La pesada y mortal herencia de fumigar con agroquímicos

Año 5. Edición número 193. Domingo 29 de enero de 2012
Legado. Los agrotóxicos impactan en la trama genética y se van reproduciendo.
Investigaciones médicas señalan que el daño más intenso del glifosato se manifestará en los hijos de quienes viven en zonas cultivadas. Sin embargo, la Justicia sólo actúa sobre el presente.

El glifosato es un veneno bioacumulativo que cuando ingresa en un ser vivo se transmite de generación en generación”, asegura la abogada santafesina Graciela Gómez, quien ha presentado varias denuncias judiciales de víctimas del uso de los agrotóxicos. “Una persona no lo podrá padecer pero sus hijos tal vez sí; al ser bioacumulativo en algún momento la enfermedad estalla, por la suma de pequeñas fumigaciones”, agrega. Con la introducción de los agrotóxicos en los ámbitos rurales durante las últimas décadas, han surgido los reclamos por malformaciones, enfermedades incurables, muertes de niños y abortos espontáneos. Sin embargo, los fallos obtenidos tienen corto alcance. “Toda nuestra legislación se basa en analizar las fumigaciones cuando mata automáticamente, pero desconoce el envenenamiento masivo en pequeñas dosis”.
En Misiones, las malformaciones por contacto con agrotóxicos superan diez veces la media: “El 87% de los casos se registra en personas que habitan en zonas rurales y que inateractúan con plaguicidas”, afirma el Jefe de Cirugía de Pediatría del Hospital de Posadas, Hugo Gómez Demaio. “La malformación se detecta ya a partir de la cuarta semana de gestación”, señala el doctor, mientras explica que esa patología es producida por mielomeningoceles, que impide el normal cerramiento del tubo neural, que está a la altura del cerebro y de la médula espinal del bebé en gestación.
“En el Hospital Garrahan, ante un cuadro de leucemia, los médicos consultan si ese chico vive en zona de cultivos”, cuenta la abogada. En diferentes casos se ha demostrado la existencia de casos de cáncer con pacientes que no habían estado expuestos directamente a los agroquímicos, pero sí lo habían sido sus padres o sus abuelos. “Eso se produce cuando el químico impacta en la trama genética y se va reproduciendo de generación en generación. O bien pasa a través del útero de la madre”, afirma el doctor Alejandro Oliva, andrólogo de Rosario.
Las pruebas que la doctora Gómez recolectó junto a su equipo llegaron a tribunales europeos y estadounidenses, y esperan una pronta respuesta. Pero hay dos exposiciones que no encuentran justificación: “En Argentina se fumiga a cualquier distancia, sobre escuelas rurales, cursos de agua, animales y humanos de forma criminal y aérea cuando la Directiva 2009/128/CE del Parlamento Europeo y del Consejo prohibió esas prácticas el 21 de octubre de 2009”, asegura Gómez en los textos que envió al exterior. “La cosecha argentina en un 70% se fumiga mediante aplicaciones terrestres, por lo que podemos aseverar que en nada afecta a la producción que se prohíba o restrinjan las fumigaciones aéreas por ser las más peligrosas para la salud y alejar las aplicaciones terrestres de los centros urbanos.”

Glifosato y embarazadas. En abril de este año, el juicio a dos productores y un fumigador llevados al banquillo por las Madres de Ituzaingó, en la provincia de Córdoba, marcará un precedente. Hace una década atrás, el grupo de madres se organizó para investigar qué pasaba con sus vecinos: chicos con barbijos, personas con pañuelos en la cabeza, proliferación de enfermedades nunca pensadas, eran cada vez más frecuentes a pocos minutos del centro de Córdoba capital.
Sobre los acusados pesan dos denuncias: una de 2004 impulsada por las Madres de Ituzaingó y otra de 2008, llevada a cabo por personal del área de Salud municipal, quienes alertan sobre la gran cantidad de enfermedades oncológicas en la zona.
Sofía Gatica, integrante fundadora de las Madres, asegura que “esto sienta un precedente en Argentina de lo que es un genocidio encubierto, ya que en nuestro barrio, por ejemplo, hay de dos a tres enfermos de cáncer por familia”.
El caso más grave y conocido que representa Gómez se lleva adelante en Firmat, provincia de Santa Fe. Allí vivía la familia Fontanellaz. María Luisa estaba embarazada de gemelos, pero sólo nació uno de ellos. Tiempo después, la hija de siete años fue operada y trasplantada de un oído. Su médica advirtió que no podía estar en contacto con tóxicos ni enfermarse. Fue entonces que tuvieron que mudarse a una pensión.
“El grupo familiar entero tuvo que trasladarse. Es un caso emblemático, en ningún otro hubo tanta prueba médica y judicial con tal nivel de contundencia”, enfatiza la abogada. Por ese motivo rechazaron la medida cautelar otorgada por la jueza de Firmat, que –emulando al del pueblo santafesino de San Jorge– dictaba la prohibición de fumigar a una distancia de 800 metros durante 90 días. “No a otro fallo San Jorge”, fue la consigna. “En esa decisión judicial sólo se protege a la familia que denunció pero se puede fumigar a cualquier distancia en todo el resto del pueblo”, subraya Gómez.
“Lo que siempre destacamos es que hubo otra fumigación denunciada que se produjo antes de concebir el bebé y en la que todos estuvieron expuestos. Los gametos de ambos padres podían estar contaminados, lo que llamamos el ‘período ventana’. Que un gameto haya podido estar contaminado explicaría por qué uno de los bebés no vivió. Eso es lo que siguen analizando los investigadores internacionales quienes señalan que puede morir el bebé por contaminación del gameto antes de concebir, puede morir a los días de gestación o puede ser alcanzado por la fumigación estando el bebé en el útero porque los agrotóxicos atraviesan la placenta. Por eso es el gran peligro de todas las mujeres embarazadas”.

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