José Zubiaur o los Juegos Olímpicos que se bifurcan

Año 5. Edición número 216. Domingo 8 de julio de 2012

Suena el timbre y el patio del Colegio Nacional del Uruguay se convierte en un hormiguero de pibes. La arquitectura del lugar, con aljibe y reloj original, contrasta con la música. En el recreo de este colegio de Concepción del Uruguay suena Catupecu. Es un planteo que hizo el Centro de Estudiantes y que la rectora, Celia D’Angelo, aceptó con gusto. Este patio, donde la música calma el murmullo, fue pisado por Justo José de Urquiza, Julio A. Roca, Victorino de la Plaza, Arturo Frondizi, Juan Hortensio Quijano, y la lista sigue.
En 1874 llegó para hacer el secundario un vasco grandulón de 18 años. Había terminado la primaria con muy buenas notas en Paraná, su ciudad natal, pero la familia lo necesitaba trabajando, así que estuvo seis años sin estudiar, sacando un jornal de dependiente. Ya en Concepción, terminó la secundaria con calificaciones brillantes y consiguió una beca para estudiar abogacía en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA donde se recibió muy rápidamente. Era José Benjamín Zubiaur.
Llegó a ser inspector general de Escuelas y Colegios Normales. En ese marco, obtuvo una propuesta muy tentadora: viajar en 1889 a la Exposición Universal de París, la gran fiesta a cien años de la Revolución Francesa, que incluía la inauguración de la Torre Eiffel. Un megaevento seductor para cualquiera.

Encuentro. El entrerriano, atento a las cuestiones que pudieran reformular la educación y sacarla de las aulas, acudió con todas las expectativas. Uno de los lugares de la exposición que más lo tentaron a Zubiaur fue el Congreso Internacional para la propagación de los Ejercicios Físicos. Allí conoció a un francés que tenía la vista puesta en la educación física para fortalecer al ejército de su país: treinta años antes, los franceses habían perdido la guerra franco prusiana, una de las explicaciones fue que el ejército francés era débil. El barón Pierre de Frédy de Coubertin andaba buscando vigorizar a los soldados galos a partir del deporte.
El entrerriano y el francés acordaron en la visión inglesa del deporte, que ligaba su práctica a la formación de los individuos. Zubiaur la había visto acá, donde embrionaban los primeros clubes ingleses; Coubertin, en un recorrido por Gran Bretaña antes a la exposición de París. El encuentro generó un vínculo que siguió con el intercambio epistolar. Inclusive Coubertin, vía correspondencia, llegó a escribir artículos de deportes en La Educación, la revista que dirigía Zubiaur.
Para el argentino, concurrir a la exposición fue determinante. Se quedó recorriendo Europa para ver la manera de trabajar el deporte del Viejo Mundo y cuando regresó –ya nombrado rector del Colegio Nacional del Uruguay– implantó “Los juegos al aire libre”, una cuestión llanamente revolucionaria, ya que los deportes eran exclusividad de los clubes. De hecho, el primer partido de fútbol disputado en Entre Ríos, el 25 de mayo de 1892, fue jugado por los alumnos del Nacional y promovido por Zubiaur. Según sus escritos, Zubiaur quería convertir al colegio en un “Harvard deportivo”. Estaba tan convencido de que el deporte era central en la educación pública que terminó por convencer a la Nación de instaurar la Educación Física como materia obligatoria en los colegios de todo el país.

Olímpico. Cuando en 1894 Coubertin fundó el Comité Olímpico Internacional (COI) y se propuso disputar los primeros Juegos Olímpicos modernos, necesitaba juntar la mayor cantidad de voluntades para legitimarse. La hermandad de los pueblos, la confraternidad y la paz a través del deporte necesitaban amplitud de firmas para avanzar. Siete de sus catorce miembros fundadores no están presentes en la foto original del 23 de julio de 1894, uno de ellos es José Benjamín Zubiaur.
Con el paso del tiempo, la relación entre Coubertin y Zubiaur fue decantando. Las correspondencias que llegaban de Europa eran invitaciones a los juegos y a las reuniones del COI, y las respuestas de Zubiaur hablaban de la promoción del deporte como valor esencial en la educación. Los caminos se bifurcaban. Coubertin advirtió que el perfil que necesitaba no iba en línea con el de Zubiaur, que jamás había hablado del olimpismo, ya que su interés estaba en la educación. En 1907 el COI lo declaró “dimisionario” por no acudir a las reuniones. La realidad era que Zubiaur, al fin y al cabo un empleado público, no tenía el dinero para acudir a Europa una vez cada dos años y el COI encontró una excusa para echarlo.

