A la caza del líder de Wikileaks
Nos habían advertido que esperáramos trucos sucios. Ahora ya tenemos el primero”, advirtió Julian Assange –fundador del sitio de internet Wikileaks, especializado en la publicación de filtraciones del Pentágono norteamericano– a través de su cuenta en Twitter. La declaración desde la clandestinidad de Assange retrucó el procesamiento de la Fiscalía sueca dictado ayer contra su persona por dos acusaciones diferentes, una por acoso sexual y otra por violación. Además, el anuncio de Assang se produce apenas tres días después de que los servidores de Wikileaks pasaran a estar bajo la protección legal del Partido Pirata de Suecia, una medida que busca garantizar inmunidad para la organización que acorraló la política de defensa de Washington al desnudar ejecuciones arbitrarias contra civiles por parte del Ejército Norteamericano en las guerras que lleva a cabo en Medio Oriente.
Sin embargo, más allá del proceso judicial abierto contra el cerebro de Wikileaks en el Viejo Continente, un asunto más espinoso parece sobrevolar en esta historia. Según Maximilian Forte, uno de los tantos financistas voluntarios que oxigenan las arcas de dicho portal, el Pentágono sería el gran titiritero detrás de los presuntos delitos sexuales de Assange. En un excelente artículo titulado ¿Guerra contra Wikileaks? publicado en el sitio Rebelión, Forte enumera una serie de hechos políticos de las últimas semanas que sustentan la hipotética persecución política contra Wikileaks.
El Departamento de la Armada, en un mensaje titulado Wikileaks Website Guidance, [ Guía para el sitio en internet de Wikileaks ] emitió la siguiente declaración el 5 de agosto: “El personal no debe abrir el portal Wikileaks para ver o bajar la información confidencial publicada. Hacerlo introduciría información potencialmente confidencial en redes no confidenciales. Ha habido rumores de que la información ya no está clasificada porque reside en el dominio público. Eso NO es verdad. Las técnicas de tecnología de la información del gobierno deben utilizarse para capacitar a nuestros combatientes, promover que se comparta la información en defensa de nuestra patria y para maximizar las eficiencias en las operaciones. No deberían utilizarse como un medio para dañar la seguridad nacional mediante la revelación no autorizada de nuestra información en portales o salas de chateo públicamente accesibles en internet”, expone Forte en dicha pieza periodística. Por otro lado, un mensaje similar habría sido emitido por la Oficina de Seguridad Especial del Departamento de Inteligencia del Cuerpo de Marines, dirigida a Alcon (a quien corresponda), que amenaza con castigar a los infractores: “Al acceder voluntariamente al sitio de internet Wikileaks con el propósito de ver el material confidencial publicado –esas acciones constituyen el procesamiento, revelación, visión y descarga de información clasificada a un sistema informático NO AUTORIZADO, no aprobado para el almacenamiento de información clasificada, lo que significa que se ha cometido VOLUNTARIAMENTE una VIOLACIÓN DE LA SEGURIDAD”.
Pero eso no es todo. De acuerdo a la investigación de Maximilian Forte, el 5 de agosto el Pentágono también emitió “una exigencia estrafalaria, tan extraña que es prácticamente imposible que alguien la considere con algo menos que desdén”. El portavoz del Pentágono, Geoff Morrell, ordenó que Wikileaks “devuelva” todos los documentos: “Estos documentos son propiedad del gobierno de Estados Unidos y contienen información clasificada y confidencial. El Departamento de Defensa exige que Wikileaks devuelva inmediatamente toda versión [sic] de los documentos obtenidos. La publicación por Wikileaks de la semana pasada de una gran cantidad de nuestros documentos ya ha amenazado la seguridad de nuestros soldados, nuestros aliados y ciudadanos afganos. El único camino aceptable es que Wikileaks devuelva todas las versiones de estos documentos al gobierno de Estados Unidos y los borre permanentemente de su sitio en internet, ordenadores y archivos”.
Por último, el mecenas de Wikileaks en las sombras concluye que: “La intimidación de Assange, o peor todavía, efectivamente capturarlo y encarcelarlo, sólo convertirá a Assange en un héroe internacional, el Che Guevara de la guerra de la información. Estados Unidos no quiere que esto se demuestre en público en una escena mundial, de modo que nuestras respuestas a la pregunta sobre lo que se propone Estados Unidos, y por qué parece haberse desquiciado de un modo tan extremo, tienen que encontrarse en otro sitio”.
