La crisis bajo control

Año 3. Edición número 150. Domingo 3 de abril de 2011
Una tormenta eléctrica y el ojo de un huracán: dos escenartios posibles donde puede actuar el sistema ideado por técnicos y científicos argentinos para acelerar y perfeccionar el tiempo de la información y la previsión de las necesidades. || Mapeo del sistema Crisis, desarrollado en el Instituto de Investigaciones Científicas para la Defensa.
Cómo será el nuevo sistema argentino que permitirá manejar la información y la previsión que se planteen en posibles escenarios de catástrofes

El Sistema Crisis, una herramienta informática desarrollada íntegramente a nivel del sector público local para hacer frente con eficacia a emergencias de mediana y gran escala –desde inundaciones, terremotos o incendios hasta epidemias o fugas químicas–, será implementado ahora en el municipio de Vicente López. Este mismo sistema está siendo estudiado por el Consejo de Seguridad de Unasur y requerido desde Haití, y será la base del programa de asistencia nacional Catástrofes diseñado por el Polo Tecnológico Constituyentes.
El sistema en cuestión apunta a manejar dos aspectos críticos que se plantean en escenarios de catástrofe: el manejo en tiempo real de la información, que ante tales situaciones suele ser caótica y provenir de diferentes fuentes, y la previsión de las necesidades mediante modelos matemáticos que varían según la naturaleza de la emergencia planteada.
Aunque el proyecto de diseño del sistema arrancó impulsado por la gran inundación que en 2003 afectara a la ciudad de Santa Fe, el uso de la versión de gestión del Sistema Crisis se había restringido hasta ahora al área de Defensa, en el Estado Mayor Conjunto, salvo en 2009, cuando a instancias del Ministerio de Salud de la Nación fue implementada una versión de prueba ante la pandemia de gripe A:H1N1. Pero el avance de las negociaciones con el mencionado municipio bonaerense implicaría ahora ponerlo a funcionar en una comuna, interconectando organizadamente a todos los sectores de la sociedad civil capaces de responder ante una crisis: municipalidad, gobierno nacional y provincial, hospitales, seguridad, policía, bomberos, defensa civil, las ONG e incluso la Prefectura Naval Argentina.
“Lógicamente, van a surgir de aquí modificaciones respecto del sistema original, porque es un escenario nuevo que nos sirve de trampolín para otra iniciativa que surge del Polo Tecnológico Constituyentes, y que es la aplicación del sistema en los 2100 municipios del país”, explica a Miradas al Sur el ingeniero Alejandro Acquesta, jefe del Departamento de Modelado y Manejo de Crisis del Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas para la Defensa (Citedef), que ha sido la sede del desarrollo del sistema, en colaboración con universidades nacionales. “Si sirve en este contexto –adelanta Acquesta– podremos construir un protocolo de implantación, con la consecuente reducción de costos y de esfuerzo.”

