Las consecuencias de la soberanía

Año 3. Edición número 124. Domingo 3 de octubre de 2010
La solución de la restricción externa le permitió al Estado recuperar la gobernabilidad de la economía y el ejercicio soberano de la política económica.

En la actualidad, Argentina ha logrado remover las restricciones externa y fiscal. Esto configura una realidad económica radicalmente distinta a la del pasado, es decir, una nueva economía argentina. Es ahora posible sostener los equilibrios macroeconómicos en los pagos internacionales y las finanzas públicas, con recursos propios. Esto proporciona autonomía y fortaleza para resistir tensiones como, por ejemplo, una crisis mundial de gran escala como la actual, sin que la economía nacional descarrile. Estos hechos fueron destacados en la reunión de AEDA (Asociación de Economistas para el Desarrollo Argentino), celebrada el 20 y 21 de septiembre de este año.
En mi presentación en la reunión de AEDA destaqué que, al haberse logrado la gobernabilidad de la macroeconomía la Argentina recuperó el ejercicio de su soberanía y que este hecho tiene importantes consecuencias. Recordemos, en primer lugar, como se recuperó la gobernabilidad de la economía argentina.
En la mayor parte del siglo pasado, desde la década de 1930 hasta la debacle del 2001/02, la economía estuvo sometida a dos restricciones: la externa y la fiscal. Los problemas se agravaron a mediados de la década de 1970, cuando comenzó el aumento incesante de la deuda externa. En ese escenario, el país quedó subordinado a los criterios de los mercados y las condicionalidades del FMI y se redujo radicalmente la libertad de maniobra de la política económica.
En los últimos años, se ha producido un cambio radical en el comportamiento de la economía argentina. Desde la salida de la crisis del 2001/02, en el transcurso de esta primera década del siglo XXI, los pagos internacionales vienen operando con un elevado superavit en el balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos. Ambos registran ocho años consecutivos positivos, hecho inédito en la historia económica del país. Al mismo tiempo, la drástica reducción de la deuda externa y la cancelación de la pendiente con el FMI, permitió encuadrar los pagos dentro de límites manejables con recursos propios.
La solución de la restricción externa facilitó resolver la restricción fiscal derivada de los deficit crónicos de las finanzas públicas. En el mismo sentido, contribuyeron el aumento de la recaudación tributaria y la incorporación, en la esfera publica, de los recursos del sistema previsional, que constituyen parte principal del ahorro interno. Estos hechos demuestran que la restricción fiscal, puede ser, también, un problema superado.
Sobre estas bases el Estado recuperó la gobernabilidad de la economía y, consecuentemente, el ejercicio soberano de la política económica. ¿Cuáles son las consecuencias?. Entre las principales, las siguientes:

Reaparición del Estado. Al recuperar la conducción soberana de la economía nacional, el Estado puede, simultáneamente, sostener los equilibrios macroeconómicos e impulsar el desarrollo económico y social. En la nueva realidad, la política económica tiene suficiente fortaleza para desplegar su política económica atendiendo al interés nacional sin subordinarse a la dependencia del financiamiento externo y, consecuentemente, el monitoreo del FMI. Este hecho tiene repercusión política interna. Tradicionalmente, grupos económicos importantes asociados a la especulación financiera y al status quo de la estructura productiva existente, promovieron la vulnerabilidad macroeconómica para paralizar la capacidad decisoria del Estado y evitar el riesgo de la adopción de políticas transformadoras. La dependencia del FMI y de sus condicionalidades eran una garantía de la impotencia de las políticas públicas. Buena parte de la conflictualidad política actual se deriva del rechazo, de influyentes grupos económicos y de opinión, a la recuperación de soberanía. Es decir, a la reaparición del Estado como un protagonista decisivo en el proceso económico como, por cierto, sucede en todas las economías modernas y, particularmente, en las emergentes de mayor desarrollo. Hace ya muchos años que sostengo que los criterios del FMI y los mercados, son instrumentos de las visiones e intereses locales asociados a la estructura productiva del país periférico, inequitativo y dependiente.
Las ideas económicas. Las restricciones externa y fiscal, influyeron en las ideas económicas en nuestro país. El enfoque ortodoxo, sustenta en tales restricciones, la dependencia inevitable del país del financiamiento externo y, consecuentemente, del monitoreo de los mercados y el FMI. En consecuencia, serían imposibles, en la Argentina, políticas nacionales de desarrollo, al estilo, por ejemplo, de la de los Tigres Asiáticos y China. En otros términos, nuestro país sería “estructuralmente” impotente para proponerse y ejecutar con éxito, un proyecto nacional de desarrollo, abierto e integrado al mundo, en el ejercicio soberano de su política económica. La realidad actual demuele los fundamentos del imaginario neoliberal de un sistema subordinado a restricciones, externa y fiscal, supuestamente insalvables y, consecuentemente, al monitoreo externo.
En contra de la visión neoliberal, se han sumado la catástrofe que produjo en la Argentina y, poco después, la monumental crisis mundial desatada por las políticas de ese cuño. Estos hechos debilitaron la credibilidad y el marco de referencia de la ortodoxia criolla. Por las mismas razones, se advierte el impulso actual del pensamiento heterodoxo en el debate sobre la situación económica y el desarrollo del país.

