La implosión neoliberal y el trabajo

Año 5. Edición número 220. Domingo 5 de agosto de 2012
No fumen. Entrevistó a trabajadores de Yahoo y Lehman Brothers.
Invitado por la Universidad de San Martín, el sociólogo Richard Sennett, discípulo de Hannah Arendt, habló de la crisis financiera vista desde el interior de las corporaciones.

En la foto de promoción de su visita a Buenos Aires se lo ve al sociólogo estadounidense Richard Sennett fumando una pipa. Pareciera que el humo le sale del pecho, de las orejas, del cráneo. Desde su boca, resopla un bufido vaporoso; entre la nariz y la cazoleta viaja un anillo tabacalero, una especie de meteorología intelectual dispuesta a renovar el campo de la izquierda. En las últimas décadas, los libros de la factoría Sennett se han convertido en una estación de culto. La Corrosión del carácter ha hecho un estruendo de lecturas. La Cultura del nuevo capitalismo y Respeto en un mundo de inequidad, en Argentina han sido menos asequibles. El artesano sí anda dando vueltas por las librerías porteñas, muy buscado.
En los últimos quince años, Sennett ha estudiado el capitalismo desde “las entrañas del monstruo” pero sin una impronta asquerosona de antiimperialismo moralista. Su método se ha basado en entrevistar a los puestos bajos y medios de los sectores de la economía que son puntales del nuevo capitalismo: las finanzas, la tecnología y las creative commons, las industrias creativas. En los ’90 navegó entre los ejecutivos high tech de Sillicon Valley escuchando cómo le aseguraban que el crecimiento de la tecnología sería exponencial, una especie de “fin de la historia” versión software.
En los últimos años, el etnógrafo convivió con los náufragos de Wall Street: consiguió que Lehman Brothers le abriera las puertas para preguntarle a los contadores y economistas qué pensaban de la mar neoliberal y su fondo, que pronto conocerían.
Sennett ha visitado esta ciudad la última semana con su mujer, Saskia Sassen, una de las teóricas más originales del mundo global. Ha venido a recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín, un acto realizado el miércoles pasado. “En las industrias creativas –dijo entonces–, la gran combinación de los ’90 –la relación entre el diseño de los productos y la publicidad– parecía abrir una era en el sistema capitalista que no concluiría. Esto ha implosionado a partir de 2006. La pregunta que me he hecho entonces es –sin recurrir a la vieja noción marxista de las contradicciones en el capitalismo– porqué se ha producido esta implosión.”

