, Mirtha Legrand, con sus opiniones sobre diversas temáticas, estuvo en el ojo de la tormenta. Ahora, las cosas cambiaron gracias a quienes supieron sacarle su máscara. ¿Cuál es su postura sobre el tema? ¿Qué le parece que algunos colegas no quieran ir más a ese envío?
–Estoy en los antípodas ideológicos de Mirtha Legrand. Sin embargo, cada vez que me invita voy gustoso al programa. Se equivocan aquellos que piensan que es el enemigo y la boicotean. A esas personas no los vi en la militancia. Siempre que fui y me habló del gobierno kirchnerista yo le contesté y la confronté sin problemas. Jamás me dijeron que no dijera tal o cual cosa en su ciclo. Es un programa frívolo, y si de las diez preguntas que me hace, dos tienen que ver con el tema político, digo con claridad que apoyo a esta gestión. Si está de acuerdo, bárbaro; si no, lo discutimos.
–En cada época del país existieron actores a los cuales se los asocia al gobierno de turno. ¿Eso pasa con usted en la era K?
–Nunca tuve una ligazón laboral con el Estado, salvo el paso por Canal 7 con el ciclo Compatriotas con Daniel Aráoz, donde ganábamos poca plata. Incluso, eso consta en los contratos artísticos de la emisora que se pueden consultar. Por otro lado, al mismo tiempo también estaba en la tira Los Roldán. Nosotros, con Daniel, hicimos seis conducciones de actos populares y jamás cobramos un mango, y estuvimos desde la militancia, en especial desde la primera etapa del Gobierno.
–La ausencia de un cuadro de la envergadura de Néstor Kirchner, ¿qué le provoca?
–Tuve el gusto de conocerlo y su pérdida me impactó mucho. Néstor supo acompañarnos bastante en el proyecto de la Sagai (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes), que es una entidad que protege los derechos de la imagen de los actores, y era un viejo proyecto que pudo hacerse tras muchos años de lucha. El ex presidente fue el único que nos recibió cuatro veces a los actores, y posteriormente firmó Cristina el decreto que puso en vigencia esta ley tan importante para los actores. Con respecto al panorama político, hay una estructura sólida. Cristina es un cuadro político impresionante y escuchándola te das cuenta de que hace años no teníamos alguien así. Es una mujer absolutamente preparada para ejercer la política.
–¿Qué recuerda de Néstor?
–Lo gracioso que era. A mí me hacía reír bastante. Un día presenté un acto suyo y lo hice después que él brindó su discurso. Más tarde, yo debía volver al escenario para hablar. Al bajar, él me saluda y me dice “Te los dejé calentitos…”. Era un hombre que no le tenía miedo a nada. El despertar de la militancia en los jóvenes tiene que ver con eso, que haya existido alguien que no le temía a nadie. Por eso, en su despedida, la Plaza de Mayo estaba llena de gente. Yo estuve con mis hijos ahí y ellos me preguntaron “¿Qué pasa que tanta gente llora?”.
–¿Qué les explicó?
–Tengo hijos chicos y les dije que se murió un hombre que representaba ciertos ideales populares, y eso generó una sensación de amor hacia esa persona, y por eso había tantos ciudadanos llorando.
–¿Hasta dónde cree en este modelo?
–Creo en el modelo en su generalidad y hay particularidades que las discuto. Por ejemplo, algunos personajes que no le han hecho bien al Gobierno. Sin embargo, apoyo una gestión que distribuye y produce, que usa la palabra popular en el buen sentido y donde hay un gran lugar para los derechos humanos. Estas cosas, y mirar quiénes están en la oposición, me redefinen como una persona que apoya esta gestión.
–¿Todavía falta una “revolución cultural” en el país?
–Hay cierto cholulismo en el Gobierno que no me parece atractivo. No es lo mismo estar con alguien que te acompañó y milita. No pueden estar todos en el mismo parámetro. Cuando veo ciertos compañeros que conozco de donde vienen, y que hasta estuvieron en contra, y ahora apoyan a Cristina, me pone contento. Pero el Gobierno debe revalorizar lo popular profundizando proyectos en los barrios, provincias, etc. Me parece que falta un plan popular de cultura donde la gente acceda realmente a sus artistas desde una opción estatal.
–Su paso por el ciclo televisivo Animales sueltos dejó mucha tela para cortar durante el año pasado: sus polémicas con Ricardo Fort, la partida de Pamela David, entre otras cuestiones. ¿Fue un año movido?
–El envío tiene un muy buen origen donde todos somos amigos con el conductor Alejandro Fantino y con el productor general Juan Cruz Ávila, entre otros. La propuesta no tiene otra expectativa más que entretener a la gente cuando se va a dormir. Me parece que está bueno como idea. No tenemos otras ambiciones. Las cosas se complicaron porque competir contra Tinelli y su rating nos obligó a realizar cambios para sostener el producto. En algún momento se desvirtuó el programa tratando de sacar más puntos de rating para subsistir.
