Krugman dice que el ajuste de Rajoy “no tiene sentido”
No es divertido ser presidente de un país con deudas que no tiene su propia moneda. A diferencia de Estados Unidos o el Reino Unido, España no tiene opciones fáciles. Dicho esto, las nuevas medidas de austeridad que acaba de anunciar no tienen ningún sentido.” Así de tajante se muestra el Nobel de Economía Paul Krugman, en una entrada de su blog en The New York Times, que lleva por título “el dolor sin sentido de España”.
A su paso por España, Krugman concedió una entrevista al diario La Vanguardia en el que advirtió que “si Alemania no cede, el euro se rompe”. Y agregó: “El libre mercado no es perfecto, pero los problemas que causa son pequeños respecto a las ventajas”. El entrevistador le recordó que en 1997, a raíz de la crisis financiera asiática, Krugman salió a defender los controles de capitales:
–Hace un par de semanas usted se hizo famoso en todo el mundo por...
–Oh, ¡no! ¡Ya viene una pregunta de corralito! (risas)
–Exacto. Pero déjeme que lo pregunte de otra manera: ¿por qué es bueno que haya libre comercio (es decir, libertad de movimiento de mercancías y servicios) pero no libertad de movimiento de capitales?
–Primero, no soy el único defensor del libre comercio que está a favor de limitar los capitales en situaciones extremas: Jagdish Bhagwati, de la Columbia University, también piensa lo mismo. Segundo, cuando escribí en mi blog que en España habría corralitos, no estaba haciendo predicciones, sino que estaba describiendo cuál sería el proceso si el euro acababa desapareciendo...
–¡Pero usted dijo que eso pasaría muy posiblemente en un mes!
–Sí, pero no se trataba de una predicción. Era una conjetura de cómo podría ser el proceso de contagio a España e Italia si Grecia salía del Euro en un mes: los depositantes españoles e italianos en estado de pánico intentarían sacar su dinero para llevarlo a Alemania, cosa que llevaría a sus respectivos gobiernos a evitar la salida masiva imponiendo corralitos.
–Ah. Estábamos hablando por qué poner barreras al libre comercio es malo pero poner barreras al libre movimiento de capitales no.
–Tercero, tenemos ya unos 35 años de experiencia acumulada en esto de la movilidad de capital. Y la realidad es que han habido muchos episodios desastrosos en los que el exceso de entusiasmo ha conllevado la entrada masiva de capitales a un país seguidos de una parada repentina y una salida de capitales igualmente masiva. Eso es lo que pasó en América latina en 1982, en México en 1994, en Asia en 1997, Argentina en 2001 y ahora Europa 2012. Después de todas esas experiencias, es difícil tener la misma fe en la libertad de movimientos de capitales que tenemos en la libertad de comercio.
–Pero sin movimiento de capitales no hay inversión extranjera, ni globalización que antes ha dicho usted que era tan buena...
–No defiendo ni propongo que las barreras al movimiento de capitales sean parte de nuestra rutina diaria, sino sólo en casos extremos. Si las barreras estuvieran siempre, acabarían generando corrupción y todo tipo de problemas. Los controles de capitales deben ser una medida excepcional que se utilice solamente en casos de emergencia. Creo que incluso el Fondo Monetario Internacional estaría de acuerdo con eso.
–¿Islandia es el ejemplo a seguir?
–Sí. Si uno se pregunta si los islandeses se equivocaron al imponer controles de capital, la respuesta es que no. De hecho, los controles de capitales son, en gran medida, lo que explica que estén saliendo de la crisis mucho más rápidamente que otros países europeos.
–Cuando usted escribe en The New York Times, parece estar en una cruzada permanente contra los republicanos y a favor de los demócratas.
-Sí, y no lo escondo. Entre 2000 y 2005 mantuve una cruzada contra los intentos republicanos de privatizar la seguridad social y entre el 2006 y el 2009 en otra cruzada a favor de la reforma sanitaria. Esos dos fueron mis temas estrella hasta que empezó la crisis financiera.
–Usted criticó la política alemana de austeridad como garante del crecimiento económico. La llamó incluso “el hada madrina de la austeridad” para demostrar lo fantasiosa que representaba la creencia de que la austeridad por sí sola y sin ir acompañada de política de expansión monetaria o políticas de oferta, llevaría al crecimiento.
–Sí. Se podría ver así. Ésta es la crisis sobre la que yo tenía pesadillas desde mucho antes que ocurriera. Japón 1990 fue un suceso profundamente perturbador para mí. Recuerdo que en 1998 hice estudios académicos serios sobre Japón que demostraban que cuando una economía se enfrenta a una trampa de liquidez debe utilizar el estímulo fiscal... .

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