Cello, palitos chinos y la izquierda experimental. La laudatio del título honorífico estuvo a cargo del ex ministro de Educación Juan Carlos Tedesco, que es director del Programa para Mejora de la Enseñanza de la Unsam. Fue en el teatro Tornavías del campus universitario. El rector Carlos Ruta resaltó la coherencia entre el pensamiento de Sennett y ese lugar, el pañol donde los ferroviarios buscaban sus herramientas cuando existía un taller donde los trenes que iban hacia el norte del país se ponían a punto.
Tedesco dijo que había aceptado el reto de esa presentación con satisfacción narcicista y con temor, puesto que la obra de Sennett no se ocupaba de temas educativos, su ámbito natural. Antes de comenzar la disertación titulada “Homo faber: la cultura y la política de la destreza”, Sennett, oriundo de Chicago, contestó la inquietud del educador argentino. “Tal vez no escriba tanto sobre educación porque mi propia educación fue muy extraña.”
Contó que de niño estudió el cello con el primer cellista de Toscanini. “La verdadera enseñanza que me transmitió no fue mostrarme el camino correcto, sino que siempre tocaría con otros músicos. Nos arengaba diciendo: “Error”. “Terrible.” “Horrible.” Luego tuvo una experiencia similar con su maestra de la época universitaria, la filósofa judía de Heidelberg Hannah Arendt, exiliada en Nueva York. Su aula-taller era un restaurante chino de la calle 48 y Broadway, “un lugar apestoso” en donde Sennett le presentó uno de sus primeros trabajos, Las Heridas Escondidas de la Clase (1972). “Estoy tan desilusionada”, le dijo la autora de La Condición Humana. “En mi propia experiencia –recordó Sennet en la Unsam–, no siempre el taller es un entorno que ayude. Si no logramos crear un ambiente en que el alumno pueda transgredir al maestro, no crecemos. No somos mejores por ser buenos alumnos, sino haciendo que nuestros maestros se enojen mucho.”
Volviendo al punto, Sennett dijo que se proponía hablar frente al auditorio sobre qué significaba para los trabajadores la implosión del neoliberalismo. “No su derrota, sino su colapso desde adentro”, agregó. El catedrático de la Universidad de Nueva York y la London School of economics abreva en la corriente del pragmatismo norteamericano de John Dewey. Su trabajo se orienta a comprender cómo las personas obtienen una destreza al hacerse hacedores, lo que llama Homo Faber.
En los últimos años escribió un trilogía basada en el homo faber; explora allí cómo, a partir de los hechos materiales creamos las relaciones sociales y el sentido cultural. La Corrosión… fue el primero. Together (Juntos, 2012) fue el segundo. Cooperación –que según su autor se publicará en español en seis semanas– el tercero. Su método ha consistido en entrevistar en profundidad a los trabajadores de escalafones medios y bajos para comprender cómo encuentran sentido en la relación de su trabajo con la familia, la comunidad y la política.
“Es un tipo de trabajo antropológico que demuestra que los trabajadores son competentes intérpretes de su propia situación”, dijo. “Aquí difiero del marxismo, porque la idea marxista era que había diferentes formas de falsa conciencia, como si todo pareciera disminuir la experiencia de los seres humanos.”
Logró establecer dos grandes tendencias, que hoy ya son vox populi: la compresión del tiempo de trabajo y la pérdida de cohesión identitaria de las empresas en el sector de las finanzas, la tecnología y las industrias creativas.
Según Sennett, los trabajadores interpretan estas dos condiciones de diversas maneras:
Los trabajadores ya no tienen una narrativa. “En el capitalismo social de los ’70, el mecanismo de interpretación que tenía la gente para darle sentido a la justicia o injusticia era una narrativa de ciclo de vida. Si uno trabaja diez años en un puesto, uno sabía que iba a lograr un ascenso... Lo que descubrí a partir de estas nuevas entrevistas es que antes e incluso después de la crisis financiera, la reacción dominante que tenían estos trabajadores era la ansiedad, porque no había ninguna narrativa que les pudiera conferir una fase de interpretación. Para los trabajadores, ésta no es una forma sostenible de trabajo capitalista.”
Las destrezas están fijadas hoy al trabajo y no al trabajador. “Generalmente, las destrezas se desarrollan por adición. Uno trabaja dos o tres años y desarrolla una destreza en particular y si uno se queda en el mismo dominio de trabajo puede ir agregando habilidades… En cambio, el trabajador en esta economía a corto plazo y zigzagueante, no encuentra la forma de pasar de un trabajo a otro. Entonces, para que esas destrezas puedan incrementarse se compran en los tres sectores. Cuando necesitan una destreza determinada, contratan a una persona que cuente con esa destreza, no la capacitan de cero. ¿Qué vemos entonces? No hay eliminación, sino neutralización de destrezas en este tiempo comprimido, en este lugar de trabajo sin cohesión.
Las personas tienden a pensar en sí mismas como un sí mismo serial. “Es camaleónica al igual que las corporaciones para las que trabaja. Cuando hice un trabajo con trabajadores de Wall Street, me decían que no había una palabra que definiera la persona que eran en el trabajo, sino que dependía de las circunstancias concretas, para quién estaban trabajando y qué estaban haciendo… Hay muy poca solidaridad en estas instituciones, porque estructuralmente no son leales para con sus empleados. Una de las consecuencias es que desaparece la motivación.”
En estas instituciones prima un cierto tipo de injusticia procedimental. “Los jefes que contrataron a los de mediano escalafón, a la hora de evaluar su desempeño ya se movieron de puesto. Entonces, estas empresas dependen más de trabajos estandarizados, normativizados, casilleros para evaluar las performances. Desaparece el cara a cara. Esta discontinuidad de tiempo produce una sensación de injusticia procedimental. El resultado de esta situación es que esto no es un sistema sostenible de trabajo.”
Sennett culminó su exposición con una aserción pragmática, muy en otra vereda del ideal ideológico centrado en la confrontación. “Creo que tenemos que entender algo de los trabajadores de rango medio en este nuevo capitalismo: son criaturas divididas. Creen en lo abstracto en la legitimidad del sistema, se creyeron lo de ser emprendedores, lo del dinamismo del mercado, pero cuando tienen que hablar de sus propias experiencias lo hacen con un lenguaje distinto”, desilusionados.
“Lo que les quisiera transmitir –terminó– es que para aprovechar esta implosión del neoliberalismo, la política tiene que surgir de la vida cotidiana; no necesitamos más interpretaciones. Eso, creo, es lo que tiene que hacer la política de izquierda hoy por hoy”.

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