Impreso en cooperativa
Ante la suspensión del ingreso de libros desde el exterior, sectores de la industria gráfica nacional preparan un informe que intentará demostrar que en los talleres argentinos de empresas recuperadas y pequeñas y medianas empresas pueden producirse los ejemplares que hoy se importan.
“Tenemos lo necesario para imprimir la totalidad de libros que existen en el mercado”, le aseguró a la agencia cooperativa de noticias Ansol, Eduardo Amorín, asesor comercial de la Red Gráfica, institucionalidad que reúne a 21 cooperativas del rubro, y que junto a la Federación Gráfica Bonaerense trabaja por estos días en la confección de un informe sobre las capacidades productivas del sector a presentar ante la Secretaría de Comercio.
El objetivo es demostrar que están en condiciones de atender la demanda que se podría generar en el mercado interno en el corto plazo si continúa el freno a las importaciones de libros que comenzó en septiembre y que mantiene más de un millón de ejemplares retenidos en la Aduana.
Junto al informe sobre sus capacidades de producción, las cooperativas presentarán un proyecto financiero para que la compra y el acopio de papel no se conviertan en un cuello de botella. Es que al no tener la propiedad del inmueble donde trabajan, las cooperativas de trabajo no tienen la posibilidad de constituirse en sujetos de crédito y carecen de la capacidad financiera para comprar materia prima suficiente como para acopiar en calidad de stock.
Aunque desde la Federación Gráfica prefieren no arriesgar números definitivos sobre la cantidad de libros que pueden producir en el país entre las cooperativas y las pymes, el secretario adjunto del sindicato Federación Gráfica Bonaerense, Héctor Amichetti, asegura que “desde el sector de la industria gráfica tenemos capacidad para cubrir esos 60 millones de libros que hoy se importan e incluso para exportar”.
En esta misión, Amichetti identifica a las cooperativas como fundamentales “porque están consustanciadas con un proceso de reactivación productiva, porque han partido de cero, con dificultades para obtener apoyo crediticio, y aún así han sido reactivadas y están funcionando. Estamos convencidos que pueden acompañar el proceso de sustitución de importaciones en caso de asegurarse ese mercado tan grande de libros que hoy se están haciendo en el exterior”.
Cabe consignar que la Ley de Fomento del Libro y la Lectura, sancionada en 2001, establece que la exportación e importación de libros está exenta de todo impuesto o gravamen, al igual que la producción nacional y su comercialización. Pero no pasa lo mismo con los materiales necesarios para hacer de la idea de un libro un ejemplar como los que se encuentran en las librerías. Ni las tintas, ni el caucho, ni el papel están exentos, y allí residen las inequidades a las que se enfrenta la industria gráfica nacional frente a sus competidores externos.
Jorge Gurbanov editor de Ediciones Continente, quien desde 2002 trabaja con empresas gráficas recuperadas para integrar los procesos de producción, afirma: “Después de diez años de trabajo articulado, las cooperativas han demostrado tener precio, calidad y cumplimiento”.
