La gesta inicial del ciclo chavista
Era necesaria la rebelión. ¿Qué querían estos burgueses? ¿Que nuestros fusiles siguieran escupiendo plomo contra los pechos indefensos del pueblo de Simón Bolívar?”, sintetizó Hugo Chávez los motivos para alzarse en armas contra Carlos Andrés Pérez, el entonces presidente de Venezuela, hace veinte años y en referencia a la represión contra el levantamiento popular del 27 de febrero de 1989, conocido como Caracazo.
El 4 de febrero de 1992, faltando diez minutos para el mediodía de una jornada que amaneció revuelta, confusa y violenta, en el Museo Histórico Militar de La Planicie, muy cerca del Palacio Miraflores, la sede de gobierno, un joven teniente coronel pedía las cámaras de TV para anunciar su rendición y dar por finalizado el fallido golpe de Estado. Delgado, moreno y con una ductilidad discursiva que sorprendió por provenir de un militar latinoamericano, Hugo Chávez Frías reconoció el fracaso pero en su alocución dejó suelto un “por ahora” que condicionaría en el futuro la vida política venezolana. La asonada tuvo un saldo de 50 muertes y un centenar de prisioneros, entre ellos el propio Hugo Chávez, que finalmente fue recluido en la cárcel de San Francisco de Yare, del estado Miranda. Pasarán dos años y en 1994, con Rafael Caldera en la presidencia, fue sobreseído y puesto en libertad. En el transcurso de su encierro la popularidad de este llanero del arma de paracaidistas creció y comenzaría a trazar la estrategia que lo puso en el camino hacia el poder. Ese mismo año Chávez viaja Cuba y realiza su primera entrevista con Fidel Castro, lo que desconcertó a la mayor parte de la izquierda de América Latina que lo había estereotipado como el típico golpista. Una lectura errónea que la periodista argentina Stella Calloni suele remarcar, desde que lo entrevistó por primera vez no bien abandonó la prisión. Como un huracán Chávez rearmó el Movimiento Bolivariano 200 que había fundado con camaradas de armas en 1982 y creó el Movimiento V República, con el que se presentó en las elecciones presidenciales de 1998 para resultar electo presidente con el 56,2% de los votos y asumir el cargo el 2 de febrero de 1999.
Desde entonces, la Revolución Bolivariana sufrió los vaivenes de las conspiraciones de la oposición y sectores empresariales, con los monopolios mediáticos como Globovisión, insuflados desde Washington, que en abril de 2002 cuajara en un derrocamiento momentáneo que duró menos de tres días. Chávez fue repuesto por movilizaciones populares y de tropas de las fuerzas armadas que se mantuvieron fieles a su conducción. Luego vendrá el paro petrolero, que significó un putsch del sector económico más poderoso de la nación caribeña y que terminó cuando el gobierno decidió nacionalizar la explotación, refinamiento y exportación del petróleo.
Apenas ocupó su despacho en Miraflores, Chávez convocó a una Asamblea Constituyente para reformar la Carta Magna y pronto puso en práctica una modalidad que, contradictoriamente, provoca críticas dentro y fuera del país: el llamado a consulta popular para ratificar la nueva Constitución. Un ejercicio electoral que repetiría en unas 15 oportunidades más, entre legislativas, presidenciales y de revocatoria de su mandato. Resultará vencedor en todas menos en la de 2007, cuando por el escaso margen de poco más del 1% su propuesta de modificar la Constitución fue derrotada. “Tienen una victoria de mierda”, dijo amargamente el jefe de Estado al reconocer la derrota y mientras los opositores se abstenían de festejar en las calles. Así y todo, en 2009 convocó a una nueva consulta sobre una enmienda constitucional que borraba el límite de reelecciones en todos los cargos ejecutivos y legislativos, de la que sale triunfante a pesar de la profunda crisis energética que obligó al gobierno a aplicar el racionamiento eléctrico en todo el territorio venezolano, con el consiguiente malhumor generalizado.
El proceso bolivariano pudo resolver en trece años cuestiones sociales urgentes y modificar algunas variables económicas, que por largo tiempo mantuvieron a gran parte de la sociedad postergada. En 1999 la pobreza alcanzaba al 80% de la población y de ella un 30% era extremadamente pobre. Hoy, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, estos números han disminuido al 27,4% y 7,3% respectivamente. Gran parte de esta reducción ha sido posible mediante los planes intensivos de atención social, mediante las “misiones” que nacieron en el medio de la disputa con la burocracia estatal heredada y en las que Cuba tuvo una participación esencial, cuando se trató de llevar la medicina preventiva a los barrios más humildes.
En octubre, Chávez, con el 61% de aprobación de acuerdo a la más reciente encuesta, buscará ser reelecto otra vez aunque las especulaciones sobre su salud lo pongan en duda. Enfrente, la Mesa de la Unidad Democrática buscará el próximo domingo dirimir en las primarias, quién representará a la derecha como candidato entre los cinco contendientes. La duda mayor es el nivel de asistencia a la convocatoria, que marcará el grado de representatividad del ganador.
El “por ahora” de 1992 ya parece superado, pero los meses que restan para abrir las urnas todavía deja margen para no hablar de certezas en los resultados. Eso sí, por ahora.
