Fibertel sigue la campaña sucia

Defensa del Consumidor podría sancionar a la desaparecida proveedora de Internet.
Cablevisión sigue de campaña alarmista pero sumando abonados. Quién es su CEO, el contador Carlos Montini.

Caduca la licencia de Fibertel, Cablevisión sigue teniendo otras cuatro licencias de telecomunicaciones. Sin embargo, y a pesar de que continúa brindando el servicio de Internet a través de una de ellas, la empresa prefiere seguir alarmando a sus clientes y profundizando una campaña que roza la publicidad engañosa. Incluso, la Subsecretaría de Defensa del Consumidor de la Nación podría sancionar a la desaparecida proveedora de Internet, como consecuencia de una campaña publicitaria donde la marca garantiza que continuará brindando sin problemas el servicio a sus clientes.
Esta semana, el gerente general de Cablevisión, Carlos Moltini, confirmó que la compañía de banda ancha del Grupo Clarín sigue sumando clientes a través de otra licencia.
A principios de agosto, la Comisión Nacional de Comunicaciones había informado a la cablera que no podría suscribir a nuevos clientes de acceso a Internet a través de Fibertel ni cambiar las condiciones de contratación de los mismos. El argumento fue que, disuelta la sociedad como persona jurídica –y absorbida por Cablevisión–, esta última continuó ofreciendo irregularmente un servicio no compatible con la legislación vigente. La decisión definitiva llegó más tarde, cuando el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, denunció la actitud ilícita por parte de Cablevisión y anunció la caducidad de la licencia de Fibertel a partir de la firma de la resolución 100/2010.

Moltini, el factótum del conflicto. El contador Carlos Moltini es el CEO de Cablevisión y fue el CEO de Multicanal. Es actualmente la cara visible de la empresa para dar explicaciones luego de la caducidad de la licencia de Fibertel. Su rol fundamental proviene de la década del ’90. En aquel entonces Multicanal era la empresa de video y Prima era la división digital del Grupo Clarín que, entre otras empresas, englobaba Ciudad Internet, Flash, Vontel (primera incursión del Grupo en telefonía IP) y otras más. Esta división funcionaba en un edificio en la calle La Rioja, en el barrio de Once.
Desde un comienzo, el gerente general de Prima, Alejandro Mondrzak, y Moltini tuvieron rispideces. Moltini consideraba el negocio digital y de Internet, un negocio menor, un “negocito”. En tanto, el líder de Prima consideraba a los cableros como una industria menor que sólo serviría con el tiempo para darle la conectividad a su sector.
Cuando finalizaba la década del ’90, con el gobierno de Fernando De la Rúa, y luego de varios negocios frustrados (como su asociación con Direct TV), miraron hacia otro lado. Habían vendido CTI a Verizon y transferido la asignación de frecuencias inalámbricas en forma dudosa por parte del secretario menemista Germán Kammerath, liquidando estas frecuencias.
La firma del Decreto 764/2000 (curiosamente el mismo decreto desregulatorio que le da al Gobierno los elementos para defender a los consumidores de la ilegalidad de Fibertel) abre un nuevo horizonte: la convergencia del cable hacia las telecomunicaciones, con redes propias.
Ya a mediados de los ’90, Moltini había firmado con un tercerizador para montar cable módem, sin demasiada esperanza y con la convicción de que sería “un negocio que no iba a prosperar”. Este cambio regulatorio y el avance de Cablevisión –que lanzó Fibertel en 2001– precipitó la estrategia de convergencia.
Así, los cables comprados y los que adquirirían luego constituyeron la extensión del negocio del Grupo. De esta manera, quien consideraba que lo digital era un “negocito”, se transformó en un converso de la digitalidad. Las arcas de Clarín encontraron un plus de ingresos empujado por la falta de venta de pliegos de cable, sostenido por el lobby feroz, y favorecido por una regulación del gobierno de la Alianza. Quien había calificado de “negocito” a Prima, aumentó la presión sobre ésta, la arrinconó, hasta que en 2006 –fusión de por medio– acabó con el edificio de La Rioja y con su contendiente.
Los resultados y el rol de la convergencia lo convirtieron en el mejor elemento para “puesta en valor” del Grupo, que gracias a la fuerza del lobby y la extorsión de los medios, logró el control de los cables y de la banda ancha.
La estrategia de Moltini, su desprecio constante hacia sus socios, competidores y áreas compañeras, con el respaldo de Héctor Magnetto, le permitió decidir las estrategias de negocios. Fusionó las empresas a toda velocidad, compró cables sin denunciar la participación, asfixió económicamente a cableros del interior, les quitó servicios. Y lanzó la marca unificada, luego de que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia comunicara al Grupo que la fusión no marchaba, desafiando la ley con Fibertel.
El voluntarismo de Magnetto, la coyuntura de los mercados y la violencia de Moltini fueron la génesis de una confrontación que hoy tiene de rehenes a los clientes de cable y de Internet. Pero poco a poco quienes fueron sus siervos de gleba, callados y temerosos de cualquier iniciativa de cambio, hoy le quitan su fuerza. Ven que el intento de este Gobierno no es otra vez un negociado para apoyo de medios, sino una decisión de democratizar la comunicación y eliminar la brecha digital. Moltini no vio esto. Su pedestal de cobre lo hizo tropezar y poner en estado de guerra a una empresa.

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