La globalización financiera desregulada y su epílogo
Los activos de toda índole que constituyen el mundo del dinero (acciones, títulos, depósitos, seguros, opciones, derivados, etcétera), crecen a una velocidad mucho mayor que la de la producción, la inversión y el comercio internacional. En los mercados de un extremo a otro del planeta, desde Tokio hasta Nueva York, las 24 horas del día, siete días a la semana, los operadores especulan sobre tasas de interés, cotizaciones, paridades cambiarias. La esfera financiera se ha convertido en un gigantesco casino global en cuyo seno se realizan proporciones crecientes de las ganancias generadas en las economías nacionales y el orden global. Ganancias resultantes de la especulación desvinculadas del crecimiento de la economía real.
Estos hechos se reflejan en la ideología dominante y en la subordinación de las políticas de las mayores economías de Occidente a los intereses del mundo del dinero. Los gobiernos del presidente Reagan y la primera ministra Thatcher consagraron la sustitución del paradigma keynesiano y el estado de bienestar (que dio lugar al “período dorado” de la posguerra entre 1945 y 1973) por el paradigma neoliberal, la apertura y desregulación de los mercados y la marginación de las políticas públicas de crecimiento y pleno empleo.
Este proceso tuvo pésimas consecuencias sobre la economía real. La somete a la inestabilidad de las paridades de las monedas y las tasas de interés, genera burbujas especulativas que provocan fuetes variaciones en los precios de los activos y, a través del “efecto riqueza”, perturba la demanda agregada y la actividad productiva. El universo especulativo se ha extendido a los mercados de bienes, como el petróleo y diversos commodities, provocando cambios bruscos en los precios de bienes esenciales, con sus consecuencias sobre la evolución del nivel general de precios y la distribución del ingreso.
Como resultado de éstas y otras perturbaciones, desde principios de 1970 hasta la actualidad, a nivel de la economía mundial, bajaron las tasas de crecimiento del PBI, empleo, productividad del trabajo, acumulación de capital productivo y comercio internacional, respecto de las vigentes en el “período dorado”. En las economías occidentales aumentaron la tasa de desempleo y la desigualdad en la distribución del ingreso. Los problemas fueron particularmente graves en las economías vulnerables, como lo fue la argentina bajo el período neoliberal (1976-2001/2) y lo son ahora, entre otras, las de Grecia y España. Es decir, aquellas economías que apalancaron su gasto sobre la deuda y el crédito internacional, perdiendo el equilibrio de sus pagos externos y las finanzas públicas. En cambio, las economías emergentes de Asia se vincularon al mundo del dinero manteniendo firmes políticas de desarrollo nacional y equilibrio macroeconómico. En esos casos, cuando hubo desajustes financieros, como en la crisis de Corea de 1997/8, los equilibrios y el crecimiento se recuperaron rápidamente.
Los movimientos de capitales especulativos contaminan la economía real por múltiples medios, particularmente en los países vulnerables. Por ejemplo, la apreciación cambiaria, la cual debilita la competitividad y multiplica la dependencia del crédito externo y la deuda. Es decir, propaga la “enfermedad holandesa”. Este hecho genera también comportamientos perversos en empresas de la economía real al aumentar su capacidad de compra de activos externos, generando un equilibrio nada virtuoso entre la pérdida de competitividad de la producción doméstica y la conquista de posiciones en otros países. Es seguramente el caso actual de Brasil, en el cual la pérdida de competitividad por la revaluación del real es, en mayor o menor medida, compensada en las grandes empresas por la mayor capacidad de adquisición de activos en el exterior. Este tipo de comportamientos estimulado por la apreciación de la moneda puede ser beneficioso para la rentabilidad de algunas firmas pero es inconveniente para la producción y el empleo interno, como parece revelarlo la baja tasa de crecimiento de largo plazo en la economía brasileña bajo condiciones de apreciación cambiaria.
En las últimas cuatro décadas, hasta promediar la actual, las burbujas especulativas provocaron microcrisis en los mercados financieros como sucedió, por ejemplo, con las de las deudas latinoamericana, asiática y rusa, o el desplome de las acciones puntocom. Pero todas estas microcrisis estaban localizadas en pocos países o en segmentos de la economía. En todos los casos, la repercusión de estos episodios en la economía real de la producción, la inversión y el empleo, fue relativamente moderada, salvo en los países o actividades directamente involucrados.
Pero la crisis inaugurada por el desplome de las hipotecas subprime en los Estados Unidos a fines de 2007, hasta culminar con la caída de Lehman Bros., es de naturaleza y alcance muy distintos. Comprometió a la totalidad del sistema financiero internacional, llevó al borde de la bancarrota a instituciones del mayor prestigio en las mayores economías de Occidente y provocó un fuerte deterioro de la producción, la inversión, el empleo y en el comercio internacional, con la notable excepción de China y otras naciones emergentes de Asia. El colapso de la globalización financiera desregulada y sus consecuencias fueron de tal magnitud que las mayores economías de Occidente, con el apoyo de las de Oriente, intervinieron masivamente para rescatar a las entidades con problemas, hacerse cargo de activos “basura” e inyectar liquidez para mantener el crédito. Los bancos centrales expandieron la liquidez violentando su tradicional prudencia en la creación de dinero y los gobiernos el gasto público, en tal medida que el déficit consolidado de los mayores Estados nacionales aumentó de promedios inferiores al 2% del PBI a más del 10 por ciento.