Guapo y barón. En esa misma reunión celebrada en La Haya, Coubertin nombra como representante argentino a Manuel Quintana, hijo del ex presidente. Además de tener un perfil completamente diferente al de Zubiaur, Quintana ni siquiera vivía en Buenos Aires, sino que residía en París. Pero tenía contactos con la Sociedad Sportiva Argentina, un club que tenía una visión muy opuesta a la de Zubiaur. El deporte era para los sportsmen, es decir, para los pocos que tenían la plata y el tiempo para practicarlos. Su presidente era el barón Antonio de Marchi, un italiano casado con la hija de Julio A. Roca, con simpatías por la Liga Patriótica Argentina, el grupo cazaobreros de la Argentina del Centenario. Con Quintana en Europa, De Marchi pasó a ser el hombre fuerte del deporte en la Argentina e intentó convencer a Figueroa Alcorta de satisfacer el deseo de Coubertin: fundar el Comité Olímpico Argentino y enviar una delegación a los Juegos de Londres en 1908. El Congreso rechazó de plano el pedido de Figueroa Alcorta, dijo que no había dinero para “los aristocráticos juegos de Coubertin”.
Sin embargo, De Marchi y la Sociedad Sportiva organizaron los Juegos Olímpicos del Centenario, donde los que podían practicar deportes abrazados por la Sociedad Sportiva le mostraban al resto lo bueno que era la práctica de la esgrima, la equitación, el lanzamiento de globos aerostáticos, etc. Todo en el marco de los festejos por los cien años de la Patria.
Coubertin era muy celoso de la utilización de la palabra “olímpico”. Enterado de los juegos realizados en Buenos Aires, expulsó a Quintana (h) del COI en 1910.
Recién en 1923 Marcelo T. de Alvear fundó por decreto el Comité Olímpico Argentino y decidió destinar fondos a los Juegos Olímpicos de 1924 disputados en París, los primeros a los que concurrió oficialmente una delegación argentina. Con la caída de la Sociedad Sportiva, el radical estaba acosado por el nacimiento de las federaciones que nucleaban a los clubes fundados por inmigrantes en la primera década del siglo XX. Claramente, ellos podían ser los representantes del deporte de una Argentina distinta, donde la vida social, y por lo tanto el deporte, dejaba de estar en manos de unos pocos.
La jugada de Alvear –que lo convirtió en el tercer argentino en ser miembro COI– hizo que la representación internacional, es decir la ligazón con el deporte olímpico, lo siguiera teniendo la elite. Fue algo que marcó al COA hasta nuestros días y que, salvo algunos apellidos ilustres en su dirigencia, no le agregó demasiado al deporte nacional.
Zubiaur murió en 1921. Fue un hombre central en la educación argentina y jamás estuvo reconocido en su medida. La Argentina, por lo pronto, sigue siendo el único miembro fundador del COI que nunca organizó sus Juegos Olímpicos.

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Otras notas

  • José Benjamín Zubiaur no sabía que ese viaje le cambiaría la vida. Fue a la Exposición Universal de París en 1889 invitado por Entre Ríos y Corrientes. Era un modesto docente, abogado, empleado del Ministerio de Educación, que creía que había que alejar la educación de las aulas para acercarla a la sociedad. Allí conoció al barón Pierre de Coubertain, que también era docente pero enfocado en robustecer al ejército francés, luego de la derrota en la Guerra Franco Prusiana. Creía que el camino era el deporte.

  • Cambiaron el aspecto de los bares en Buenos Aires. La televisión del deporte sigue firme, pero se miran los Juegos. Continúa siendo la actividad deportiva parte fundamental del gancho de la TV. Ahora, con derechos compartidos, ya no sólo TyC Sports (lo hace por primera vez las 24 hs) y la TV Pública ofrecen los Juegos. También están en la pantalla de DeporTV, el nuevo canal de deportes de la Televisión Digital Abierta, en Espn en dos señales y en DirecTV, que lo distribuye entre seis canales propios.

  • Luis Duggan y yo recorrimos lo que pudimos de Berlín, nos dejaban entrar en todos lados. Lo único que había que acordarse era del saludito”, le dijo Roberto Cavenagh al diario La Nación en 2000, dos años antes de morir. El Boyero, integrante del equipo de polo que obtuvo la medalla de oro en Berlín (últimos juegos donde el polo fue olímpico), recordaba que el saludo nazi era una suerte de símbolo de confianza. “Cuando nos sentábamos a desayunar en el hotel, venía el mozo y nos lanzaba un sonoro ‘Heil, Hitler!’.

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