La Negra: esa historia del país

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Año 4. Edición número 185. Domingo 4 de diciembre de 2011
(ANNEMARIE HERNRICH)
Se inauguró Mercedes Sosa: un pueblo en mi voz en la Casa Nacional del Bicentenario. La muestra es un recorrido, con abundante material inédito y personal, por su carrera artística pero también por la historia de su rica vida.

La pachamama, la madre tierra, la madre cantora y la reinona, la voz del tiempo, la voz del viento y la voz de América: La Negra. “La muestra está hermosa, pero hay cosas raras. Se sienten cosas raras al recorrerla, hay objetos de la intimidad, están sus cosas, nuestro álbum familiar. Celebro la vida de mi abuela”, dice Araceli Matus con una voz pausada y emocionada que recuerda a su abuela Mercedes.
Un pueblo en mi voz se llama la muestra en homenaje a Mercedes Sosa, que contiene fotografías inéditas, objetos y material audiovisual, inaugurada el jueves pasado en la Casa Nacional del Bicentenario.
“Este es un encuentro de afecto, sin protocolo. La Negra va a estar siempre, su voz está y seguirá estando en el pueblo. Ella, con su calidad y su canto, con todo su talento y compromiso, siempre resaltando ese binomio y con el compromiso político y social que llevan nuestros mejores artistas, esa costumbre argentina tan saludable. Mercedes, intensa y política, es la voz del canto popular de Latinoamérica unida”, dice Jorge Coscia, Secreatrio de Cultura de la Nación.

Yo no canto por cantar. La exposición se organiza a partir de cinco conciertos fundamentales en su vida: el Olympia de París, en 1979; el Teatro Ópera, de Buenos Aires, de 1982; el Lincoln Center, de Nueva York, en 1992; en Santa Catalina, Jujuy, en el año 2001, y en el Coliseo de Roma, en el año 2002.
En el piso 3 de la Casa del Bicentenario están las fotografías. En el 4, los objetos. Por ejemplo, las pinturas de Antonio Berni y Carlos Alonso, los vinilos y los cd que componen su obra, así como también los afiches de sus recitales en el país y otras partes del mundo. Uno de ellos antecede a su exilio: un fondo rojo, una fecha, 26 de enero de 1976, invitación a las 17 horas en el auditorio Justo Sierra, en la facultad de Filosofía y Letras, con entrada libre.
Su nieta Araceli hace referencia a la importancia del material íntimo que compone la exposición. Allí están sus túnicas, ponchos y vestidos, los collares, el sillón y el piano con el que ensayaba, sus papeles impresos con las canciones y anotaciones, y las polaroids del archivo familiar. La Negra bailando zamba en el living de su casa, descalza, con un pañuelo en la mano; la Negra abrazada a su madre Emma Tucumán, la Negra con su hijo Fabián, la Negra y su nieta Araceli.
“La gente conocía a la Mercedes que cantaba, la que siempre opinaba sobre política, la que se plantaba cuando era difícil, pero quizás nunca se pensó en Mercedes como esa mujer de familia, esa mujer que tenía tantas penas como alegrías, esa mujer que jugaba con su nieta”, dice su hijo Fabián Matus.
Por su parte, los recitales son la excusa para contar su vida. El recital de París refiere al exilio y el porteño marca su regreso al país y la coronación de madrina de los roqueros. Los del exterior dan cuenta de su proyección internacional y su compromiso sin fronteras en recitales y manifiestos por la paz. El de Santa Catalina, Jujuy, allí “donde empieza la Argentina”, como muestra el cartel de la foto que habla de sus raíces, del compromiso con la tierra.

Un pueblo en mi voz. Las fotografías que retratan el viaje a Santa Catalina en 2002, como parte del ciclo de recitales Argentina en vivo , muestran un show en un lugar tan hermoso como alejado e inhóspito.
“Sólo Mercedes puede representar lo que es llegar al extremo norte del país”, recuerda Liliana Herrero, quien compartió el viaje a la pura puna, 60 kilómetros más arriba de La Quiaca, con todas las dificultades de la altura. Herrero cuenta la experiencia: “Mercedes estaba muy feliz, 500 personas vivían en el pueblo pero fueron a verla como dos mil. Las mujeres de la montaña bajaban con sus rebaños y se sentaban en las piedras. Mercedes se puso un gorro de lana en la cabeza para apechugar el frío y arengaba y bailaba. Todos estábamos muy conmovidos. Ella me dijo al oído ‘estamos juntas, tranquila’. Hay que celebrar a Mercedes porque en ella celebramos la alegría de esa reiterada inauguración del mundo que ocurre cada vez que ella canta como sólo ella canta”, son las palabras que elige Hererro para evocarla.