Frente al colapso, la reacción política de los gobiernos de las principales potencias, reflejada en las reuniones del G-20, fue el apoyo masivo de recursos monetarios y fiscales para rescatar al mundo del dinero y prometer reformar los marcos regulatorios para evitar calamidades futuras. Este segundo aspecto de la estrategia adoptada ha quedado en propuestas incumplidas. El mundo del dinero sigue operando bajo el mismo encuadre desregulado que desembocó en la crisis. Uno de los ejemplos del grado de irracionalidad al que se llegó es que el G-20 dedicara tiempo a discutir cuántos bonos o no merecen los especuladores, cuestión irrelevante respecto de la magnitud de las amenazas a la paz, la seguridad, el medio ambiente y la economía mundial.
Después del salvataje masivo, frente a la crisis actual de las economías vulnerables, como las de Grecia y España, y las amenazas al euro, la Unión Europea utiliza un nuevo instrumento. A saber: pulsear con los mercados. En efecto, los gobiernos de la UE, más el FMI, han declarado estar dispuestos a aplicar otra suma gigantesca de recursos (cercana al billón de euros), para sostener la moneda europea y respaldar a los países con problemas, siempre y cuando éstos apliquen el ajuste que los mercados esperan. Se proponen fuertes recortes del gasto público y las prestaciones sociales para reducir, uno o dos puntos, los astronómicos déficits fiscales derivados de los fondos aplicados en el salvataje de los especuladores y compensar la recesión desatada por la crisis del mundo del dinero. En cualquier caso, la reacción de los mercados parece demostrar que, a esta altura, nada alcanza para restablecer los equilibrios perdidos en las finanzas internacionales. Como si faltara algo para identificar a los protagonistas de esta “estrategia” basta observar la presencia del FMI en el “programa” anunciado por la Unión Europea.
En América latina y, particularmente, en la Argentina, podemos opinar desde la experiencia. Los programas de ajuste para reducir el déficit, basados en la baja del gasto público y las prestaciones sociales, lo aumentan porque, en la caída consecuente de la actividad económica y capacidad contributiva de la población, la recaudación de impuestos baja más que el gasto. Recuérdese nuestra experiencia bajo la estrategia de “déficit cero” en el transcurso de 2001, que tanto apoyo recogió en el neoliberalismo criollo.
Como señalé en la nota anterior en este mismo medio, la crisis de Grecia y España revela problemas propios de la UE pero, en el trasfondo, está la imposibilidad de recuperar los equilibrios perdidos de la economía mundial, mientras prevalezca la globalización financiera desregulada y su ideología, el neoliberalismo. El gran interrogante es saber cuándo la repercusión de las reacciones sociales y los conflictos derivados de las políticas ortodoxas de ajuste y la inestabilidad de los mercados, inducirá, en los gobiernos de las mayores economías de Occidente, la introducción de las reformas necesarias en los marcos regulatorios. En las últimas 48 horas los anuncios realizados por el Consejo de Ministros de Economía de la UE introduciendo controles en los mercados parecen anticipar que, en efecto, la realidad comienza a poner límites políticos al desenfreno especulativo. Veremos.
Los problemas que plantea el mundo del dinero no son los únicos que confronta el sistema internacional. Pero será muy difícil resolver las amenazas a la paz, la seguridad y el medio ambiente y las desigualdades imperantes, sin establecer un orden viable en las finanzas internacionales.
A nosotros, los argentinos, esta situación nos ayuda a aclarar nuestra propia situación. El país se recuperó del derrumbe de 2001/02, originado en las mismas causas de la dependencia del crédito externo y la deuda, poniéndose de pie sobre sus propios recursos y, consecuentemente, recuperando el ejercicio soberano de la política económica y su capacidad de respuesta frente a las turbulencias externas. Debemos consolidar lo alcanzado. En los mercados internacionales sólo nos esperaría el caos y el desconsuelo. .

Tiempo argentino


Comentarios
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Estos conceptos los conocen los economistas de todo el mundo, la curva de la demanda agregada es un tópico que no ignoran los estudiantes de economía. Pero... las crisis se suceden cada tanto tiempo.
Nosotros, las ovejas, no nos damos cuenta que cuando llega la primavera se acerca la esquila.
No hay crisis, solo saqueos.
La única manera de no perder en un casino es no apostar, no entrar al casino.
Vivir con lo nuestro, en un sentido amplio de economía diversificada, comercio sur - sur, multiplicando las ofertas y generando no solo sustitución de importaciones sino creación de nuevos valores tanto en productos innovadores como en servicios. Ese es el camino para la Argentina.
Lo que falta ahora es incorporar la vertiente ética de la economía. Una Responsabilidad Social Empresaria unida a una Compra Responsable por parte de los ciudadanos.
No comprar jamás un producto cuyo origen tenga sospechas de explotación, deforestación o contaminación.
O simplemente sea producido por transnacionales, si hay un sustituto nacional o regional.
Priorizar lo local, regional, nacional y finalmente Unasur.
Son actitudes individuales pero que ennoblecen a quién las ejecuta y sirven de ejemplo.
Víctor Cuenca victor.cuencaubieta@gmail.com
Cuando creas que podes adueñarte de todo un mercado, segmento o nicho
es que fuiste socavado de tal manera que ahora podes aceptar cualquier monopolio
Elvie Jodemi
No es que los dirigentes del poder financiero "no sepan" lo que están haciendo mal - como algunos economistas dicen -, saben muy bién lo que hacen dentro de una planificación a largo plazo que los lleva a acrecentar sus ganancias y poder en el mundo occidental.
cada dia me entero de los negocios sucios de los dueños del dinero y los poderosos que quieren dinamitar todo lo que se consiguio hasta ahora .
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