La línea que lo define todo

Año 4. Edición número 166. Domingo 24 de julio de 2011
Si Batista queda en el camino, será el tercer entrenador en tres años que pasa por el banco de la Selección y se va con escándalo. Ya nada es lo que era entonces.

Hay una línea, muy fina. Una suerte de límite que en el fútbol demarca la suerte, el futuro, los elogios y las críticas. Es determinante, lapidaria. No tiene vuelta atrás: es la línea de gol. Si la pelota logra pasar en toda su circunferencia la misma –así lo dice el reglamento, así lo dijo Macaya durante años– cambiará todo, fundamentalmente los parámetros con los que se miden los rendimientos de los jugadores y de los técnicos. Claro, casi nunca son parte de esa lógica los dirigentes. Al no tener presencia física en el campo de juego, pueden gambetear la lógica, y hasta pasarse de bando, para ser parte de los críticos de lo inmediato, del resultado, de lo efímero.
Ahí están los corresponsables de la elección de Sergio Batista pidiendo su cabeza, con la Copa América todavía sin concluir. Hombres atentos y rápidos como gacelas a la hora de levantarle la mano a Julio Grondona y escasa reacción para llevar adelante la tarea de un dirigente digno: pensar, proyectar, gestionar, organizar, planificar.

Decantar. “Yo no elegí a Sergio Batista, es un muchacho que llegó al puesto por decantación”, sostuvo Grondona a fines del año pasado. Batista era el técnico que con más simpatía veían los jugadores más importantes del seleccionado, fundamentalmente Lionel Messi. El presidente de la AFA, siempre atento a brindarle las comodidades necesarias al crack del Barcelona, le dio la posibilidad al Checho, un entrenador sin antecedentes fuertes para sentarse en el banco argentino, que aún permanecía caliente y recientemente desocupado por su ex compañero Diego Maradona.
Un análisis posible, queda dicho, es decir que Batista no tiene la capacidad necesaria para dirigir a las estrellas argentinas. Otro, no menos válido, es que este plantel no pudo asumir la grandeza de jugar para la Selección Argentina ni con Basile ni con Maradona ni con el actual entrenador. Las frustraciones se suman y el fuego sagrado se extingue. Ese fuego que Daniel Passarella y Américo Gallego, campeones del ’78, supieron transferir en Maradona y Valdano, frustrados en el ’82 y campeones del ’86; ese fuego que Maradona, Valdano, Burruchaga, Ruggeri y Giusti depositaron luego en Caniggia, Simeone, Redondo y Batistuta. Esa llama se apagó. Sencillamente porque se dejaron de ganar torneos, porque se perdió confianza, porque se perdió entidad.

Realidades. Tevez defrauda cada vez que juega con la celeste y blanca; no existen centrales que den seguridad; Messi se aburre, Zanetti no sorprende jamás; no existen más laterales; Mascherano es uno como todos por más que corra como ninguno; no somos lo que creemos que somos; no hay equipo, tampoco proyecto; no está claro qué es lo que hace Bilardo. Todas cuestiones que están a la vista desde hace largo rato, pero solamente la delgada línea que existe entre el gol y la pelota que saca el arquero lo deja ver. Quizás esta vez sirva para algo.

Preguntas. ¿Batista es menos técnico que cuando ganó los Juegos Olímpicos? ¿Uruguay es mucho más equipo que aquel que entró al Mundial de Sudáfrica por la ventana? ¿Martino está más cerca de ser el iluminado que puede encarnar el proyecto que tanto se busca o el técnico que hace diez años insultaban los hinchas de Instituto en la B Nacional? ¿Se puede hablar de proyecto de Selección si el único jugador convocado del fútbol local es arquero? ¿Detrás de los mejores momentos de las selecciones mayores de Bielsa, Basile y Pekerman, había proyecto o eran equipos que lograban determinado funcionamiento? ¿Se necesita un técnico que se pare a trabajar la pelota parada o alguien que le devuelva el alma a los jugadores?

Demasiados interrogantes. Lo que resulta llamativo son las pisadas sobre sí mismo que está dando Grondona en un tema donde no solía pifiar, la elección del DT de la Selección. Le renunció Basile, a Maradona le tapó todos los agujeros para que no siga. Si Batista queda afuera, es otro paso en falso de Don Julio en este sentido. La Selección es su gallina de los huevos de oro, a través de ella cimentó su poder en la AFA. ¿Será un signo de pérdida de lucidez o errores de rutina en un hombre no acostumbrado a fallar?.

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Otras notas

  • Si un equipo es una idea, Argentina, en el primer partido oficial de la era de Sergio Batista en el banco, no mostró mejorías, en este sentido, de aquel que salió humillado por Alemania en el Mundial de Sudáfrica. La búsqueda de un arquetipo, de una forma, de un estilo, al cabo, de una identidad, no es cuestión fácil de encontrar y no tiene signos de aparecer, por ahora. La particularidad, en este caso, es que con varios jugadores del equipo que jugó ante Bolivia, la búsqueda se viene haciendo desde que terminó el Mundial de Alemania y no tiene mayores resultados a la vista.

  • Apenas cinco meses y cinco días de vida tenía Juan Sebastián Verón cuando River Plate se quitaba de encima aquella otra mufa de su historia, que por 18 años le había negado la consagración. El ex club millonario se daba el lujo de tener en el banco al exquisito Alejandro Sabella y, casualmente, obtuvo ese campeonato del ’75 relegando al segundo lugar al Estudiantes de Juan Ramón Verón. Como la Bruja, Pachorra y la Brujita dejaron su marca en Estudiantes. Y en el fútbol argentino y en el inglés.

  • Tiene un recorrido largo, el nuevo entrenador del seleccionado. El partido de ayer puede haber sido una muestra gratis de lo que vendrá en las Eliminatorias en octubre próximo. Rivales que no perdonan; equipos que ganaron terreno frente a la pasividad argentina. ¿Es verdad que el fútbol se emparejó y que Venezuela ahora es una suerte de cuco? No está claro aún. Lo que sí se dejar ver es que algunos equipos, por caso la Vinotinto, perdieron el respeto.

  • Parece que todavía falta para que pase una semana en la que no haya una contradicción o una desprolijidad en la AFA en referencia al seleccionado. Estos últimos días, la goleada ante España quedó sepultada rápidamente en la agenda informativa de los diarios, canales y programas de radios especializados. 48 horas después, el doctor Carlos Bilardo, un fabricante de tormentas, salió a apagar el entusiasmo del Checho Sergio Batista, quien prácticamente se imagina como DT de la Selección en la Copa América 2011 y en el Mundial de Brasil 2014.

  • Cuando en marzo de 1986, luego de haber soportado el arrebato destituyente del alfonsinismo contra Carlos Bilardo, Julio Grondona decidió sugerirle al técnico que desestimara la presencia de alguno de sus históricos (Miguel Ángel Russo, Sabella, Julián Camino), para reemplazarlos por nombres de su preferencia que no habían sido tenidos en cuenta por el Doctor (Carlos Tapia, Jorge Olarticoechea y Héctor Enrique) y que sí eran del gusto del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, quedó marcado un antecedente.

  • Hay momentos clave que hablan de las personas. A través de los hechos, claro. La salida de Diego Maradona del Seleccionado pintó de cuerpo entero tres personalidades, acaso las más importantes e influyentes de los últimos 25 años del fútbol argentino. Los tres acumularon, en medidas diferentes, dinero, fama, prestigio y poder. Fueron los artífices del título mundial de México ’86.