–¿Considera que Animales sueltos es un ciclo de los denominados “satélites” de Showmatch?
–No tanto. Mantuvimos nuestro living donde se encuentran amigos para charlar de la vida con amigos, nada más.
–Tuvo idas y vueltas con el mediático Ricardo Fort, en especial por su forma de pensar y actuar en la vida. ¿Qué sucedió?
–No tuve una buena relación con Fort, ni tampoco muy mala, no me gustó de entrada. Es un personaje con el cual no me sentaría a comer. No me agrada la ostentación desmedida y la justificación de ese accionar en la vida. Si ideológicamente querés justificar la ostentación, sos un berreta. Es un personaje que ha tocado temas con un gran desconocimiento, yo le pegué palos cuando habló de seguridad, de cárceles, etc. Allí uno dice “si este muchacho habla estamos en el horno…”. Además, tiene esa cosa de creer que sabe de todo. Indudablemente, posee un componente emocional e intelectual complicado, pasa del Rolex a hablar del universo sin ningún tipo de problemas.
–¿Cuál es el análisis que hace de las razones por las cuales el público compra el personaje Fort?
–Nosotros fuimos los primeros en llevarlo a la pantalla chica en Animales sueltos y el rating en aquel entonces subía muchísimo. Ahora ya no hace tanta diferencia con su presencia y creo que nunca hubo en la TV un personaje como él. Es un millonario en serio, eso llamó la atención y fue la curiosidad de conocer a ese mediático tan especial y adinerado.
–¿Cómo encuentra la televisión de estos días?
–Hay ciclos como el de Marcelo Tinelli donde armaron un show del carajo con una producción enorme e importante. Tal vez, no me gusta cuando allí se excede lo artístico para pasar a la pelea mediática con dureza. Claro que hay personajes que son excepciones como Jacobo Winograd, Guido Suller, Zulma Lobato, quienes me hacen reír bastante. Por otra parte, me choca cuando aparecen temas del estilo del sida, la violencia de género, la discriminación, ahí se van a la mierda. Pero también me gusta mucho la señal Encuentro con todas sus propuestas. Encuentro, a diferencia de Canal á, es mucho más popular. En Canal á, todo aquello que tuviera que ver con lo popular era un híbrido, como el suplemento de espectáculos de Clarín. Encuentro está ocupando un lugar que no tiene Canal 7 y que debería tener. Por ejemplo, el ciclo del Chango Spasiuk es excelente. Igualmente en TV puedo ver a Tinelli, Rial, etc.
–Su propuesta teatral La cátedra del macho conlleva un título cómico pero realista en algunos aspectos que aborda. Con toda la experiencia actoral y personal que tiene, ¿sobre qué piensa que dan cátedra los machos?
–En mi caso, hablo de códigos, sin tener nada que ver con la connotación sexual. Se tocan temas como el barrio, el aputasamiento generalizado. La idea es narrar los cambios de cosas que vienen pasando en los últimos años en nuestra sociedad.
–¿Cómo es la recepción de la obra?
–Con el espectáculo llevó más de tres años y a lo largo de ese tiempo hubo varias conclusiones. En un principio, pensé que me verían sólo varones porque era muy emblemático el título de la puesta. Sin embargo, ya asistieron más de 160.000 espectadores, y te aseguro que, fácilmente, 90.000 fueron mujeres.
–¿Qué condiciones suyas le dan ese plus extra que atrapa por igual a varones y mujeres?
–La familiaridad que tiene la gente conmigo. Me colocan en un lugar afectivo cercano a ellos. Me saludan a mí como lo hicieran con un amigo y eso excede todo.
–¿Esa virtud tiene que ver con el estilo de personalidad suya sumado a un personaje muy ligado a la TV?
–Son una serie de factores, pero estar ligado a la televisión ayuda bastante. Es un medio que amo profundamente. Jamás despotricaría de la TV. Me parece que ese medio es de altísimo nivel con mucho contenido.
–Hace poco le pasó algo inédito en una función de La cátedra…: se cortó la luz y siguió igual adelante con algunas linternas. ¿Qué recuerda de aquella noche?
–Mi espectáculo es totalmente descontracturado y hasta mis hijos cierran el show. En una función se cortó la luz y durante media hora trabajé sin luz. Por supuesto, la gente no tenía ganas de volver otro día, y yo no te regalo una entrada por nada del mundo. Por ende, usé las dos linternas de las acomodadoras y me mandé, seguí adelante y los espectadores me lo agradecieron.
–Otro hecho especial de la temporada fue el festejo de su cumpleaños con un regalo por parte de su hija al terminar una función en el escenario de la sala teatral…
–Fue algo maravilloso. La sala estaba casi llena y llegó mi hija con una torta para mis 47 años. No puedo pedirle más a la vida, hago aquello que me gusta, tengo a mis hijos bien, gano plata haciendo lo que me agrada, ¿qué más puedo pedir? Soy un privilegiado.

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