José Nun: “Los indignados también son un asunto nuestro”

“El Tea Party no es el fascismo, pero sin duda es la ultraderecha; y lo que preconiza es la liquidación del Estado, la eliminación de toda protección social.” (AP)
En diálogo con Miradas al Sur, el ex secretario de Cultura subrayó la necesidad de cambiar las reglas a nivel internacional y advirtió sobre los efectos políticos de la crisis global.

"Ha habido un cambio muy profundo en el mundo y particularmente en el caso de Estados Unidos, que es el timonel del mundo capitalista. La tasa de inversión en los sectores productores de bienes y servicios de su economía ha caído en forma sistemática durante las últimas tres décadas. Hoy, sólo el 10% de su población económicamente activa trabaja en la industria”, subraya José Nun. El ex secretario de Cultura de la Nación afirma que una de la causa de la situación hay que buscarla en “la apertura internacional de sus empresas, que buscan mayores utilidades en países con mano de obra prácticamente esclava o con salarios irrisorios”. Su análisis también hace hincapié en voracidad del capital financiero: “Es por definición un capital impaciente que invierte en activos financieros para hacer utilidades rápidas. Además, la situación ha mantenido estancado el salario real y esto ha minado dos de los soportes fundamentales del credo norteamericano”, agrega Nun.
–¿A qué soporte se refiere?
–Primer pilar: el capitalismo se encarga de dar trabajo y, por lo tanto, el bienestar colectivo depende del empleo. Esto establece una diferencia entre lo que se llama el modelo norteamericano y el europeo, que le dio primacía, desde la Segunda Guerra mundial, a los llamados Estados de Bienestar. En Estados Unidos, en cambio, se le dio primacía al empleo, por eso la tasa de desocupación fue más baja y la protección social increíblemente menor que en Europa. Ahora bien, la economía norteamericana en los últimos treinta años casi no ha creado nuevos puestos de trabajo. Aquí hay un truco…
–¿Qué truco…?
–En 1994, Estados Unidos introdujo un cambio en el cálculo de la desocupación que consistió en eliminar de la medición a las personas que llevan más de un año desocupadas. Esto hace que en la actualidad se hable de una desocupación de entre el nueve y 10%, cuando en realidad supera el veinte, una tasa similar a la que registra España.
–¿Cómo saber si una persona busca trabajo o si no lo hace porque quedó encerrada en una matriz de exclusión?
–Es lo que se llama técnicamente el trabajador desalentado. Es la persona que se da cuenta de que gasta más en transporte para buscar un trabajo que sabe que no conseguirá que quedándose en su casa haciendo algunas changas. La gente que hace más de un año que busca trabajo está peor que el resto; sin embargo, no se la considera desocupada. Primer baluarte de la ideología norteamericana más común: al trabajo se llega a través del esfuerzo personal. Segundo baluarte: darle poca importancia a la desigualdad porque se consideraba que si el capitalismo daba trabajo y uno se esforzaba había iguales oportunidades para todos. Era lógico, entonces, que según sus capacidades o talentos, unos se enriquecieran más que otros. Es lo que se llamó el mito de los harapos a la riqueza y que tantas películas de Hollywood se encargaron de mostrar.
–La realidad es muy diferente…
–Ahora, lo que se ha venido a descubrir, cuando se pusieron en evidencia los escándalos vergonzosos ejercidos con protección política, es que muchos de los ricos de ninguna manera hicieron sus fortunas esforzándose, sino que la hicieron robando sistemáticamente, embarcados en esquemas tramposos de fraude. Entonces, la desigualdad se volvió insoportable. Esto es lo que precipitó la ocupación de Wall Street; un sitio simbólico del capitalismo que en la actualidad ha trocado en símbolo del desbarajuste que generaron los accionistas codiciosos, egoístas y que, después, trataron de solucionar de una manera muy peculiar.
–Un panorama sumamente complicado…
–La ocupación no crece. Por el contrario, lo que crece es el desempleo. Si le agregamos que el salario real ha estado estancado, si le añadimos que desde 1973 hasta 2007 el 1% de las familias más ricas americanas se apropió del 60% del crecimiento de la riqueza y el 90% de los norteamericanos consiguió el 9%, la resultante es que el mercado interno tiene que estrecharse mucho; es decir: que baja la demanda porque la gente no tiene cómo comprar. Ahí es donde vino una orgía desregulatoria fenomenal, permitiéndole a los bancos algo que no se le permitía desde 1933: que aun teniendo depósitos asegurados pudieran hacer inversiones de riesgo. Entonces, se lanzaron alegremente a ofrecer créditos y, sobre todo, créditos hipotecarios baratos, a pesar de que las propiedades que los respaldaran valiesen muy poco. En estas condiciones, efectivamente, la gente se endeudó mucho y se generó demanda. Argentina tiene una deuda externa que equivale a menos del 50% de nuestro producto bruto interno. En Estados Unidos equivale al 390%. ¿Gracias a qué…? A que Estados Unidos fabrica dólares y nosotros no.