Sencillo sólo en apariencia. Para entender cómo funciona este sistema es necesario pensar qué ocurre “normalmente” (valga aquí la paradoja del término) en un contexto de catástrofe imprevista.
La incertidumbre y la demanda de información son una constante; otra es que quienes generan la información necesaria (como los institutos de epidemiología, de prevención sísmica, el Instituto Nacional del Agua, el Servicio Meteorológico Nacional o el Indec, que puede informar cuánta gente habita el área afectada) no son los mismos que deben tomar las decisiones claves (autoridades nacionales, provinciales y municipales), ni tampoco quienes darán asistencia en el lugar de los hechos: policía, bomberos, médicos, enfermeros, líderes comunitarios, fuerzas de rescate, transportes para evacuación y una lista de actores sociales cuya extensión y diversidad dependerán del hecho en cuestión.
A todo esto, las instituciones suelen desconocer sus propios recursos materiales y humanos reales disponibles, y más aún los de otras instituciones con las que en medio de la crisis tendrán que interactuar. O puede que esa información exista pero no esté al alcance de los responsables de tomar las decisiones en el momento preciso.
Además, hay brechas entre los diversos lenguajes institucionales, “diferencias de código” que se suscitan, por ejemplo, entre la policía, el personal de la salud, una institución científica o una ONG que recolecta donaciones para socorrer a los afectados. Todo esto, en medio de una cotidianidad completamente alterada y donde la gente teme por su vida y la de sus allegados, vecinos y compañeros.
En tales contextos, las organizaciones necesitan vincularse de manera diferente a la normal para dar respuestas adecuadas. Dependiendo del área afectada, las jurisdicciones suelen chocar sin que haya tiempo para la discusión política. La información suele ser contradictoria, y hay vidas y recursos en peligro.
Bajo la premisa “Con mejor información se logran respuestas más eficientes”, el equipo de trabajo con sede en el Citedef fue dando forma, a lo largo de ocho años, a las distintas versiones de su actual sistema, que es en definitiva una aplicación de software capaz de concentrar la información necesaria (y sólo la necesaria) para resolver las crisis, que crea una red cuyo mismo diseño debe garantizar que la información esté actualizada, sin contradicciones y accesible a quienes deben tomar las decisiones y actuar. En momentos de crisis, deben poder sumarse fácilmente nuevos nodos.
Cada institución conectada a esta red tiene sus atributos: unas sólo suministran información primaria; luego la ponen a disposición de los decisores, básicamente, las autoridades políticas. Así, éstos, en lugar de acudir a sus canales habituales, van como primera opción a ese espacio único y común que funciona como una “gran pizarra”. Estas decisiones son información volcada en este mismo espacio para que esté accesible a quienes tienen que actuar en consecuencia y disponer las fuerzas vivas para socorrer, y que ya saben dónde ir a buscar la información correcta y actualizada. Así todos actúan en un contexto de menor incertidumbre. Parece muy sencillo, pero hasta el presente no existía nada parecido. Lograr la disposición y la confianza de las instituciones para participar de esta red en realidad no es algo tan fácil.

El sistema en funcionamiento. Genera gran entusiasmo en quienes trabajaron en su diseño el creciente interés nacional e internacional por el Sistema Crisis y esta prueba piloto en Vicente López que, de ser exitosa, abre una nueva etapa del proyecto y obliga a pensar en el futuro: “Probablemente hagamos una implantación escalada, bajando de la Nación a la Provincia, y después, que cada provincia se encargue de implantarlo en sus municipios –dijo el ingeniero Acquesta–. Contamos con una ventaja: no es necesario que en todas las provincias se implante al mismo nivel, ni que todas lo tengan”.
Las dos primeras versiones de adiestramiento del sistema surgieron entre 2005 y 2006 y habían sido puestas a prueba en tres ejercicios internacionales de simulacro, en Bolivia, Perú y Chile. Paralelamente, con la colaboración de especialistas y becarios de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de La Plata, entre otras, y el apoyo de la entonces Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación (hoy transformada en ministerio), se fueron desarrollando los modelos matemáticos para analizar los posibles riesgos en cada escenario y ante cada tipo de emergencias y fenómenos. Algunos de los equipos que desarrollaron estos modelos estuvieron dirigidos por Pablo Jacovkis, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Cuanto mejor desarrolladas estén este tipo de herramientas, más potencialidades tendrá el sistema de gestión.
Los modelos prediseñados establecen escenarios hipotéticos ante diversos problemas, como la evolución epidemiológica típica de una determinada enfermedad en una población determinada, teniendo en cuenta las condiciones de vida de esa población. O cómo afectan los sismos de diferentes intensidades en cada contexto poblacional, o cuánta gente sería necesario evacuar en el contexto más favorable o menos favorable, etcétera. Esos datos previos permiten prever qué recursos solicitar y a quién, y a quiénes pedir que no se involucren para no empeorar el contexto de caos, no desperdiciar recursos o no perder las mejores oportunidades de salvataje.
“Cuando se dio el alerta epidemiológico por A:H1N1, nos llamaron directamente desde el Ministerio de Salud –relata el ingeniero–. Nos pidieron el sistema y el modelo de pandemia, que de ese modo se usó en una situación real para analizar el efecto que tendría implementar el cierre de colegios, o dar los antivirales antes que las personas se enfermen. Se lo utilizó también para prever el efecto de adelantar las vacaciones, para decidir en qué momento era necesario terminar con la quimioprofilaxis, teniendo en cuenta la cantidad de unidades de antivirales con las que contaba el país”.
El sistema para seguimiento de crisis fue utilizado también ante el accidente del rompehielos Almirante Irízar, en la erupción volcánica del cerro Chaitén (que generó una contaminación del aire por cenizas que se registró hasta en Buenos Aires), en operaciones de colaboración realizadas por el Estado Mayor Conjunto en la inundación del Río Mamoré, en el norte de Bolivia y en el sismo registrado el año pasado en Chile.

