Pido a la vida, pido a Dios, a los porteños y porteñas, con todo el corazón, que nos den la oportunidad de demostrar que se puede terminar con la indignidad de la Ciudad de Buenos Aires”, gritó Daniel Filmus junto a Carlos Tomada en la mal llamada Villa 31 de Retiro, al lado de vecinos, recorriendo casas, tomando mate con ellos. “Nosotros sabemos que nuestro verdadero triunfo electoral no va a ser el 31 de julio. ¡Será el día en que este sea un barrio para todos!”, afirmó el candidato a vice jefe de Gobierno.
El frío no impide que ciertas cosas sucedan. A cielo abierto, Filmus y Tomada recorrieron la 31. El proyecto de los candidatos a jefe de Gobierno es bautizarla, para siempre, Barrio Padre Mugica. Allí, donde viven más de 120.000 personas provenientes de toda Latinoamérica, donde predominan los negocios propios, las construcciones precarias y las fachadas de colores, la propuesta es concreta: que sea un barrio, que se urbanice, que se pueda reflejar la dignidad, el laburo y la cultura de todos los que allí viven.
Desde la mañana temprano del sábado, más de 2.500 personas pasaron por varias de las carpas montadas por los diferentes ministerios de la Nación. Hay quienes hacen y quienes renuevan su DNI; desde la Anses, decenas de mamás se acercaron para tramitar la Asignación Universal por Hijo, también muchas embarazadas. La Dirección de Migraciones brinda asesoramiento a ciudadanos extranjeros, y los chicos están todos reunidos mirando películas nacionales, acercadas por el Incaa; sin olvidar a los puestos de atención sanitaria que realiza exámenes y radiografías para todos. Una vez más, el Estado se acerca a quienes más lo necesitan. Este programa, Ciudadanía e inclusión, ya se había llevado a cabo en la Villa 21-24 y en Lugano. Ahora, llegó a la 31, muy lejos de aquellas fachadas pintadas de colores para atraer el turismo que deja el actual gobierno porteño, y muy cerca de esa gente con sus puestos de comidas típicas, ropa y libros, en donde no dejan de laburar, pase lo que pase. “Estamos trabajando con los vecinos para ver qué necesitan, cuáles son las cosas a las que no tienen acceso”, asegura Ana Casal, subsecretaria de Planificación Estratégica del Ministerio de Justicia y DD.HH. de la Nación. La gente está contenta en serio. No están ahí para salir en la foto; están para sacar su DNI, para tramitar la AUH, para conseguir empleo, para enterarse que sí se pueden asfaltar las calles.
“¡Es una fiesta!”, repiten con una sonrisa imparable los pibes de La Cámpora, de Los Descamisados, los militantes que acompañan a los candidatos a recorrer cuadras adentro de ese lugar tan temido por otros. Sí, también resuenan en todas las casas las trompetas y timbales de las cumbias del norte. Una mujer lleva con orgullo su bandera boliviana, les agradece el reconocimiento de su comunidad. “¡Filmus, Tomada, Cristina a la Rosada!”, y el cantito unifica. Bombos y redoblantes dejan las manos coloradas cuando se descubre el mural pintado con el Nestornauta. Así quedaba inaugurada, durante la recorrida, la colectora Néstor Kirchner. Las paredes están pintadas con grafittis. “En esta casa vive el Padre Carlos”, dice alguien. Y la cara de Mugica, que no podía estar ausente, una vez más vuelve a brillar.
La presentación de la maqueta del barrio por venir, ideado por arquitectos, sociólogos, antropólogos y politólogos de la UBA junto a los vecinos, provocó más de una lágrima de emoción. “¿Quién puede votar acá al PRO, que miró para otro lado durante estos cuatro años? El Estado está para proteger, ayudar y trabajar, no para defender el negocio de unos pocos. Tenemos la autoridad y dignidad de ser parte del gobierno de Néstor y Cristina”, cerró Filmus. El barrio del cura Mugica asintió con esperanza.

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