Hinchada, hinchada hay una sola

Rafael Di Zeo. Su regreso a la cancha calentó la interna. (TELAM)
La 12, siempre disfrazada de pasión y de aguante, es un fierro caliente para el fútbol argentino. Ayer, hoy y siempre.

La adrenalina de su adolescencia le pedía acción al pibe de Lugano, que se había cansado de ir a la platea. Tenía catorce años y su sueño era estar con la barra de Enrique Ocampo, “Quique, el carnicero”, alentando al Boca del Toto Lorenzo. Pero el líder no daba lugar a jerarquías menores. El chico decidió quedarse en la incipiente banda que se estaba formando a la derecha de donde estaban las banderas, liderada por un italiano de Catanzaro, llamado José Barrita. Corría 1978, Rafael Di Zeo tenía 14 años.

El Carnicero. La hinchada de Boca había tenido tradición peronista, cuestión que –con las diversas mutaciones del partido–, estuvo presente en la tribuna. Cuando Armando ganó las elecciones en 1959, advirtió que era importante tener a ese grupo cerca. Eran 50 hinchas, liderados por Quique, los que alentaban en todas las canchas, a costa del dinero que sumaban de los futbolistas y por las entradas regaladas por los dirigentes. El estrecho vínculo de Quique con la Policía Federal, le permitió entrar gratis a las canchas. Así nacía la reventa.
Según Gustavo Grabia, en su Libro La Doce, la verdadera historia…, la centralización del poder de Quique fue lo que lo desbarrancó. Los hinchas que se ubicaban a su derecha, liderados por El Abuelo, le propusieron en 1980 empezar a repartir la ganancia. La cuestión se dirimió en junio de 1981. El Boca de Maradona visitaba a Newell’s y la “Barra de José” hizo un descalabro con los que respondían a Quique. El Carnicero se dedicó a La Glorieta, su parrilla. Hoy, además de ser un lugar con precios para turistas, sumó el Museo del Hincha. Tiene una excelente facturación.

José. Barrita dijo presente a su manera un viernes de julio, por la noche, en La Candela. Maradona esperaba que Perotti terminara de hablar por teléfono. Entró alguien, le bajo los pies a Perotti de la bacha y le cortó el cable del teléfono. “¿¡Qué pasa!?”, dijo azorado Maradona, “quedate tranquilo que con vos no pasa nada”, le dijo el barra. Juntaron al plantel, Barrita puso un 38 corto arriba de una mesa de ping pong y tomó la voz: “Sabemos que Pancho Sá y Ribolzi están de joda y estamos perdiendo el campeonato. Nosotros no somos River ni queremos parecerlo (…). Pásenle el fútbol al pibe que va a ser el capitán (por Diego)”, ordenó José.

El imparable. Ni la bengala a Basile, el hincha de Racing asesinado en 1983 en la Bombonera, ni la casa incendiada de Ruggeri cuando pasó a River en 1985, ni la retirada lastimosa a Hugo Orlando Gatti en 1988 “por radical”. Fue en ese año que el pibe de Lugano, ya con 28 años, se ganó el respeto de José. Antes de un partido por la Supercopa, Di Zeo organizó una emboscada a la hinchada de Racing. Algunos hinchas de La Academia terminaron en El Riachuelo.
A todo esto, la hinchada de Boca era una máquina de facturar y de generar violencia. El ejemplo de lo primero, fue la creación de la Fundación Número 12, donde se blanqueaban las colaboraciones, la reventa, el estacionamiento y los puestos de comida en la cancha. Prueba de la violencia, fue la muerte de dos hinchas de River el 30 de abril de 1994, luego de una derrota por el Clausura. Corvacho Villagarcía, Manzanita Santoro, Marcelo Aravena, el Bolita Niponi y Gomina Almirón fueron condenados a 20 años de prisión. Sobre El Abuelo, que no estaba presente en el hecho, pesó una condena por asociación ilícita y extorsión contra Alegre y Heller, presidente y vice del club, respectivamente. El ex líder de la barra se encontraba con la decisión política de que cayera.

El Rafa. Cuando Di Zeo empezó a liderar la barra, a los negociados, con el aval de Macri, sumaron dos negocios: el manejo de las peñas del interior, coordinadas por Ameal, y el merchandasing. En las peñas, el Rafa tenía más pedidos de fotos que Tévez. Crecieron sus vinculaciones con el poder político: “Lo importante es tener la agenda con el número al que hay que llamar”, fue su lema.
Su destino fue el mismo que su antecesor, cárcel, pero por agresión a un grupo de hinchas de Chacarita en 1999. De allí manejó todo hasta que la tropa, viendo la grandilocuencia del negocio, se reveló en manos de Mauro Martín.
Programas de televisión, periodistas, políticos, jugadores y dirigentes fomentaron la presencia y el crecimiento de la barra, que siempre disfrazó su presencia de aguante y pasión. El resultado está a la vista. ¿La hinchada? La hinchada de Boca es otra cosa.

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Otras notas

  • Podría haber sido una escena de la película Buenos Muchachos, pero en una versión dirigida por el argentino Pablo Trapero. El jueves por la noche, un grupo de pesados de la barra de Boca comía en el segundo piso del cabaret Cocodrilo. La cita es semanal y casi religiosa, como los viernes de novias en la película de Scorsese. Entre los parroquianos estaba Rafa Di Zeo, el histórico líder de La 12. Un mes atrás, Di Zeo fue sobreseído en una causa donde se lo acusaba de tráfico de influencias junto a Mario Segovia, conocido como El rey de la efedrina.

  • Ser “hincha de la hinchada” es una gastada que históricamente le facturaron los hinchas a aquellos fanáticos de los clubes que no ganaron campeonatos en muchos años, Racing, Boca –en alguna época– y San Lorenzo de Almagro. El orgullo de ser un fiel seguidor a pesar de los malos resultados, era un motivo de orgullo o de gastada, según de donde viniese.

  • Cuando entran los Borrachos del Tablón a la popular, el resto del estadio canta “dale River”. Si un marciano –si alguien que no entiende nada de fútbol– observa la escena, quizá no se percate de la tensión en el ambiente. Pero los que saben dicen otra cosa: que la barra brava llega y los demás hinchas cantan para quitarles protagonismo, que detrás de ese grito unánime hay un descontento que a veces se transforma en violencia.

  • Domingo Corigliano quedó frío. La voz del Gallego Héctor Ricardo García del otro lado del teléfono no sonaba cargada de entusiasmo como días antes. “Vengan para la oficina del diario ya, pasó algo con el préstamo de Maradona”, dijo.
    En los cinco minutos de auto que separan todavía la cancha de Boca de la redacción de Crónica, ni Corigliano ni Martín Benito Noel pronunciaron palabra.

  • Si el fútbol es parte de la lógica que domina la cultura popular de muchos de todos nosotros, no está exento de la lógica que domina a un país. De la misma manera que puede interpretarse que existen dos países (“el virtual y el real”, suele enunciarse) este deporte está sujeto a similar interpretación. También en el fútbol se suceden dos maneras que lo atraviesan. Un ejemplo claro es la contraposición en referencia al accionar de los violentos que tienen los dos clubes que se jugaron el paso en la Copa Sudamericana el pasado miércoles.