“Juntos lo vamos a lograr”

Año 3. Edición número 138. Domingo 09 de enero de 2011
En el centro de la provincia de Buenos Aires se afianza una cooperativa dedicada a la fabricación de bolsas industriales. La compra de la planta

El futuro y el presente eran promisorios en octubre de 1999. No se avizoraban tormentas y la producción era plena para los 64 empleados de Bolsas Olavarría S.A. La empresa estaba posicionada en el tercer lugar de fabricantes de envases a nivel nacional. Se fabricaban 4 millones de unidades mensuales y sus exportaciones llegaban a Sudáfrica y Brasil. Pero fuera de todo pronóstico, en sólo un mes la jornada laboral se redujo drásticamente y en diez días más, la empresa bajó la persiana.
Ante esa realidad devastadora, explica Gustavo Sierra, presidente desde 2005 de la Cooperativa de Trabajo Bolsas Olavarría Limitada, “nos resignamos y cada cual fue en busca de un nuevo destino. La planta quedó abandonada y a la deriva durante tres años”. Pero ante el infortunio colectivo de esos años, otro caso testigo sirvió para motorizar un cambio. A unos pocos kilómetros, la calera Peñacal S.A sufrió el mismo golpe. Allí sus empleados se cooperativizaron y, a través de vínculos de amistad, incitaron a los trabajadores desocupados de Bolsas Olavarría a imitarlos: “Ahí nos autoconvocamos para ver esa posibilidad, pero siempre lo pensé como inviable por las características de este rubro. Igual lo intentamos y nos conformamos como cooperativa en mayo de 2002 con 22 socios. Ahora somos 14 por la deserción de los dos primeros años”.
Casi como una confesión rememora esos primeros pasos: “El objetivo principal en ese momento era que, al menos, subsistiera la empresa y asistíamos primeramente a los compañeros que tenían necesidades básicas para cubrir luz, gas, alimentos. Ahí estábamos colaborando en lo que podíamos. También nos ayudaba el municipio con bolsas de mercadería. Hoy, afortunadamente, la realidad es totalmente diferente, pero eso es parte de nuestra historia”.
En la faz productiva, motor fundamental para reactivar por partes iguales ánimos y maquinarias, recuerda: “Arrancamos con un crédito del Foncap (Fondo de Capital Social), que nos alcanzaba para una producción y luego había que esperar veinte días para otra remesa de papel. Entre camión y camión el tiempo ocioso era terrible, angustiante. Entonces accedimos a un pequeño subsidio del Inaes (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) para materia prima y fue increíble ver entrar por el portón, por primera vez después de años, cuatro camiones juntos.”
En otros lugares del mundo, la potencia cooperativista ha encontrado cauces que potencian sus cualidades como organizador del universo del trabajo. En nuestro país, mucho se avanzó pero no siempre tener la identidad formal de una cooperativa es suficiente para adherir a su espíritu. En ese sentido, Gustavo Sierra asume las discrepancias que genera en el Consejo de Administración, la incorporación de nuevos socios. Los argumentos varían, aunque uno de los más recurrentes es el que pone el acento en las trayectorias recorridas por los ‘fundadores’ en comparación con los que ingresan sólo por competencias o la fortaleza de su currículum vitae. Es uno de los temas a resolver a futuro. Por eso aclara, “uno de nuestros lemas es no olvidarnos nunca de dónde venimos y siempre tenemos presente a los que se tuvieron que ir porque no aguantaron el esfuerzo. Para todos los que trabajamos acá, promovemos la concientización, la responsabilidad del rol de cada uno en la empresa, por sí mismo y por sus compañeros.”
El esfuerzo colectivo, lento y complejo pero recorrido con convicción, derivó en estos pocos años de gestión obrera en una cartera de clientes de excelencia. La provisión es, fundamentalmente, para dos actividades industriales bien diferenciadas: por un lado, molinos harineros –entre otros, Campodónico, de Bahía Blanca; Pehuajó, de Rosaser, y Clabecq, de Tandil– y por otro, la minería, con su principal cliente, Cementos Avellaneda. Para reafirmar los logros, el presidente de la cooperativa agrega: “Estamos a un sólo turno de lo que era la empresa antes de la quiebra, produciendo dos millones de envases mensuales para empresas de primera línea”.

