Hugo Chávez tiene rival

Año 5. Edición número 196. Domingo 19 de febrero de 2012
En campaña. El presidente venezolano en compañía de su amigo, el actor Sean Penn.
Por primera vez, en 14 años, el líder bolivariano afrontará un round electoral con cierto riesgo en las presidenciales de octubre.

Tras 13 años al frente del gobierno, Hugo Chávez tiene por primera vez un rival, alguien a quien el conjunto de la variopinta oposición venezolana, ha dado su respaldo para que le dispute el poder el próximo 7 de octubre.
Además de las elecciones presidenciales de ese día, el 16 de diciembre próximo se celebrarán elecciones regionales para elegir a los gobernadores y el 14 de abril de 2013 tendrán lugar los comicios municipales para elegir a los alcaldes y consejos.
Después del fracaso del golpe de Estado de 2002 y del boomerang que le supuso el haber boicoteado las elecciones de 2005, la oposición ha terminado por aprender de sus errores, aceptando el juego democrático. El resultado ha sido la conformación de la Mesa por la Unidad Democrática (MUD) –compuesta por 23 organizaciones que abarcan desde la derecha hasta el centro y la socialdemocracia– que el pasado 12 de febrero realizó sus primeras elecciones primarias.
Algo más de tres millones de personas, 3.040.449 (el 17,01% del electorado), participaron en esos comicios, dándole el triunfo a Henrique Capriles Randonski, gobernador del estado de Miranda (centro del país) y líder del partido centrohumanista Primero Justicia, que obtuvo 1,900.528 votos, el 64,22% del total.
A pesar de contar con el respaldo de partidos tradicionales como Acción Democrática y Copei, el candidato Pablo Pérez, abogado también y gobernador del rico estado de Zulia, del partido socialdemócrata Un Nuevo Tiempo, sólo obtuvo 896.000 votos (30,28%), muchos menos de los que se preveían. El tercer pre candidato en número de votos fue María Corina Machado, ingeniera, líder de Súmate y diputada de la Asamblea Nacional por el estado de Miranda, con 110.420 votos (3,73%).
Desde el multitudinario acto de la noche electoral, Capriles dejó de lado su habitual discurso beligerante para presentarse como un “progresista” admirador de Mandela y Lula. “Gobernaré para todos los venezolanos”, dijo.
Intentando hacer olvidar al pueblo llano su condición de oligarca y miembro de dos poderosas familias dueñas de grandes medios de comunicación y cadena de cines –la Cadena Capriles y Cinex– el líder opositor aseguró a “los trabajadores” que lejos de tirar por tierra las reformas sociales impulsadas por Chávez estos años, las mantendrá y ampliará.
Capriles tampoco quisiera que recuerden que siendo alcalde del municipio de Baruta, durante el golpe de Estado de 2002 alentó el violento asalto a la embajada de Cuba en Caracas, por lo cual estuvo cuatro meses preso.
El joven abogado (39 años) manejó con calculada ambigüedad sus promesas electorales, su programa económico y político. Al tiempo que se mostró sensible ante las necesidades cotidianas de los ciudadanos, intentando con sus promesas arrancarle electores al chavismo, Capriles le lanzaba guiños a los suyos, a los terratenientes, a los que les prometió “devolver el valor de la propiedad privada”, en referencia a las confiscaciones estatales de grandes extensiones de tierras improductivas, hoy en manos de cooperativas.

La reacción del chavismo. La oposición no duda en utilizar la demagogia para llegar a al menos una franja de los trabajadores que pueda estar desilusionada con el gobierno, consciente de que le es imprescindible para intentar arrebatarle el poder a Chávez.
Ahora le toca al gobierno y al Psuv intentar recuperar los votos perdidos, sin subestimar que más de tres millones de personas hayan votado, más que en la primarias de 2010 del partido gubernamental, el Psuv, para elegir sus candidatos a la Asamblea Nacional.
Las agresivas descalificaciones hacia la oposición del presidente de la Asamblea Nacional, el militar retirado Diosdado Cabello –a quien Capriles arrebató la gobernación de Miranda– o las calificaciones de “líder fascista” que le dedicaron cuadros del Psuv no parecen ser precisamente el tipo de reacción inteligente que necesita el gobierno. Tampoco lo es que se publique en el web de un canal gubernamental, Venezolana de Televisión, un artículo en el que se vincula el origen judío de Capriles –su abuela materna fue víctima del Holocausto– con su supuesta conexión con el sionismo internacional (http://www.rnv.gob.ve/noticias/index.php?act=ST&f=15&t=176836) y a su vez con grupos paramilitares de católicos fundamentalistas. El Centro Simon Wiesenthal pidió a Chávez que condenara el artículo.
Otra cara visible del oficialismo, el periodista Mario Silva, tiró a su vez en su popular programa diario La Hojilla piedras contra el propio tejado del gobierno al acusar a la oposición de fraude, porque, según él, era “matemáticamente imposible” que votaran tres millones de personas. La presidenta del Consejo Nacional Electoral tuvo que recordar que fue ese órgano –a pedido de la oposición– el que organizó los comicios, proporcionó las sofisticadas máquinas de voto, montó los 3.707 colegios electorales, con 7.691 mesas y supervisó el proceso con miles de funcionarios, además de estar presentes decenas de acompañantes internacionales.
Declaraciones de este tipo no ayudan precisamente al gobierno y al Psuv a prepararse para la gran contienda electoral que se librará en Octubre.

*RM formó parte del grupo de acompañantes invitado por el CNE para observar las elecciones primarias de la oposición.

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