Joaquín Morales Solá, con los argumentos de los genocidas

Año 3. Edición número 147. Domingo 13 de marzo de 2011
Morales Solá se defiende hablando de los encuadres de la foto. Lo cierto es que la foto está y lo muestra con Adel Vilas.

Joaquín Morales Solá, columnista político de La Nación y conductor de un programa de televisión en un canal de cable del Grupo Clarín, dijo no recordar si la foto en la que se lo ve junto al represor Adel Vilas fue tomada en la Escuelita de Famaillá, el campo de concentración donde más de 1.500 tucumanos fueron torturados y la mayoría asesinados. El periodista, en su declaración ante la jueza María Servini de Cubría, esgrimió los mismos argumentos que los genocidas cuando dicen que la represión contra las organizaciones políticas, gremiales, estudiantiles y sociales fue ordenada por un gobierno constitucional. Además, mintió al afirmar que la fotografía publicada por Miradas al Sur el 5 de diciembre de 2010 fue “recortada y editada”. Varias respuestas de Morales Solá crearon serias dudas que deberían ser aclaradas, tanto por él mismo como por la Justicia que, seguramente, ordenará profundizar la investigación.
La mayoría de los represores civiles y militares que prestaron declaración en sede judicial acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad se escudaron en el paso del tiempo para “no recordar”. Otra excusa fue decir que sus acciones criminales estaban contenidas en órdenes emanadas de un gobierno democrático. Morales Solá hizo lo mismo.
Al ser preguntado por la Justicia si podía precisar la fecha en que fue fotografiado junto a Vilas a punto de ingresar a la Escuelita de Famaillá, Morales Sola dijo “no recuerdo en qué fecha. Es del año 1975 pero no recuerdo qué fecha”. Al pedírsele que identificara el lugar, afirmó: “yo, la verdad, que no recordé ese instante cuando vi la foto, pero después, viendo el original sé que soy yo, pero no recuerdo en qué lugar fue”.
Es curiosa la fragilidad de la memoria de Morales Solá: cuando le preguntan por la identidad del militar que se ve a dos pasos delante suyo, saludado por un oficial que lo recibe en la Escuelita de Famailla, dice: “supongo, por lo que dicen, que uno de ellos es el general Vilas, supuestamente está de espaldas, trascendió en los medios que es Vilas, puede ser que sea él”.
Tanto en su declaración como en un documento que presentó ante la jueza Servini de Cubría, se esmeró en dejar establecido que él estuvo amenazado por la Triple A. Puso como testigo a su colega Ricardo Kirschbaum, quien dijo eso en una declaración testimonial el año pasado en un juicio en Tucumán. En realidad, tanto el sindicato de los periodistas tucumanos como otros colegas de esa época lo desmienten. Lo hizo recientemente el secretario general de la Asociación de Prensa de Tucumán, Oscar Gigena, también en sede judicial. Podríamos decir que la actitud de Morales Solá de usar a Kirschbaum de testigo es similar a que el Gordo Valor proponga como su garante a la Garza Sosa. Son cómplices, con la diferencia que Valor y Sosa fueron siempre coherentes y nunca negaron su condición.
Cuando fue preguntado si estuvo en el interior de la Escuelita de Famaillá o de algún otro campo de concentración, Morales Solá se escandalizó: “Es un absurdo suponer que en esa época se convocaba a periodistas y fotógrafos para ver campos clandestinos de detención, ver torturados, muertos, cuando por la historia posterior, se sabe que los militares hicieron todo lo posible por ocultar esos campos clandestinos”. Sin embargo, dijo sin empacho “he visto muchos cadáveres, pero a la vera de la ruta o en sitios baldíos. La información que nos llegaba es que muchas de esas personas habían sido previamente secuestradas de sus casas por grupos a veces de civiles, a veces uniformados”.
Sabido es que una de las cosas de las que se ufanan los periodistas es contar con una memoria envidiable. Con Morales Solá todo es nebulosa. Por el lugar que ocupó como cronista de La Gaceta en esa época trágica debiera saber mucho más de lo que dice y conocer muchos lugares que sería importante relatara y describiera, individualizando, en lo posible espacios y personas. Nadie puede creer que un cronista, un redactor, como afirma él que era entonces, no recuerde nada con precisión.       