El concierto del regreso. El Teatro Ópera de 1982 fue un punto de quiebre en la mordaza impuesta por la última dictadura argentina. Las fotografías expuestas llevan un correlato histórico y otro testimonial, en el que se documentan sus propias palabras recordando cada uno de esos momentos fundamentales de su vida (“Nadie que no haya llorado a la patria como yo puede cantar así. La he pasado muy sola en el exilio. Y eso es imborrable.”).
“Me llamo Mercedes Sosa, soy argentina”, fue lo primero que pudo decir al fin de la canción número tres ante un Ópera colmado y por qué no, atemorizado también. El concierto marcó su vuelta al país y su reencuentro con el pueblo y los compañeros de la música y la militancia. Al escenario subieron Charly García, Tarragó Ros, Rodolfo Mederos, Ariel Ramírez, León Gieco y Piero. Un hallazgo que documenta el minuto uno en el aeropuerto internacional de Ezeiza es la fotografía que la muestra firmando un autógrafo a un policía aeronáutico.
“Los años de la vida de Mercedes Sosa pertenecen a un tramo particularmente complejo de la vida nacional: dictaduras, exilios, combates, proscripciones, regresos ansiados y también dolorosos. La voz se forma así con los elementos de las angustias, personales y colectivas, y el canto se amasa como una alianza prodigiosa entre música, poesía y memoria social. Es infinita la crónica social argentina que fue convocada por la voz de Mercedes, también ella fue convocada por esa crónica”, reflexiona Horacio González, director de la Biblioteca Nacional. Cada fragmento de la muestra narra la historia de una mujer, que en este caso, es la historia de un país.

La muestra se puede visitar de martes a domingos, de 14 a 20 hasta el 29 de febrero de 2012, con entrada libre y gratuita en la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985.

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Otras notas

  • Es complicado cantar folclore en la Argentina después de Mercedes Sosa, después de Liliana Herrero, y no dejarse arrastrar por el embrujo que significan ambas voces, ambas formas de interpretar y de sentir. Y es complicado también escribir poesía para ser musicalizada luego de Armando Tejada Gómez, Manuel Castilla, el Cuchi Leguizamón. Pero Cecilia Gauna parece no hacer caso de esas complicaciones. Más aún, en su flamante segundo disco, Aliento, pone de manifiesto la necesidad de seguir atravesando nuevos caminos y de intentar rutas alternativas para no defraudar al género.

  • Tenía 21 años y trabajaba en un recital de Litto Nebbia como control de puerta en lo que en ese momento era el estadio de Obras. En el medio de la multitud vi al operador de sonido y me pareció maravilloso ser intermediario entre el artista y su público: todo pasa por sus manos.” De esta manera Alejandro Goñi describe la chispa que lo empujó a apasionarse por el mundo del sonido en vivo.

  • Así como desde hace un tiempo existe una Mafalda a tamaño natural sentada en un banco de plaza de San Telmo, del mismo modo en el stand de la provincia de Tucumán instalado para el Bicentenario alguien tuvo la buena idea de instalar una Mercedes Sosa emponchada y con bombo. De las quichicientas mil fotos que se tomaron a lo largo de los días de festejo, muchos eligieron posar junto a la Negra para llevársela como parte del recuerdo de un todo inabarcable.




  • El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti retoma este mes las actividades en la sede recientemente refaccionada. Cine, fotografía, teatro, música y seminarios son algunas de las propuestas que el centro cultural tiene en el mes de septiembre, todas con entrada libre y gratuita:
    • Música: Liliana Herrero y Mariano Otero se presentarán en el marco del Ciclo de conciertos especiales. Sábado 25 a las 22 hs. Retirar entradas con dos horas de anticipación.
  • El desafío consistió en construir un relato colectivo sobre un ex presidente de la Nación. Una crónica-retrato de Néstor Kirchner hecho por el pueblo argentino en mayor parte. Ya lo advirtió Susan Sontag en su ensayo sobre la fotografía: “Una foto es un fragmento: un vislumbre. Acopiamos vislumbres, fragmentos. Todos almacenamos mentalmente cientos de imágenes fotográficas, dispuestas para la recuperación instantánea. Todas las fotografías aspiran a la condición de ser memorables; es decir inolvidables”. Algo de esa inmortalidad se aprecia en la muestra Néstor por todos.

  • Este diálogo ocurrió en la Casa del Bicentenario, Riobamba 985, de la Ciudad de Buenos Aires. El escenario es la exposición –todavía en curso– Mercedes Sosa. Un pueblo en mi voz. De fondo, el pelo y los ojos azabaches de la Negra, su sonrisa ancha y, en el ambiente, una voz eterna que cualquiera debe imaginar para poder internarse en la ternura, la sabiduría y el coraje inmensos de Taty y de Lita.