En cualquier escenario. En la versión implementada localmente a nivel del Estado Mayor Conjunto, el que se conecta a la red desde un nodo es identificado con un sistema de seguridad bancaria, y se hace responsable de la información que pone a circular.
Acquesta sostiene que el trabajo que comenzarán a realizar en breve en Vicente López los ayudará a implementar un sistema “aplicable en tiempos de paz en cualquier lugar, y también para diseñar una versión abreviada que funcione como protocolo de implantación en emergencia”.
Eso significaría analizar de qué manera se relacionan entre sí las instituciones reales existentes, quiénes generan la información, quiénes la usan, quiénes planifican cada operación, quiénes las deciden (que son dos instancias diferentes) y quiénes las llevan a cabo. Y, finalmente, dar asesoramiento metodológico en cuanto a las formas más eficaces de usar el sistema. Acquesta resume diciendo que durante la inminente experiencia de Vicente López deberían, “en un par de meses, llegar a una versión resumida del proceso de modo tal que este pueda desplegarse en un par de días”. El equipo estará en condiciones de poder montar, con sólo una computadora y un servidor, una sala de crisis en cualquier lugar del planeta en pocas horas, conectado a una pequeña red de computadoras que podrán tener en su pantalla la mejor información disponible, y extenderla mediante terminales portátiles dentro del entorno de la zona de emergencia. Los años de trabajo y desarrollo hacen que no sea un ideal demasiado difícil de alcanzar.

• MODELOS PARA ARMAR
Los primeros momentos de una emergencia suelen ser a la vez los de mayor incertidumbre y los más decisivos a la hora de salvar vidas y bienes. Para ayudar a tomar decisiones en esos momentos son vitales los modelos matemáticos de crisis.
La idea original de diseño del Sistema Crisis era crear una herramienta capaz de poner en marcha el Sistema Federal de Emergencias (Sifem), un modelo de respuesta de las instituciones del Estado frente a la crisis que fue establecido por ley en 1999. Pero no sería posible ponerlo en práctica sólo con los recursos técnicos actuales: los modelos más desarrollados tienen que ver con los fenómenos con más posibilidad de ocurrencia en la Argentina.
Claro que hay propuestas de llevar adelante modelos que posibilitarían al sistema adaptarse a diferentes realidades regionales: tormentas tropicales, deslizamientos de tierras, huracanes. Una de ellas llegó a los especialistas de Citedef a través de los representantes del Estado Mayor Conjunto en Haití, donde forman parte de los trabajos de asistencia como asesores de alto nivel en las delegaciones internacionales que están colaborando en tan difícil escenario: una gran desorganización para coordinar la asistencia, 12 batallones de diferentes países que hablan distintos idiomas, y una situación de emergencia social que data de mucho antes del terrible sismo de enero de 2010. El Sistema Crisis, explica su mentor, “no puede cambiar la manera en que se hacen las cosas, pero trata de comunicar a los participantes la repuesta para hacer más accesible la información a quien tenga que usarla, que sea vista toda junta para tomar decisiones viendo el panorama completo”.

