La Bolsa de Comercio de Rosario: Museo de cera global

El edificio de la Bolsa de Rosario, un potente emblema de la pampa húmeda.
Historia de una institución que sintetiza los intereses agrarios concentrados con la transnacionalización.

La Bolsa de Comercio de Rosario es la síntesis de un poder económico y político que tiene más relación con lo internacional que con lo local y que siempre intentó subordinar al Estado a sus intereses privilegiados. Es la usina de pensamiento que, además, justificó la transformación de la ex ciudad obrera, ferroviaria y portuaria en un archipiélago donde hay islas de la fantasía e islotes de desesperación. No es casual que el edificio inteligente, inaugurado al cierre del menemismo y en el nacimiento de la Alianza, tenga como principales ocupantes a Cargill, Bunge y Molinos Río de la Plata, las grandes exportadoras que crecieron al mismo tiempo que se liquidaban los restos del otrora puerto estatal rosarino que hizo que la ciudad, allá lejos y hace tiempo, recibiera el mote de Capital de los Cereales.
Aunque haya sido la segunda Bolsa en constituirse en la Argentina, hoy tiene un mayor peso que la de Capital Federal porque es en sus oficinas donde se mueve el grueso de la cosecha sojera y sus derivados. Uno de sus presidentes, Víctor Cabanellas, fue intendente de Rosario entre el 28 de febrero y el 11 de diciembre de 1983, a sugerencia del Segundo Cuerpo de Ejército a la hora de la retirada de la noche carnívora. Era la continuidad de un apoyo que no supo de fisuras para la dictadura. En las alfombras rojas de la Bolsa rosarina, el ex jefe de militar de la ciudad y la zona del Litoral y la Mesopotamia, Ramón Genaro Díaz Bessone –hoy juzgado por sus crímenes de lesa humanidad entre 1975 y 1976 cuando fue reemplazado por Leopoldo Galtieri– fue recibido y ovacionado como ministro de planeamiento de Videla.
En septiembre de 1977, José Alfredo Martínez de Hoz visitaba la ciudad en compañía del general Horacio Tomás Liendo en ocasión de presidir las II Jornadas de Comercialización Cerealista organizadas por la Bolsa de Comercio. El ex presidente de Acindar dijo sentir “una gran satisfacción” por estar en “esta institución tan tradicional, tan útil al país como es la Bolsa de Comercio de Rosario”.
“El empresariado argentino ha crecido y está decidido a aceptar el desafío que significa la reconstrucción de la república. Por ello estamos aquí reunidos, para conocer el pensamiento de las fuerzas armadas y poder así reflexionar sobre la naturaleza de sus designios, determinando la dimensión exacta de nuestra responsabilidad empresarial”, dijo un exultante representante de la Federación Gremial de la Industria y Comercio de Rosario, José Luis Pinasco, en octubre de 1977 al recibir a Díaz Bessone.
El militar no se quedó atrás: “Los empresarios forman uno de los primeros sectores que constituyen la Nación día a día. Acaso por eso fueron uno de los blancos predilectos de la agresión criminal de las hordas marxistas. Por eso la responsabilidad moral es la otra gran vertiente de esta eminente función social, y comienza dentro de la misma empresa. Allí los derechos ceden su lugar a los deberes. Defender la empresa y la propiedad privada contra agresores de toda índole es el primer deber”, sostuvo en una clara conciencia del rol de los militares como celadores del gran capital.
Fue allí que Díaz Bessone en pleno corazón de la Bolsa de Comercio rosarina recibió la ovación de las fuerzas vivas de la ex ciudad obrera. Díaz Bessone estaba lejos de los valores de San Martín. La masacre se hizo para “defender la empresa y la propiedad privada”, el ADN del golpe. De allí el agradecimiento sentido de los prohombres de la Bolsa de Comercio de Rosario.
En la reseña histórica de la institución que aparece en su página web curiosamente no hay referencias a la participación de sus principales referentes durante el terrorismo de Estado. Ni tampoco hay apuntes sobre 70 años, un curioso bache que va desde 1927 a 1997. Simplemente se lee: “1927. Se crea el Mercado de Valores de Rosario SA, para liquidar y garantizar las operaciones de compraventa de títulos valores, públicos y privados”. “1997. Comienza a funcionar Rosario Valores Sociedad de Bolsa SA, accionista del Mercado de Valores de Buenos Aires, a través de la cual se canalizan las operaciones de compraventa de títulos valores de la región”, extraña síntesis de siete décadas de vida política, social, económica y comercial, no solamente de la ciudad sino también del país.
Semejante ausencia de sentido contrasta con el origen de la mencionada reseña oficial de la Bolsa rosarina. Dice que el 18 de agosto de 1884 “se fundó el Centro Comercial de Rosario que en 1898 comenzó a denominarse Bolsa de Comercio de Rosario. Ámbito de operaciones mercantiles y representativo de los intereses del comercio, la producción y las finanzas de la ciudad y la región. En la Nación era presidente Julio A. Roca, quien gobernó bajo un clima de optimismo y confianza. En Santa Fe el aporte inmigratorio encontró su ejemplo más notable, convirtiendo a la provincia en un gran proveedor mundial de granos. En Rosario, su ubicación geográfica y la profundidad natural del río impulsaron el arribo de buques de ultramar al puerto, evitando gastos de transporte de cabotaje hasta Buenos Aires. Su crecimiento exponencial fue posibilitado por la libre navegación de los ríos dictada en 1852 por Urquiza y la Ley de Derechos Diferenciales de 1856 que evitó el pago de derechos aduaneros en Buenos Aires a las mercancías que ingresaban. Rosario llegó a convertirse en el principal puerto cerealero del mundo. La compraventa de oro, acciones y títulos de crédito fue el primer mercado organizado de la Bolsa”, sostiene la crónica.
La reivindicación de Roca (quien “gobernó bajo un clima de optimismo y confianza”) y la visión idílica del puerto rosarino que efectivamente fue el mayor exportador mundial de cereales a mediados de los años treinta del siglo veinte, coinciden con su defensa de las élites locales en relaciones carnales con el exterior.
Y, en forma paralela, la Bolsa no dice que aquel glorioso puerto rosarino era estatal y que llegó a brindar casi quince mil puestos de trabajo directos e indirectos durante los años setenta hasta que Martínez de Hoz desreguló la actividad en 1979 y comenzó el desguace que terminó en la privatización de los muelles y el fenomenal auge de las terminales privadas en la zona del departamento San Lorenzo.
Hacia 1987 aquel puerto al que le cantaba loas la historia oficial de la Bolsa fue declarado “sucio”, en forma paralela a la instalación de seis aceiteras, tres cordobesas y tres santafesinas, en los muelles de Puerto General San Martín, dando origen a Terminal 6 hoy en manos de Bunge, Minera La Alumbrera y General Deheza.
Cuando en 1999 quedó inaugurado el edificio inteligente Torre, sede de la institución, irrumpieron las oficinas de aquellas grandes exportadoras que hoy facturan miles de pesos por minuto y están bajo la lupa por evasión y elusión impositivas que se miden en millones de pesos, tal como apuntó la Presidenta de la Nación.
Es también la Bolsa el lugar que eligen decenas de escuelas privadas y oficiales de la ciudad y la provincia no solamente para visitar su museo, recorrer las ruedas de compra y venta, sino también para recibir diplomas de una institución (Junior Archivement), dedicada a difundir los valores de la actividad privada entre los alumnos y a quienes premia bajo el lema “aprendiendo a emprender”. Fue en el interior de la institución donde ex ministras de educación del menemismo provincial abrieron y cerraron años lectivos en una clara demostración de la subordinación de la dirigencia a los mandatos que vienen de la torre bursátil.
En esos años noventa y durante gran parte de la primera década del tercer milenio, también la Bolsa se ha constituido en generador de ideas fuerzas para el desarrollo edilicio de la ciudad y la región, como también en los beneficios de la siembra directa, la versión ecológica de la explotación industrial e intensiva de la tierra y la supuesta responsabilidad social de estos sectores concentrados de la economía argentina.
La Bolsa de Comercio de Rosario es, por toda esta historia, la representación política de los grandes ganadores del saqueo impuesto en los últimos treinta años, el simbólico edificio desde el cual se manejan la ciudad y el país del privilegio.

