Hacer del asesinado un mito

Año 5. Edición número 190. Domingo 8 de enero de 2012
Soria y Weretilneck, juntos. el segundo necesitará apoyo nacional.
La muerte violenta de Carlos Soria, quien sólo pudo gobernar Río Negro por 20 días, está siendo utilizada desde el poder político y mediático, tanto para sostener su figura como la estabilidad del proyecto que lo llevó al poder.

La construcción del relato políticamente correcto sobre la muerte de Carlos Soria camina por el estrecho andarivel que impone la edificación del mito político y la salvación de la familia. Las alternativas se contraponen: un Soria mártir, víctima, demoniza a la mujer, Susana Freydoz; en tanto, blanquear una relación intrafamiliar violenta socava los cimientos de la estatua de barro que la política comienza a erigir en Río Negro.
Un tridente detalladamente elegido lleva adelante la tarea de sostenimiento del mito, y el ocultamiento del contexto personal y familiar en el que se dio el homicidio: el hijo de Carlos Soria, Martín, ex legislador y actual intendente de General Roca asumió la vocería familiar; el psiquiatra, presidente del Concejo de la misma ciudad y amigo del matrimonio Soria-Freydoz, Luis Di Giácomo, asiste a la viuda y comunica sus pareceres médicos a los medios; y finalmente el diario Río Negro –poderoso medio del alto valle provincial, defensor de los intereses económicos de la fruticultura, y uno de los pilares de la campaña de Soria–, colabora con la construcción de la leyenda.
De hecho, la elección del abogado que defiende a Freydoz no es casual. Alberto Ricchieri es sobrino de Julio Rajneri, propietario mayoritario del matutino, abogado y heredero de las acciones de Perla Silvetti, ex esposa del Rajneri, fallecida este año. Sus cuidadas intervenciones responden más a una estrategia político-comunicacional que profesional. Nunca dijo públicamente, por caso, lo que fuentes de Tribunales confiaron a Miradas al Sur que el profesional expresó ante colegas: “No me voy a inmolar, no la voy a acompañar (a Freydoz) al cadalso para salvar a Carlos Soria”.
La dolorosa realidad pone al establishment político y comunicacional de la provincia en un aprieto. La emoción violenta como atenuante, producto de una ingesta abusiva de alcohol y medicamentos, y hasta la eventual insanía de Freydoz, son los atajos más útiles a los intereses de los hijos del matrimonio y del proyecto político que llegó al gobierno provincial el pasado 10 de diciembre. Ese fino equilibrio evitaría mostrar a Carlos Soria como un hombre prepotente, autoritario y hasta compatible con el prototipo de marido violento; y expondría a la viuda como una pobre mujer que aquella madrugada sufrió un brote psicótico o una hasta ahora desconocida dolencia mental.
Desde el gobierno provincial, el sucesor, Alberto Weretilneck, ya dejó en claro que su gobierno será el del “justicialismo” y no el del Frente Grande, partido al que pertenece, y que llegó en alianza al triunfo electoral, luego de 28 años de victorias radicales. Su cuota parte en la edificación del mito tiene además como justificación la necesidad de consolidar poder. “Yo no tengo proyecto, mi proyecto es el de él”, dijo. En su discurso de asunción, fue más allá de lo previsible y comparó la figura de Soria con la de Néstor Kirchner. Se trata de dirigentes que, vale decirlo, mantenían una visible distancia, y solapada enemistad política.
El único parte oficial del gobierno rionegrino relacionado estrictamente con el hecho, habló de “accidente doméstico” por la “manipulación” de un arma. Nadie habla de posibles situaciones previas de violencia familiar; no se menciona críticamente la pasión por las armas que no ocultaba el mandatario; así como la red de relaciones políticas y sociales derivadas de su paso por la Side duhaldista, y la cantidad de secretos que se llevó a la tumba en relación al atentado contra la sede porteña de la Amia y los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Uno a uno. Martín Soria, fue, desde el primer momento, el hombre fuerte de la familia en destrucción. Compungido sí, pero firme y sin dudas, expuso el relato oficial que incluyó la idea de accidente doméstico, y angelización de los protagonistas del hecho. “Fue una noche normal”, dijo al juez en su declaración testimonial según contó a la prensa. Martín, el elegido, llegó a la candidatura a intendente sin internas en el justicialismo, heredero, ya a principios de 2011, del futuro hombre fuerte de la Provincia.
El novel poder político –que tras 28 años de frustraciones llegó al gobierno el pasado 10 de diciembre y cuenta con mayoría propia en la Legislatura– destinó a Martín Soria la tarea de mantener vivo el “legado” de su padre. Será prenda de unidad del partido Justicialista, liderado por el senador nacional Miguel Pichetto. En los papeles y hacia el afuera, una conducción bicéfala que tendrá su debut este lunes cuando ambos dirigentes acompañen al gobernador Weretilneck a Buenos Aires. Hacia adentro y en la cotidianidad del poder, el hombre fuerte será Pichetto.
La intervención del psiquiatra Di Giácomo –reconocido profesional de extensa conducta política y comunitaria– parece en tanto guardar como objetivo “humanizar” a Freydoz para evitar su escarnio público, lo que derivaría en un duro golpe político contra la familia. Sus aportes extrajudiciales pero mediáticos, fueron resaltados por el diario Río Negro, la tercera pata del acuerdo no firmado de salvataje de los Soria.

Le llaman "firmeza". Desde la madrugada del domingo, el matutino –y su extensa red de influencia sobre la agenda mediática de una provincia concentrada comunicacionalmente– se encargó de resaltar el carácter “firme y enérgico” del ex mandatario, por sobre su autoritarismo latente y patente; humanizó a través de anécdotas a un dirigente investigado por la masacre de Avellaneda; y filtró por el cristal de la real-politik el sinuoso andar de Soria por la amplia banda ideológica de los extremos menemista y kirchnerista (no es el único ejemplo de supervivencia política a esos dos modelos, claro).
El periodista del diario Río Negro y amigo personal de Soria, Carlos Torrengo, resalta su compromiso por el combate contra la pobreza, y concede: “La muerte de Carlos Soria dejó a la intemperie muchos sueños de rionegrinos. Quizá por la simple razón de que no rehuyó nada de lo que exige el compromiso con la gente, único sentido de la política. Sí, no todo fue virtud en él. Pero sí la franqueza, jamás abundante en política. Ahora, la leyenda. Con sus oscuros… Con sus claros…”.
El mito en marcha.

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