• UNASUR EXPEDITIVA
Una de las perspectivas más auspiciosas para el uso del Sistema Crisis es la posibilidad de que cada país miembro de Unasur pueda informar qué recursos materiales y humanos pondría a disposición ante una situación de emergencia regional, o ante una catástrofe en otro país miembro. “Si bien es un desafío grande –comenta el ingeniero Alejandro Acquesta–, las funcionalidades que ya tenemos nos alcanzan para cubrirlo, porque serían pocos nodos en cada país conformando una red democrática. No habría una centralización de datos, sino que cada país tendría sus propios datos y los compartiría con el resto de los miembros.”
En caso de implementarse a nivel de Unasur, los desarrolladores tienen prevista una línea de crecimiento para la funcionalidad del sistema, que permitiría coordinar operaciones de defensa civil y utilizar herramientas de decisión multilateral, un precedente importante para instalar un sistema de e-government (gobierno digital).
En el supuesto caso de que se identificase una amenaza, el sistema permitiría poner el tema en discusión –en los nodos de la red que estén autorizados para intervenir en ella, ya que obviamente no es un sistema abierto– sin necesidad de que el Consejo de Seguridad de Unasur esté reunido permanentemente. “Lógicamente, llegado el momento de la reunión del Consejo, se pasa en limpio el estado actual de todos esos temas que se han ido discutiendo y se lo presenta como agenda para la discusión presencial, que luego puede seguir evolucionando de manera no presencial prácticamente sin costo, y permite que se transforme en una agenda dinámica”, explica Acquesta.
Las herramientas de gobierno digital tendrían que posibilitar, además, mecanismos de votación sobre los temas para poder tomar decisiones o descartar propuestas: “Es muy importante que la Unasur esté interesada en participar –resumió en este sentido–, por lo que estamos dispuestos a crecer junto con el resto de los países en esta dirección”.

Promedio: 4.7 (25 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • El Sistema Crisis, una herramienta informática desarrollada íntegramente a nivel del sector público local para hacer frente con eficacia a emergencias de mediana y gran escala –desde inundaciones, terremotos o incendios hasta epidemias o fugas químicas– será implementado ahora en el municipio de Vicente López. Este mismo sistema está siendo objeto de estudio en el Consejo de Seguridad de UNASUR y requerido desde Haití, y será la base del programa de asistencia nacional “Catástrofes” diseñado por el argentino Polo Tecnológico Constituyentes.

  • La creación de Unasur ha operado un cambio irrevocable en las mentalidades de los pueblos latinoamericanos. Buena parte de la comprensión de los acontecimientos producidos en los últimos años puede explicarse a partir de las decisiones adoptadas por las dirigencia de la mayoría de los países del bloque que lograron llegar al poder, con un programa que hacía foco en nuestra idiosincrasia, para recuperar la cultura política.

  • Son innumerables las áreas en las que el Citedef investiga y desarrolla proyectos cuya concreción está íntimamente relacionada con la posibilidad de mejoras sustanciales en diversos aspectos de nuestra vida cotidiana, tanto en la actualidad como en un futuro previsible. En muchos casos, se trata de iniciativas que tienen que ver con demandas concretas de algún sector del Estado y en otros, con demandas de la industria o los servicios privados.

  • –¿Qué lectura hace de las políticas de seguridad implementadas hasta ahora por el Gobierno Nacional?

  • –¿Qué es el Polo Tecnológico Constituyentes?

  • El marco es el viejo anhelo de sustitución de importaciones de alto valor agregado por tecnología desarrollada y producida a nivel local. El lugar fue la sede del Instituto de Investigaciones Tecnológicas para la Defensa (Citedef) en Villa Martelli.