Cada edición de Clarín es como el hombre de la bolsa en un jardín de infantes. Esa es la dimensión del daño criminal que intentan producir.
No pasarán.
La infantería opositora, la de los candidatos que gritan y zapatean sobre el tablado televisivo a la par del estruendo que provocan sus jefes y mentores de la corporación, mete barullo para confundir.
Perdieron toda compostura.
La ética y los principios, hace tiempo que los perdieron. El salvaje ataque contra el juez Raúl Zaffaroni es parte de la embestida desesperada que libran a escasos días de las Primarias Abiertas.
Pero ni la historia ni la coyuntura política se pueden entender fuera del contexto que vivimos. El acoso a las Madres y las Abuelas, a la Presidenta y al modelo, son partes indisolubles de la frustrada ofensiva del poder económico mediático del monopolio. Están desesperados. Sólo así se entiende la promocionada abyección de Graciela Ocaña, agrediendo al Gobierno desde la madriguera de Magnetto y Ernestina Herrera de Noble.
Es una muestra de debilidad política y moral de los enemigos de la democracia. Emplean el mismo método que empleó la dictadura con sus prisioneros quebrantados. Miserias de la conducta humana, le dicen.
La cercanía de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 14 de agosto está mostrando de manera patética y grotesca la hilacha opositora, pintando con un profundo degradé a los primeros actores que actúan sobre el escenario político mediático.
El próximo domingo la ciudadanía concurrirá a votar para elegir por primera vez en nuestra historia institucional a los candidatos que finalmente van a competir en los comicios generales de octubre.
Y es por eso que, como corresponde a cualquier campaña electoral, los partidos y sus candidatos, oficialistas y opositores, exhiben y ofertan sus propuestas programáticas. Ese es el “deber ser”, al menos.
En el caso de la oposición, demandan y denuncian, además, al Gobierno Nacional por los temas que consideran pasibles de ser denunciados.
El oficialismo, en tanto, reafirma el rumbo de la gestión en curso con imágenes reales que remiten a las principales políticas públicas implementadas durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner.
¿Quiénes son los que diseñan sus campañas con actores profesionales que actúan en pantalla una realidad ficticia, virtual, inexistente? ¿Quiénes son los que emplean guiones cargados de crispación, de miedos colectivos, de acechanzas que se corresponden con el país que dejamos atrás en el 2003? ¿Quiénes son los que a falta de ideas y fuerzas propias, actúan y escenifican el discurso con movilizaciones ajenas? Acertó. La oposición atrasa a tal punto que ni siquiera puede diseñar una campaña medianamente creíble, auténtica, propositiva, esperanzadora.
Los diferentes spots publicitarios que se pudieron ver en esta semana, pueden servir tanto para una propaganda política como para vender una salsa de tomate. Seguramente no venderían ni dos latas de pomarola si lo hicieran, pero al menos no ocasionarían el daño que le siguen infringiendo al valor de la palabra. Y la palabra también se juega una partida decisiva en las elecciones de este año.
Veamos.
El Gobierno denomina “modelo nacional y popular” al proyecto de país que gestiona. Con este concepto da una idea de conjunto, de complementariedad de las políticas públicas y al mismo tiempo brinda un horizonte previsible para todos los argentinos.
La oposición, en cambio, no tiene un “modelo” para proponer. Ni les interesa tenerlo. Hermes Binner, por ejemplo, se mofó de lo que llamó “modelo K” al punto de afirmar que “los modelos sirven para hacer una torta, pero no para gobernar”.
Ricardo Alfonsín pasó de afirmar que Macri es su “límite” al abrazo mimoso que le envió luego al jefe del PRO. Es quizás el más desvergonzado de los candidatos, habida cuenta que Duhalde tiene su marca registrada por el costado derecho desde mucho tiempo atrás.
Alfonsín salió por la pantalla de la tele reclamando por un país “serio y ordenado como Chile”, al mismo tiempo que los informativos daban cuenta de la feroz represión de los carabineros contra los estudiantes chilenos que se manifestaban por una educación pública y gratuita “como tienen en la Argentina”, tal como expresaban los manifestantes.
Visto está que los opositores conciben la misión y la práctica concreta de la política como partes desarticuladas de un todo inexistente. Inexistente al menos para esa concepción de la política, porque la corporación del poder mediático sí tiene un modelo para gobernar: la democracia que tuvimos hasta que llegó Néstor Kirchner en el 2003.
Esa agenda del poder voló por el aire cuando Cristina pateó el tablero y mandó al Congreso la ley de medios, el matrimonio igualitario, la movilidad jubilatoria.
Alguna vez el poeta y dramaturgo Bertold Brecht escribió: “Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse tendrá que pasar al ataque”. Habrá dos momentos para hacerlo: el 14 de agosto y el 23 de octubre. Allí el debate se dará en el cuarto oscuro. Después no habrá derecho al pataleo cuando la “voz del pueblo” se vuelva a parecer a la “voz de dios”. Son las reglas de la democracia que supimos construir.
Es mucho lo que se pone en juego. No es una elección entre partidos que se disputan, amablemente, una porción de poder administrativo. Es una elección donde se disputa poder. Poder seguir siendo lo que venimos siendo desde el 2003. O no. Poder ser soberanos como país. O no.
Poder cuidar y acrecentar este orgullo recuperado de volver a sentirnos pueblo, patria, nosotros, argentinos y latinoamericanos. O no. Es la puja entre los dos modelos que se disputan el presente y el futuro de la región y el mundo. No es una disputa de modales sino de modelos de país. Y si es así, nadie tiene derecho a bajar la guardia.
Millones de votos demostrarán el próximo domingo que este camino hacia un país más justo es un camino de ida.
Un país con la memoria intacta.
Y que por eso mismo, aguarda con los brazos abiertos la nueva nieta recuperada.
