Las opciones de España

Año 5. Edición número 217. Domingo 15 de julio de 2012
(TELAM).
Opinión.

La situación financiera, económica y social de España ha empeorado notoriamente. Las proyecciones del FMI muestran para 2012 una caída del -1,8% del PIB y una desocupación superior al 24% (World Economic Outlook, abril de 2012). Esta semana aceptó un paquete de medidas que implica, primero una declinación de su soberanía nacional; segundo, el pago del salvataje de los bancos mediante un cuantioso préstamo al Estado español (que se lo cobrará a su pueblo a través del tiempo por la vía del ajuste); tercero, una enorme transferencia de poder y riquezas al sector financiero y a las empresas transnacionales que adquieran los bienes a privatizar; y cuarto, el comienzo de la liquidación del Estado de Bienestar.
El acuerdo aceptado por España establece en lo económico una suba del 18 al 21% del IVA y una reducción del gasto público de 65.000 millones de euros a obtenerse en un año y medio; antes ya se habían hechos cortes por 35.000 millones, todo lo cual afectará al empleo y a los gastos sociales y empeorará la recesión.
De este modo, Europa impone y España acepta 32 condicionalidades que restringen su soberanía. Gran parte de la economía española quedó bajo la tutela de un comité de “monitoreo” integrado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y la Autoridad Bancaria Europea; además, se obligó a reformar leyes financieras; se aceptó la posibilidad de que las instituciones de crédito españolas reciban órdenes de las autoridades europeas; y se delegaron facultades del Ministerio de Economía al Banco de España. El propio primer ministro acepto la pérdida de soberanía cuando dijo: “Los españoles no podemos elegir si habrá o no sacrificios. No tenemos esa libertad” (Congreso de Diputados, 11 de julio de 2012).
A continuación trataremos de describir y evaluar los hechos ocurridos. Siguiendo una técnica teatral, pueden individualizarse un escenario, varios actores y una trama.

El escenario. El escenario, ante todo, es el de una crisis financiera provocada por préstamos especulativos e irresponsables de bancos transnacionales y nacionales a los sectores público y privado de países desarrollados. Al mismo tiempo, se trata de una crisis de diferencias de productividades entre países, que trae aparejada una competitividad inferior de los menos desarrollados, que además carecen de una moneda propia y no pueden devaluar; el ajuste lo ejecutan entonces por el desempleo, la baja de salarios, el corte del gasto público y la caída del consumo.

Los actores. Los actores son los principales agentes financieros (bancos e instituciones financieras internacionales y nacionales); los Estados nacionales, en especial el del país afectado; la Unión Europea; y las poblaciones de los países damnificados. En particular se trata de una pugna por el poder, que implica la continuidad o el quiebre de la hegemonía del sector financiero; su predominio por sobre el sector productivo es una de las características del modelo neoliberal.

La trama. Con una perspectiva histórica, estos hechos tienen por lo menos dos finales posibles. El primero consiste en salir de la zona euro, recuperar la moneda nacional, devaluar y reestructurar la deuda con una quita muy fuerte y sin las condicionalidades del FMI; pero así los bancos acreedores deberían asumir todas sus responsabilidades y muchos de sus costos. Por eso se adoptó el segundo final, que consiste en un programa de ajuste que se dirige a salvar a los bancos, que serán asistidos por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), al que las instituciones europeas le inyectarán hasta 100.000 millones de euros. El procedimiento consiste en que instituciones europeas presten a través del Frob, con la garantía del Estado español, con la condición de que apliquen un programa de ajuste.
El problema es que las crisis no se solucionan sino que se agravan con recesiones que reducen el crecimiento y los ingresos fiscales; así se entra en un círculo vicioso que lleva a la depresión.

Poder y negocios. La trama no termina en esa disyuntiva. Junto con ese planteo evidente, existe otro más disimulado. En el fondo, se trata de una lucha por el poder político y económico de los países. El sector financiero quiere captarlos en el mayor grado posible, y para ello se vale del manejo de la crisis; de paso realiza portentosos negocios.
Tres consecuencias inmediatas de los acuerdos que proponen la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI son: primero, el cumplimiento de una de las principales reivindicaciones del pensamiento reaccionario: el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Segundo, la afirmación de la hegemonía económica y política del sector financiero. Tercero, el descomunal negocio que significa apropiarse de las empresas y tierras públicas de los países deudores.

La hegemonía política del sector financiero. En el plano político existen tres vías principales por las cuales el sector financiero va tomando la dirección de los gobiernos. Primero, dictando las decisiones político-financieras, por la vía de los Bancos Centrales y el FMI. Segundo, mediante la ocupación de posiciones políticas por el sector financiero; por ejemplo, los actuales ministros de varios países europeos, vienen de altos cargos en bancos transnacionales y nacionales. Tercero, por la fijación de las agendas de los gobiernos; así, uno de los objetivos fundamentales consiste en lograr la confianza de los presuntos inversores externos.

La hegemonía económica. En el plano económico, el sector financiero utiliza el endeudamiento de los países, los programas de ajuste y las privatizaciones. El endeudamiento es el instrumento primario aplicado por los financistas no sólo para lucrar, sino también para controlar a los países deudores y a sus habitantes; la experiencia argentina es concluyente. El segundo método utilizado son los programas de ajuste, que ponen la economía y las finanzas del país deudor al servicio del pago de la deuda externa.
El tercer procedimiento son las privatizaciones, que en teoría recaudan con rapidez fondos necesarios para pagar la deuda externa y que les otorgan más ganancias y poder real a los grupos económicos y financieros internacionales. Lo más probable es que la cobranza sea mucho menor a la esperada por el apuro en la venta en un momento de recesión. En el caso griego, es interesante señalar que de los 51.000 millones de euros que se espera recaudar hasta el 2015, 7.000 millones corresponden a la venta de empresas públicas, 9.000 millones a concesiones y cesión de derechos y 35.000 millones a ventas de tierras (¿a cuántas islas le habrán echado el ojo?) (cifras del FMI, Cuarta Revisión bajo el Acuerdo Stand-by, julio 4 de 2011).

Las opciones sociales: mantenimiento o supresión del Estado de Bienestar. El Estado de Bienestar consagra el derecho que tiene toda persona a no ser excluida de la sociedad; para ello se le asigna una suma de dinero suficiente y un acceso a los servicios públicos que le permita satisfacer sus necesidades fundamentales. No se trata de asistencialismo, sino del reconocimiento del derecho a ocupar un lugar normal en la sociedad.
En su desesperación para cortar gastos, los principales países de Europa occidental discuten ahora cómo desmantelar el Estado de Bienestar. No es poco. Eso que se llamó en alguna época la cuna de la civilización, donde se originó el Siglo de las Luces que abre la modernidad, ese lugar del mundo que fue mucho más que un modelo para muchos países, hoy intenta la precarización del empleo, la privatización de bienes públicos y el desmantelamiento de la seguridad social. Lástima.

Salida de la crisis. La mayoría de la dirigencia política abdica la libertad de su pueblo y la soberanía de su nación ante el establishment financiero. Se apela a una argumentación de tipo religiosa, la redención a través del sufrimiento, lo que demuestra ceguera o complicidad ante tamaña privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas. Recuperar la autonomía política quizá sea de utilidad para salir de la crisis. Entonces se podrá reorientar la acción económica para lograr un crecimiento sostenido del producto y del empleo. Es necesaria una política expansiva de empleo y de distribución del ingreso, que genere la demanda global que requieren las inversiones, las ganancias de productividad y el crecimiento. Este es el camino que emprendió la Argentina con éxito a partir de 2003. Ojalá se enteren en España.

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