Promedio: 4.4 (27 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • La historia de los puertos sobre las marrones aguas del Paraná es anterior al sueño colectivo inconcluso parido el 25 de mayo de 1810 y a la propia invención del virreynato del río de La Plata. Hacia 1527, donde hoy se levanta Puerto Gaboto, al norte de Rosario, surgieron los primeros rudimentos de muelles que hoy conforman la principal puerta de exportación de los cereales argentinos.

  • El ingeniero Cristian Amuchástegui tiene 69 años. Es presidente de la Bolsa desde noviembre del 2009, cuando ganó una difícil interna entre los sectores exportadores y los corredores. Es dueño de Roagro, una corredora de cereal, y fue presidente de la entidad entre 1994 y 1997. “Era otro mundo”, dice entre sonrisas este hombre alto que atiende en su despacho poblado de muebles ingleses de caoba, amplio, con vitraux franceses y sin computadoras, en un edificio coronado por una cúpula que alumbra la ciudad.

  • El jueves pasado, después de 26 años de ausencias, un presidente argentino pisó la Bolsa de Comercio de Rosario. Un edificio monumental enclavado en el vértice de una ciudad por la que pasa el comercio granario del país y en el que se afincan los operadores de las multinacionales transgénicas. La soja es a este poder económico lo que los diamantes al África. En números: se exportaron en el país 8.500 millones de dólares y los derechos de exportación fueron de 2.700 millones. Gran parte de eso se voceó en el recinto de “la Bolsa”.

  • Terminaba el invierno de 1975 cuando el general de brigada, Ramón Genaro Díaz Bessone, asumía como nuevo comandante del Segundo Cuerpo del Ejército. Dos semanas antes había sido hallado en Rosario el cadáver del mayor del Ejército, Julio Larrabure, con síntomas de estrangulamiento. Era 9 de septiembre. Rodeado por el entonces jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, y los ministros de gobierno de Isabel Perón, Díaz Bessone expresaba sus palabras de honor ante un público uniformado que lo escuchaba atentamente en la plaza de armas del Batallón 121.

  • El plan viene de lejos y nunca pudo resolver su problema estructural. El Puerto de la Música fue un proyecto que el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, impulsó a finales de 2008, a los pocos meses de sumir. Consistía en construir un auditorio de espectáculos para 2.500 personas y una explanada al aire libre para otras 25.000. Este proyecto amenaza la sustentabilidad portuaria de la ciudad de Rosario porque en el predio donde se levantaría, ubicado en la centro de la ciudad, en la esquina de las avenidas Belgrano y Pellegrini, está el muelle más importante de ese puerto.

  • El paro de la CGT San Lorenzo que comenzó a mediados de semana con el bloqueo de las terminales de Cargill, Bunge y Terminal 6, constituye una verdadera pelea por un salario que contemple un piso de ingresos apenas por encima de la canasta familiar: nueve mil trabajadores quieren un mínimo conformado de cinco mil pesos mensuales, mientras sus empresas facturan alrededor de 30 mil pesos por minuto, como es el caso de Cargill.