Las penurias de la provisión. Antes de poner en marcha y consolidar el sistema productivo actual hubo que luchar con y por los proveedores. Así explica Gustavo Sierra la situación inicial de una actividad bien particular: “En nuestro país hay un sólo proveedor de papel extensible para uso industrial, Papel Misionero. Lamentablemente, esa empresa siempre nos reguló las entregas, los tiempos y los volúmenes. La nuestra es una actividad que requiere de planificación y nunca hubo buena predisposición de ellos para con nosotros. Es el único fabricante del país y monopoliza el mercado”. Luego de padecer y trajinar la situación y, sobre todo, de una intensa búsqueda de nuevos proveedores, la cooperativa encontró la senda. Ahora, independizada del monopolio, proyecta su producción tanto como los ritmos y volúmenes de material a entregar en acuerdo con sus clientes.
Así lo hicieron: “Ante esa actitud, parte de nuestro aprendizaje en la gestión fue dilucidar cuáles puertas golpear, sobre todo si la búsqueda se hace en el exterior del país. Salimos a buscar celulosa y hoy estamos abastecidos por materia prima ciento por ciento brasileña: Cocelpa, Celulosa Iraní y Primo Tedesco. Tenemos muy buen volumen de stock, que es lo que nos permite proyectar, cumplir con las entregas y consolidarnos seriamente en el mercado”. Pero eso no fue todo. También fueron por el aprovisionamiento de papel blanco, casi un tesoro de la industria celulósica. Hasta ese momento, pintaban artesanalmente las bolsas. Luego de infructuosas búsquedas la solución apareció de la mano de una consultora de comercio exterior y logística. Hoy el material proviene de un país escandinavo, Suecia, y la empresa es Kormat. Un logro más.
Aunque el esfuerzo realizado es mucho, las metas alcanzadas alimentan las expectativas. Van por más, proyectan y sueñan. El primer objetivo es comprar la planta que tiene una superficie cubierta de 1.800 metros cuadrados y está ubicada en el Parque Industrial de la ciudad de Olavarría. Así lo confirman sus socios: “No queremos que nadie nos regale nada. Ya hicimos una segunda oferta al juzgado y estamos esperando que se expida el Banco Comafi que en esta situación opera como nuestra contraparte. Lograr la titularidad de los bienes sería cumplir un sueño increíble”. La segunda meta está vinculada con ese primer objetivo. Gustavo Sierra aclara, “queremos no sólo subsistir en el tiempo, sino consolidar cada día más a la cooperativa en el mercado, generar más fuentes de trabajo para la ciudad. Para eso tenemos las herramientas productivas, el conocimiento, la trayectoria y también el apoyo del Banco Credicoop. Estamos en el camino pero también a la espera de respuestas. Porque hoy por hoy, no hacemos todas las inversiones necesarias que podríamos hacer hasta ver cómo se avanza. Es como vivir en un departamento alquilado”.
Respecto de la política del municipio para con el emprendimiento, Gustavo Sierra afirma: “Yo voté este proyecto pero no tenemos mucho apoyo, hemos pedido que nos escuchen pero no obtuvimos resultados positivos. Considero que el intendente llegó con los votos del Frente para la Victoria pero sus decisiones se contraponen a los discursos que vienen de arriba. Por otra parte, tenemos el respaldo de la diputada provincial Alicia Tabaré de González Hueso, que nos acompañó desde el minuto cero, nos sigue acompañando y es la que nos gestiona todo en la cámara legislativa provincial”.
Al cierre del encuentro y luego de repasar los números y estadísticas que respaldan el éxito productivo de la Cooperativa Bolsas Olavarría Ltda. afirma con voz clara y gesto determinado: “Nos faltan certezas pero nos sobran los sueños. Juntos lo vamos a lograr”.

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