Otra respuesta de Morales Solá ante la jueza Servini de Cubría: “En la zona montañosa ya he dicho era común que se hicieran conferencias de prensa, no se mostraba nada ilegal, después supimos que sí había cosas ilegales que se hacían allí, en las cercanías supongo”. ¿En qué quedamos? ¿Lo sabía o no?
Ninguna nota escrita por Morales Solá a partir del inicio de la Operación Independencia ni durante la dictadura militar menciona ni esos cadáveres ni los grupos civiles o militares que secuestraban. Y respecto de que los militares no llevaban periodistas a los campos de concentración, hay que recordarle que fueron muchos los colegas vistos en esos centros departiendo amablemente con los represores. En un caso paradigmático –la Esma– se identificó a media docena de esos periodistas. También ocurrieron casos similares en otros campos de concentración a lo largo y lo ancho del país. Y la aparición de las listas de los integrantes del Batallón 601 de Inteligencia confirma lo que decimos. En el caso tucumano, no sólo integraba la lista un conocido conductor de programas televisivos que formaba parte del Destacamento 142. Otro colega, periodista de la emisora llamada entonces LV7 Radio Tucumán, formó parte del grupo de tareas que en la madrugada del 24 de marzo de 1976 asesinó al secretario general del sindicato de los maestros tucumanos y fundador de Ctera, Francisco Isauro Arancibia.
Un párrafo aparte merecen algunas consideraciones realizadas por Morales Solá, en especial cuando habla de Vilas. Dice que la suya fue una “gestión criminal” y “lamento que haya muerto hace poco sin que la Justicia lo haya llamado nunca a rendir cuentas sobre lo que hizo en Tucumán”. Otra contradicción. En las notas escritas durante la Operación Independencia, en tiempos en que su comandante era Vilas, dijo que su actuación era “la respuesta del Ejército a la intolerancia ideológica”. Jamás escribió sobre esa “gestión criminal” que sí conoció y el año pasado, en oportunidad de una conferencia que dió invitado por La Gaceta, se negó a contestar preguntas sobre la “gestión criminal”, afirmando que él sólo mira hacia el futuro. A la entrada y a la salida del Centro Cultural de la Universidad de Tucumán donde disertó, Morales Solá fue escrachado por militantes políticos y sociales, familiares e hijos de víctimas de la Operación Independencia.
Varias respuestas de Morales Solá generan repreguntas que, por la forma elegida en esta oportunidad, no se realizaron, pero que la Justicia Federal de Tucumán debiera hacer. Afirmó, al ser consultado por el caso de su compañero de trabajo Maurice Jeger, haber tenido una “reunión privada” con Vilas, acompañado por “otros periodistas de La Gaceta” para “pedirle por la vida de este hombre”. Según el periodista “casi nos echó diciéndonos que prácticamente protegíamos a la subversión”. Sería prudente y necesario que su memoria trabajara para recordar los nombres de los colegas de la redacción de La Gaceta que lo acompañaron, porque hasta ahora no ha aparecido ninguno que recuerde haber participado de ese episodio. Para todo hace falta testigos.
Antes del interrogatorio, Morales Solá entregó a la jueza Servini de Cubría un documento redactado y firmado por él, en el que, sin que nadie se lo pida, afirma: “Quiero declarar ante la Justicia, bajo la formula de decir la verdad y nada más que la verdad, que jamás tuve ninguna vinculación indigna con la última dictadura militar que sufrió mi país ni con los jefes militares que la precedieron”. Por lo menos, habría que repreguntarle cómo fue entonces su vinculación digna, ya que vinculación sí hubo. Además, a qué se refiere con eso de “los jefes militares que precedieron” a la dictadura. Frase inquietante.  
Para terminar, una obviedad. En su documento, el periodista dice: “Declaro que nunca milité en ningún partido político y jamás formé parte de ninguna organización guerrillera”. Ya lo sabemos Morales Solá, es obvio que usted nunca estuvo en un partido político democrático ni en una organización revolucionaria.

