Estrujenrajen
Por si allá, en lo más alto de la palmera, quedare algún estúpido imberbe que no lo conozca, el añejo chiste era así:
–¿Sabés como se dice bondi en alemán?
–¿…?
–Subanpaguenempujenestrujenbajen.
A los efectos de la presente se trocará bajen por rajen, de modo de incursionar en subanpaguenempujenestrujenrajen.
Gracias por la comprensión.
Sois un público maravilloso.
Bien.
Dicho lo cual, se comenzará por el pasado jueves 22 del corriente. El pasado jueves 22 del corriente, siendo aproximadamente las 15, ya la Ciudad aparecía semidesierta. Con una notoria excepción: todos aquellos que aún no se habían subanpaguenempujenestrujenrajen de Buenos Aires estaban en el subte, línea D, estación Plaza Italia. Ya fuera por acuerdo, desacuerdo o negligencia compartida entre metrodelegados y empresa, el subte corría cada siete horas y cuarto. Es decir: iba algo repleto. Gracias, Buenos Aires, por ese regalo del día jueves 22 del mes en curso, cuando aún faltaban kilómetros de recorrido para el asueto del viernes y el sábado de Navidad. Gracias también a nuestro sistema ferroviario por los que se clavaron esperando al Gran Capitán, allá en Lacroze y soñando con Posadas.
Razones para ir entendiendo por qué subanpaguenempujenestrujenrajen.
Viernes. Tres cuartos de desierto. La parte de humanidad aún radicada en Capital decidió concentrarse en lugares de compras, shoppings, avenida Córdoba: las escenas oscilaban entre lo dantesco y lo abominable.
Sábado. La Ciudad se hizo definitivamente posatómica. Nadies, pero nadies de nadies, tipo después del mediodía. Los sobrevivientes apenas si asomaron furtivos como para desplazarse (sábado 24, entre las 20 y las 21.30) de casa a una joda, en algún caso de casa al infierno. Y luego de vuelta; acaso una vuelta lamentable.
Entre viernes desierto y domingo de páramo, la tele se puso afable, dulce. Cero política excepto por los (cada vez más sistemáticos) embates oficiales a los medios y a cambio un ancho repertorio de boludeces menores: los videos más vistos del año (un perro cuyo amo hacía sufrir hablándole de la carne que no le iba a dar, un gato saltando al vacío por pifiarle a la terraza), panaderos solidarios, el estado del tiempo en General Acha, una versión ensordecedora de la Misa Criolla a cargo de Los Huayras y la orquesta sinfónica de Salta.
Seguramente también es por estos fenómenos singulares que mucha gente opta por subanpaguenempujenestrujenrajen de Buenos Aires.
Toda esa ternura babosa de villancico se quebró ni bien Dios vociferó estas palabras sobre lo que quedaba de nosotros: “¡¡¡Es lunes, hijos de puta!!! ¡¡¡Arriba!!!”.
Fue el fin del dulzor vacío porque bien de madrugada las cadenas noticiosas encontraron el camino de retorno a la normalidad. Y fue porque hubo muertes, muchas muertes. Muchas muertes en accidentes viales y muchas víctimas por uso tonto de pirotecnia, incluyendo al cretino que se mató injertándose un rompeportones entre los dientes (un tres tiros en realidad, pero rompeportones tiene el sonido adecuado). Tenemos la bendita suerte en este mundo de que son millones los giles que se retratan mediante sus celulares cometiendo todo tipo de gansadas. Quizá sea ese conjunto impreciso lo que llamamos “TN y la gente”, cuyo derivado financiero es el (otro) tipo que se quemó la mano por sostener la cañita voladora. Quizá sea lo que TN concibe como la gente. No importa. Sí importa que subir al aire (que es libre) esas sandeces para llenar noticieros implica cero costo de producción y podemos achicar personal.
¿Serán estas cosas motivo mínimo pero adicional de subanpaguenempujenestrujenrajen?
La cuestión es que veníamos de las deliciosas navidades (la cunita del Niño tibia aún en el pesebre) y aterrizamos estrepitosamente, con 12 muertes en las rutas y quichicientos heridos (más un muerto) por cohetería. Un cuadro social más bien fulero que al menos tiene la virtud de salvar y justificar la programación.
Ahora bien, sugeridas que fueron algunas razones, ¿por qué en definitiva tanto verse obligado a subanpaguenempujenestrujenrajen de Buenos Aires? Hermanos: la gente huye, se fuga, se evade, deserta, se hace humo, abandona y se toma el piro con una desesperación digna de encomio. ¿Por qué la diáspora tremenda? Evidente: porque la pasamos para el orto en la Ciudad. ¿La culpa es de Macri? ¿O será que el kirchnerismo debe subir el piso de sus utopías y realizaciones? ¿Esto se cura con sintonía fina?
La culpa debe ser de alguno de los dos gobiernos o de ambos, si cada vez que uno ve una pareja más o menos joven en donde sea, pero lejos de Buenos Aires, hay uno (una) que le dice al otro (otra):
–Amor, ¿no te gustaría mandar todo a la recontraconcha de su hermana y venirnos un tiempito acá?
Hay otra versión posible. Raja la humanidad capitalina, pero raja por militante. Fuga, huye, se evade, se hace humo, emigra y se va de cuadro. Y hay que felicitarse a los abrazos, compañeros, porque todos estos que subanpaguenempujenestrujenrajen pueden hacerlo sustentados e impulsados en pura prosperidad kirchnerista. Con la paradoja siguiente: la prosperidad es precisamente aquello de lo que rajamos; movimiento económico, consumos miles, boom de la construcción (taladros, grúas derrumbes, apretújez, contaminación), boom de la industria automovilística (humo, ruido, choque, frenada, bocina, dónde mierda estaciono).
De todo eso, también, cómo no, subanpaguenempujenestrujenrajen. Pero a no confundir maliciosamente, compañeros. A no hacerle el juego a Caparrós. Porque nada que ver con el voto-cuota. El caso del voto-playa (es tan obvio que no se necesitaría explicarlo) es un acto consciente de clavar la lanza de la sombrilla en la arena para afirmar nuestra soberanía atlántica. Y en tolerar la música de cuartetazo que suena al palo junto a un riacho cordobés reside nuestra aceptación de lo genuinamente nacional y popular. Y así como con el voto-playa, lo mismo sucede con el voto-laguna o el voto-Paraná. Boga, bagre, pejerrey o dorado, nuestro rajar de Buenos Aires es construcción de federalismo.
Subanpaguenempujenestrujenrajen es, por lo tanto, nuestra identidad, nuestra apuesta, nuestro proyecto, nuestro futuro.
A soplar los patitos inflables. A revisar las cubiertas del auto. A pedir un descuento en ese dos ambientes en Las Toninas. ¡Fuerza todos!
Subanpaguenempujenestrujenrajen, compañeros. La empresa es alta, clara la divisa.
Y a no atrasarse. Que no les suceda como a José Larralde, a quien nadie salió a despedir cuando se fue de la estancia. Sólo el ovejero. Un perro nomás.