Seguridad jurídica. La remoción de las restricciones fiscal y externa y la consecuente recuperación de la gobernabilidad de la economía, sienta las bases indispensables para la sustentabilidad macroeconómica de los contratos. Como lo demuestra reiteradamente la experiencia argentina, los contratos solo son cumplibles si las condiciones macroeconómicas lo permiten. Como lo anticipó el Grupo Fenix en septiembre de 2001, bajo el régimen de la convertibilidad, basado en el incesante aumento de la deuda externa y los desequilibrios macroeconómicos, la seguridad jurídica era inexistente. Actualmente, la sustentabilidad macroeconómica viabiliza la seguridad jurídica afianzada, al mismo tiempo, en un sistema político constitucional con división de poderes.

Estabilidad y crecimiento. Por último, la gobernabilidad de la economía y el ejercicio de la soberanía viabilizan políticas de desarrollo de largo plazo y erradicar la volatilidad que caracterizó la evolución de la economía argentina. El sostenido crecimiento desde la salida de la crisis y la rápida recuperación del receso del 2009, sugieren, en efecto, que la economía argentina puede estar en un sendero de crecimiento de largo plazo con baja volatilidad.
Los señalados cuatro efectos de la soberanía son conquistas que deben y pueden ser fortalecidas afianzando el desarrollo del país sobre la movilización de su talento y recursos propios y la solidez de los equilibrios macroeconómicos.

Promedio: 4.5 (8 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • Un vocablo generalmente ignorado en el análisis económico es soberanía. Es decir, la capacidad de un país de decidir, con realismo, su política económica atendiendo esencialmente a sus intereses nacionales sin depender de decisiones ajenas. Bajo el fundamentalismo globalizador, impuesto por la hegemonía financiera sobre el orden económico mundial, salvo para las grandes potencias, el ejercicio de la soberanía económica es una utopía.

  • El marco institucional de la actividad económica y de las relaciones sociales, forma parte de los requisitos fundamentales del desarrollo. La organización de los mercados, la toma de decisiones de inversión, la vigencia de los contratos, las relaciones económicas internacionales, deben ser consistentes con el despliegue del potencial de recursos de un país y de la estabilidad social.

  • La crisis mundial desatada por la desregulación de la globalización financiera provocó la intervención masiva de los Estados de las mayores economías del mundo. Esto permitió restablecer la liquidez y solvencia en los mercados financieros, pero a costas de fuertes déficits en las finanzas públicas y de la emisión de los bancos centrales. En las economías industriales avanzadas, el Estado ha reaparecido como la tabla de salvación del sistema, sin que, hasta ahora, se hayan tomado decisiones para disciplinar al sector financiero y resolver los desequilibrios fundamentales del sistema global.

  • En el último cuarto del siglo pasado y primeros años del actual, entre todas las economías que integran el orden mundial, el comportamiento de la argentina fue el peor. En ningún otro caso significativo, se registró, en el periodo abarcado entre 1975 y 2002, una caída del PBI per capita del 10%, y del industrial en 40%, un profundo deterioro de todas las variables sociales y, finalmente, un caos macroeconómico que provocó el default sobre la deuda externa.

  • En las recientes Jornadas Monetarias y Bancarias Organizadas por el Banco Central, se pasó revista al impacto de la crisis internacional sobre la conducción de los bancos centrales y, en un sentido más amplio, a la estrategia de desarrollo de los países emergentes en la globalización del orden mundial. La conclusión principal es que la crisis y las tendencias recientes del orden mundial han puesto fin al Consenso de Washington. Es decir, al paradigma neoliberal que fundamentó las políticas que desencadenaron la crisis como, anticipadamente, sucedió en la Argentina en la debacle del 2001/02.

  • Cuando se tratan los problemas de la acumulación de capital en la economía argentina, se emplea, con mucha frecuencia, la expresión "atraer inversiones". La misma sugiere que inversiones son fundamentalmente las que vienen del exterior como préstamos, compra de activos locales, creación de capacidad productiva o ampliación de la existente. Implica, asimismo, que el ahorro interno, las empresas locales y el sector público, no cuentan con los recursos ni con la capacidad, para realizar las inversiones necesarias para el desarrollo del país.