Promedio: 4.8 (125 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • Se suspendió la declaración testimonial que esta semana debía dar ante la Justicia el periodista Joaquín Morales Solá, en una causa en que se investigan crímenes de lesa humanidad en el marco de la Operación Independencia, en Tucumán. El juez federal Raúl Daniel Bejas envió los primeros días de febrero una “rogatoria” a la Cámara Federal porteña para que Morales Solá pudiera declarar en Buenos Aires, y así no trasladarse a Tucumán. El exhorto llegó a manos de la jueza federal María Servini de Cubría.

  • Joaquín Morales Solá, periodista del diario La Nación y del canal TN, fue citado por la Justicia para declarar como testigo en una causa que investiga crímenes de lesa humanidad cometidos en Tucumán durante la Operación Independencia, en 1975. El juez federal de Tucumán Daniel Bejas tomó la decisión de citar a Morales Solá a partir de la publicación en Miradas al Sur de un par de notas y una fotografía que prueban la cercanía y probable complicidad del periodista con las fuerzas represivas que sembraron el terror en la provincia norteña.

  • Después de tres meses de sugestivo silencio, y tras declarar ante la jueza federal María Romilda Servini de Cubría, el columnista de La Nación Joaquín Morales Solá utilizó por primera vez las páginas del diario en el que escribe para referirse públicamente a la fotografía publicada por Miradas al Sur el 5 de diciembre del año pasado, donde se lo ve junto con el genocida Adel Vilas, jefe de la Operación Independencia (tal su verdadero nombre), en un lugar que dos fuentes consultadas en su momento por este dominical identificaron como el centro clandestino de detención conocido co

  • Esta semana podría ser clave para las causas por delitos de lesa humanidad en Tucumán. Es que el periodista del establishment, Joaquín Morales Solá, deberá presentarse a declarar como testigo en los Tribunales de Comodoro Py en Capital Federal.
    Según confirmó el juez federal tucumano, Daniel Bejas, Morales Solá “tenía fecha para su declaración testimonial el 21 de febrero próximo. Lo que hice fue hacer lugar al pedido de la fiscalía para que se citara al periodista. Entonces, vía exhorto, remití la citación para el juez de turno porteño”, aseveró Bejas a Miradas al Sur.

  • Finalmente, y después de décadas de silencio, el periodista Joaquín Morales Solá, deberá presentarse en la Justicia Federal para dar su declaración en calidad de testigo, en el marco de las causas por los delitos de lesa humanidad que se tramitan en Tucumán. La decisión de convocar a Morales Solá fue del juez federal Daniel Bejas, quien tiene a su cargo la tarea de reconstrucción e investigación de los centros clandestinos de detención que funcionaron en las tierras del genocida Antonio Domingo Bussi desde 1975 con el Operativo Independencia iniciado por el carnicero Acdel Vilas.

  • El bisemanario Perfil publicó el martes pasado una nota en su sitio web con el objetivo de descalificar la fotografía y el artículo que Miradas al Sur difundió en su edición 133 del domingo 5 de diciembre pasado. En ella se dio cuenta de la presencia de Joaquín Morales Solá en lo que, presumiblemente, era un centro clandestino de detención. El argumento central es que la fotografía no se publicó en forma íntegra sino que fue editada por Miradas , con el propósito de evitar que se viera que junto a Morales Solá había un fotógrafo.