–Me viene a la memoria una fotografía que ganó un premio hace dos años. En ella se ve a dos policías estadounidenses que con una orden judicial entran, empuñando las armas como si estuvieran buscando terroristas, a la casa de una familia que no podía pagar la hipoteca. Años atrás, la foto que ganaba un premio era una de Sudán, con un cuervo cerca de una niña desnutrida…
–Es el doble movimiento que alimenta tan fuertemente la indignación. Por un lado, cuando se desata la crisis en 2008, los bancos comienzan las ejecuciones. A la vez, los trabajadores son echados a las calles por millones, y los propietarios medianos y pequeños se quedan sin sus casas… A los de abajo les va peor que nunca, pero sus victimarios logran cuantiosos rescates del gobierno que son usados, en una medida muy significativa, para darles a los ejecutivos las bonificaciones más altas de la historia. American International Group era la aseguradora más grande del mundo, entró en crisis y obtuvo 160 mil millones de dólares de dineros públicos como rescate.
–Quebró lo mismo...
–Así es. Sin embargo, antes de quebrar, sus directivos tuvieron la precaución de repartirse 450 millones en bonificaciones. Otro caso es el de Merrill Lynch, que llevaba perdidos 15 mil millones de dólares. El banco Bank of America se hizo cargo a cambio de que el Estado le diera 20 mil millones para enjugar las pérdidas. Acto seguido, repartió casi mil millones entre sus ejecutivos como premio por sus talentos. Y esto la gente lo ve, lo lee y explota, estalla... ¿Qué dice Obama…? “Los entiendo perfectamente”. ¿Qué dice el Premio Nobel de economía, Paul Krugman..? “Wall Street es culpable del peor desastre económico y político de la historia americana”. ¿Pero qué dice uno de los principales precandidatos republicanos a la presidencia como Mitt Romney…? “Ha comenzado la lucha de clases”.
–Lo que uno podría llamar en términos antiguos conciencia de clase de los poderosos.
–Exactamente. Rommey dice “empezó la lucha de clases”. No lo dijo la gente que está acampando frente a Wall Street. Giovanni Agnelli lo dice en 1919 en Turín, donde estaba la fábrica principal de la Fiat. ¿Por qué? Porque ha comenzado el movimiento de los consejos de fábrica que se reúnen para discutir las condiciones de trabajo, el salario... Agnelli dice “comenzó la lucha de clases” en el mismo año en que un señor que se llamó Benito Mussolini comienza a crear los fascios italianos. El desemboque no fue el socialismo, el desemboque fue el fascismo.
–Sin embargo, el Tea Party no es exactamente asimilable al fascismo…
–No lo es. Ni siquiera tiene la consistencia ideológica relativa que tuvo el fascismo. Pero, sin duda, es la ultraderecha y lo que preconiza es la liquidación del Estado, la eliminación de toda protección social. Además, viene creciendo fuertemente. Entonces, con sus mutaciones de lugar, de tiempo, parece que es una historia que se repite y sería bueno que intentáramos aprender las lecciones que se desprenden de lo que pasó en Europa.
–¿Qué lectura hace de la reunión entre Barack Obama y Cristina Kirchner?
–Creo que acaba de quedar en evidencia una puja interna entre dos sectores. Los que quieren que volvamos a la situación anterior; es decir: que nos amiguemos con el Fondo Monetario y con los bancos para que tengamos, por un lado, condicionalidades y, por el otro, pagándole al Club de París, acceso al crédito internacional. Frente a eso está la otra posición que quiere “vivir con lo nuestro”. Creo que de lo conversado con Obama dependerá un poco el rumbo que se adopte. No obstante, lo que me interesa plantear es una pregunta…
–¿Qué pregunta?
–¿Hasta qué punto nos interesa lo que pase en Estados Unidos? Porque los indignados son también un asunto nuestro. Hay que cambiar las reglas del juego y para cambiarlas se necesita que prospere el movimiento de los indignados. De lo contrario, la amenaza del ascenso al poder de los republicanos y los demócratas de derecha se traducirá en un ajuste terrible. Esto haría que Estados Unidos ingresara en un largo período de estancamiento. Lo que está sucediendo en Estados Unidos ocurrió, a otra escala, cuando estalló la burbuja en Japón en 1990, un país que veintiún años después no se repuso. Estados Unidos corre ese riesgo. Si eso ocurre, China sufrirá un duro impacto porque tiene el 10% de una deuda nacional estadounidense que podría transformarse en impagable. Además, China exporta muchos bienes industriales a Estados Unidos y un tercio de su mano de obra está ocupada en el sector de exportaciones industriales. Pero no sólo sufrirá China, también Brasil sufrirá, porque está muy ligado a Estados Unidos, ya que el 20% de sus exportaciones tiene como destino ese país. A su vez, el 40% de nuestras exportaciones industriales van a Brasil. No es cierto que la Argentina esté blindada.

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