La patota policial que asesinó a un pibe por despecho

Año 3. Edición número 130. Domingo 14 de noviembre de 2010
Fabián Gorosito, junto a su padre, durante una celebración familiar. Su crimen fue resuelto tres meses después de haber sido cometido.
Seis efectivos de Merlo detenidos por la muerte de Fabián Gorosito. El motivo: los celos de un oficial

A Carlos Gorosito le llamó la atención, eran las siete de la mañana del domingo y su hijo mayor no llegaba. La noche anterior había salido a bailar, pero no acostumbraba a tardar tanto. Pensó que no era para preocuparse. Fabián tenía 22 años, trabajaba toda la semana y tenía derecho a divertirse. Carlos le comentó la situación a su mujer, tomó unos mates, despertó a su hijo menor y se fue a cazar. No usaba un método sofisticado: largaba a los perros en un descampado de Mariano Acosta, su barrio, y veía qué traían.
Esa mañana pasó algo extraño. Milonga, una de los galgos, corrió hacia una zanja donde revoloteaban los teros. Carlos la hizo volver y siguió su camino. No sabía que allí, en el fondo de la zanja, estaba el cuerpo de Fabián, asesinado a golpes por un grupo de policías de la comisaría 6ª de Merlo.
El crimen fue el 15 de agosto, pero recién el jueves fueron detenidos los siete efectivos acusados por el asesinato. En el medio hubo cuatro cortes de ruta realizados por la familia de Fabián y una campaña para intentar convertir a la víctima en victimario. “La policía –contó Carlos Gorosito– dijo que estaba borracho y se había caído a la zanja. Empezaron a ensuciarlo, diciendo que era un delincuente, que había robado y violado a una chica.” La verdad es que Fabián no tenía ningún tipo de antecedentes penales. La hipótesis que manejan los investigadores es que lo mataron como venganza por salir con la esposa de uno de los policías involucrados.
Desde un primer momento los amigos del chico dijeron que a Fabián lo había interceptado la policía, mientras caminaban por el descampado que está cerca de la estación de trenes de Mariano Acosta. “Lo persiguieron en dos motos y luego lo subieron a un auto particular”, le contaron los pibes del barrio a María Teresa, la madre.
Con ese dato, la familia entera salió a buscarlo en el mismo campo donde cada domingo iban a cazar. A las 16.30 encontraron el cadáver en el lugar donde había ladrado el perro. Tenía el rostro hundido en el barro y le faltaban las zapatillas. Cerca del cuerpo estaban la billetera y el celular que llevaba consigo al salir. Más tarde, la autopsia revelaría que antes de morir había sufrido una golpiza, y que perdió la vida por inhalar tierra.
La hipótesis de la Justicia es que primero fue torturado en la comisaría, que lo trasladaron allí moribundo y que uno de sus captores le pisó la cabeza hasta que dejó de respirar.
A los 17 años, Fabián Gorosito había heredado de su padre el puesto en un frigorífico de la zona. Como era el mayor de los tres hermanos, su padre le había enseñado el oficio desde chico. Al principio lo llevaba hasta el trabajo en el caño de su bicicleta. Con los años, como aumentó de peso, prefirió ir en un carro tirado por caballos que tenía un amigo. En los últimos tiempos había vuelto a cambiar. Los días de lluvia elegía viajar en la camioneta de uno de sus compañeros de trabajo. Con eso ganaba unos minutos más de sueño –el horario de entrada era a las 3.30 de la madrugada–, pero sobre todo podía parar en el GNC y saludar a la playera con la que estaba empezando un romance.
Su familia cree que Fabián nunca supo que esa chica era la mujer de Adrián Giménez, un oficial de la Bonaerense conocido como El Chacal.Además del esposo despechado, por el asesinato fueron detenidos el subcomisario Pablo Nievas, el inspector Hernán Oviedo y los oficiales principales Rubén Villalva, Luis Fernández, Cristian Fortunato y Marcos Di Pierro. La causa, caratulada como “tormentos seguidos de muerte”, está bajo secreto de sumario, pero el viernes trascendió que solo tres de los policías declararon. Uno de los que prefirieron el silencio se largó a llorar frente a los funcionarios judiciales y prometió hablar “más adelante”.
Silvio Alfonso, el abogado de la familia Gorosito, precisó que “durante tres meses”, pese a las amenazas, lograron llevar testigos que vieron lo que le pasó a Fabián en la noche del 14 de agosto. “La fiscalía y la querella cuentan con los testimonios de varios civiles detenidos en la comisaría que han dado con precisión datos para establecer la autoría de los acusados”, aseguró el abogado.
Varios testigos también contaron que Fabián mantenía una relación con la mujer de El Chacal, Giménez. Esa relación ahora va a intentar probarse con otros medios. Las claves podrían surgir de los peritajes que se harán en el teléfono celular de la víctima.
Adrián Cajal, abogado de Giménez, aseguró que la mujer se presentará a declarar como testigo para decir que no conocía a Fabián. El abogado sostuvo que su cliente “no participó en la golpiza” que sufrió el joven y afirmó que Fabián nunca fue trasladado a la comisaría. “Mi cliente siempre estuvo en su lugar de trabajo. El estuvo en la comisaría entre las 23 del 14 de agosto y las 15 del día siguiente y se fue porque terminó su horario de servicio. Hay que preguntarle al fiscal por qué lo mantienen detenido", dijo.
Para la familia de Fabián, en cambio, está clarísimo que el chico fue asesinado allí. “Estamos conformes con la investigación”, dijo Carlos Gorosito. “Espero que estén detenidos por mucho tiempo. A mi hijo no lo vamos a tener más y lo único que nos queda son los recuerdos y las fotos. Queremos que los delincuentes que tuvieron que ver con esto queden tras las rejas”, agregó.
Mientras se especula con que podría haber nuevas detenciones, el jefe de la Policía Bonaerense, Juan Carlos Paggi, estuvo durante la noche del jueves y la madruga del viernes en la comisaria donde fue torturado Fabián y ordenó el traslado de los 63 agentes que trabajaban allí.
Merlo es gobernada desde hace veinte años por Raúl El Vasco Othacehé, famoso por perseguir a sus opositores con mano de hierro. Hace dos años, Othacehé quiso endurecer “la lucha contra la inseguridad” y nombró como secretario de Seguridad comunal a Osvaldo Seisdedos, un ex policía apodado El Desnucador, tanto por sus víctimas como por sus amigos. Seisdedos perdió su cargo luego de que Miradas al Sur revelara su designación, pero las malas lenguas dicen que el poco tiempo que estuvo en funciones le alcanzó para hacer escuela en la tropa policial.

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